Dedicamos este número aniversario a aquellos intérpretes y agrupaciones que han surgido en los últimos años, y que día a día nutren nuestra vida musical.
En una época muy difícil para el país, en la que día a día se agudiza la crisis política y social, el campo de la cultura debe soportar la desatención de los sectores oficiales. Pero, paradójicamente, dentro de este campo se percibe una creciente demanda por parte de la población. Ante el desolador panorama cotidiano, la gente se vuelca hacia los valores espirituales y artísticos. En el mundo de la música jamás se dio una proliferación de intérpretes como en la actualidad, con la sorprendente aparición de un significativo número de talentos. Con seguridad, ellos representan uno de los capitales más valiosos con que contamos los argentinos. En su 2° aniversario,
Cantabilepasa revista al invalorable trabajo realizado por nuestros artisas.
_Los que hacen la ópera. Claudio Ratier
_La música instrumental. Daniel Varacalli Costas (colaboró Claudio Ratier)
_Las agrupaciones vocales. Ana Ottaviani
_Ballet: Los que están y los que vuelven. Patricia Casañas
_Los que hacen la óperaLas SopranosAl igual que otros músicos argentinos, los artistas líricos que sostienen el importante movimiento operístico de nuestro medio reciben frecuentes invitaciones para presentarse en el exterior. Uno de esos casos es el de
Graciela Oddone, soprano que abarca un amplio repertorio, desde el barroco temprano hasta las creaciones contemporáneas, tanto en la ópera como en el recital de cámara. Ex integrante del Coro Polifónico Nacional, comenzaba a cantar sus primeros papeles en el Teatro Colón cuando fue descubierta por René Jacobs durante su paso por Buenos Aires, en 1996. A partir de ese encuentro afortunado, su carrera se reparte entre el país y el viejo continente. Entre sus últimos trabajos para el primer coliseo merecen destacarse su creación de Clara en el estreno de
Liederkreis, de Gandini (2000), y su emotiva Euridice en
L'Orfeo, de Monteverdi, bajo la dirección de Gabriel Garrido (2001). Mientras este número de
Cantabile se encontraba en proceso de impresión, se sumó a la temporada de Juventus Lírica para asumir el papel de Parascha en
Mavra, de Stravinsky. Parte de la actividad europea de Graciela Oddone está en el estudio de grabación. Sus intervenciones en los registros de
Il primo omicidio, de Scarlatti (Abel), y
Così fan tutte (Despina), las dos bajo la dirección de Jacobs, representan aportes que testimonian su estilo sutil y sugestivo.
Cantante de medios notables,
Patricia Gutiérrez realizó una exitosa actuación como protagonista de
Madama Butterfly en la temporada 2000 del Teatro Colón. Sin lugar a dudas, ha sido la mejor intérprete de Cio-Cio-San con que ha contado esta sala en 20 años. Pero la Gutiérrez ya había acaparado la atención de los amantes de la ópera en varias oportunidades, como por ejemplo con su vibrante personificación de Donna Anna en D
on Giovanni (Teatro Roma, 1995) o como protagonista de la exhumación de
Giovanna D'Arco, de Verdi, oportunidad en la que compartió el papel con Rita Contino (Coliseo Podestá de La Plata, 1998). El Roma la convocó una vez más para ser Elvira en la producción de
Ernani que se ofrece en octubre.
Soprano lírica de bello registro, la cordobesa
Patricia González realizó junto a Juventus Lyrica, en el Teatro Avenida, tres trabajos que pusieron de relieve sus virtudes. Fue Eurídice en
Orfeo y E
urídice (1999 y 2000), Pamina en
La flauta mágica (2000) y Lïa en
L'enfant prodigue (2001). Intérprete personal e inteligente, posee un timbre vocal de especial calidez del que sabe extraer delicados matices y expresivos acentos.
El corriente ha sido un buen año para
Eliana Bayón. Sus condiciones para afrontar repertorios muy diversos quedaron felizmente confirmadas al personificar a Elvira en
I puritani (Teatro Roma), Thérese en
Los pechos de Tiresias (Teatro Avenida, Juventus Lyrica) y Ana I en
Los 7 pecados capitales (Teatro Argentino). Su voz es del tipo lírico-ligero, con un timbre muy personal y manejada con inteligencia. Pero su labor no solo se limita a lo vocal, pues sus recientes trabajos la revelaron como una actriz formidable destinada a aquellos papeles que exigen una importante composición dramática.
Pocos meses atrás,
Cecilia Layseca asumió el desafío de ser Giulietta en la producción de
I Capuleti e i Montecchi ofrecida por el Teatro Roma. Al encarar esta parte de compromiso demostró ser una soprano con excelentes condiciones, entre las que se cuentan una voz bella, inteligencia y sutil intuición. El hecho de haber sido la Giulietta belliniana en una sala chica como la de Avellaneda, le significó una oportunidad para medir sus facultades que, con el afianzamiento de la técnica, irán ganando terreno. Desde sus primeras actuaciones junto a la Orquesta Académica del Teatro Colón, pasando por recitales o diversas presentaciones con Juventus Lyrica,
Virginia Wagner ha dado signos de un importante crecimiento que es producto del trabajo hecho con seriedad. El año pasado ganó el premio de la Categoría Soprano en el Concurso Internacional María Callas (Italia) y entre sus últimas presentaciones merece destacarse su Micaela en
Carmen para la mencionada asociación (Teatro Avenida, julio 2001).
Mientras aún concurría al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón,
Virginia Tola ganó la edición 1999 del Concurso de Canto Reina Sonja de Noruega. A partir de ese momento, esta joven artista santafecina captó la atención de los medios y el público, no sólo en su tierra sino también en el país escandinavo. Allí se presenta con frecuencia, tanto en escenarios operísticos como en recitales de cámara que incluyen piezas de autores argentinos. No hay que olvidar que antes de haber triunfado en este certamen, Virginia Tola hizo su primer papel importante -Rosina, en
Il barbiere di Siviglia- para Juventus Lyrica (1999). Con criterio acertado se mueve dentro del repertorio lírico (Mimì, Micaela), hecho que favorece el fortalecimiento de un órgano vocal que evoluciona hacia el registro
lirico spinto. Este año asumió la parte de Antonia en
Los cuentos de Hoffmann, en el Colón -primer papel importante para esta sala- y para Juventus Lyrica fue Lïa en
L'enfant prodigue -compartió el papel con Patricia González- y Lauretta en
Gianni Schicchi, alternándose con María Daneri. Entre los próximos compromisos internacionales de esta soprano -favorecida por numerosas cualidades y que de inmediato captó la atención de otros países-, está el papel de Valencienne para una producción de La
viuda alegre en Los Angeles, junto a Carol Vaness y Plácido Domingo (diciembre).
En el ascendente campo de lo que se ha dado en llamar música antigua, no hay que pasar por alto a dos cantantes que en los últimos años han realizado una intensa labor, que se caracteriza por la seriedad y los buenos frutos. B
árbara Kusa y
Silvina Sadoly, sopranos activas en el campo del oratorio y el concierto de cámara, suman a su personalidad y seguridad su buen material vocal. Ambas hicieron su entrada en el mundo de la ópera durante el corriente año, con participaciones en
L'Orfeo, en el Teatro Colón, y compartiendo el papel principal en el estreno de
El robo de Proserpina, de Coppola, para Juventus Lyrica y bajo la dirección de Gabriel Garrido (Teatro Avenida, septiembre 2001).
Los mezzosLos últimos años también produjeron mezzosopranos talentosas como
Cecilia Díaz, cantante que además de realizar apariciones en escenarios internacionales, demostró con su personificación de Adalgisa en
Norma (Teatro Colón, mayo 2001) ser lo mejor de un primer elenco encabezado por June Anderson. Gracias a esta actuación, también puso en claro que pasa por un período vocal floreciente. Y esto no es novedoso, pues ya lo había demostrado en otros trabajos, como por ejemplo su asombrosa Princesa Eboli en
Don Carlo, uno de los papeles más arduos y ambicionados por las cantantes de su cuerda (Teatro Argentino, 1998). Su colega
Adriana Mastrangelo está entre las intérpretes más interesantes que han hecho su aparición últimamente. En ella se destacan la presencia vocal y escénica, y el buen instinto interpretativo, virtudes que demostró al asumir personajes de compromiso como La Madre en Il prigioniero y
Giulietta en
Los cuentos de Hoffmann (Teatro Colón, 2000 y 2001 respectivamente).
Dos mezzosopranos, apreciadas en escenarios del extranjero pero que en nuestro país encuentran oportunidades dispares, son
Virginia Correa Dupuy y
Susanna Moncayo. Tras el éxito de su Carmen en Praga a comienzos de año, Correa Dupuy regresó a esa ciudad para intervenir en una producción de
Orlando Furioso, de Vivaldi, al flanco de la contralto francesa Natalie Stutzmann (Teatro Estatal, octubre). En el medio local se la pudo apreciar últimamente como Romeo en
I Capuleti e i Montecchi (Teatro Roma) y en su excelente versión de los
Wesendonck-Lieder, de Wagner (Ciclo de la Filarmónica en el Teatro Colón, septiembre). El 4 de diciembre se presentará para asumir su parte en el estreno de
Il canto sospeso, de Luigi Nono (Teatro Colón). El repertorio de
Susanna Moncayo también abarca una importante diversidad de estilos y períodos, y aquí se la suele convocar con preferencia para el repertorio del siglo XX. En el primer coliseo intervino en los estrenos de
Lulu, de Alban Berg (1993), y
Liederkreis, de Gandini (2000), y fue Geneviéve en
Pelléas et Mélisande (1999), entre otros títulos. Demostró su especial versatilidad al aparecer como Messaggiera en
L'Orfeo (actual temporada), aunque su preparación y amplia cultura musical también la capacitan para afrontar personajes mozartianos y straussianos, facetas que el Colón debería aprovechar. Al igual que Graciela Oddone, se sumó a la temporada de Juventus Lyrica para tomar parte en
Mavra, y, caso afín al de Correa Dupuy, es una excelente cantante de cámara.
Mariana Rewerski pertenece a una generación más joven y es uno de los elementos más notables que se han revelado. Su moderna preparación tiene un importante referente en el barroco (en varias oportunidades trabajó bajo las órdenes de Gabriel Garrido e integra La petite chapelle), aunque su naciente estilo la lleva hacia el repertorio del siglo XIX. Posee notables condiciones vocales, una formación musical completa y buen instinto dramático, y no es arriesgado opinar que podrá ser una Charlotte en
Werther, o una Marguerite en
La condenación de Fausto, al igual que una refinada cantante de cámara en diferentes idiomas. Su primer personaje fue el de Eurídice en el estreno de
El descenso de Orfeo a los infiernos, de Charpentier, para Juventus Lyrica (Teatro Avenida, 2000). La asociación volvió a convocarla para asumir el papel central en
Carmen (julio 2001) y formar parte de los elencos de
El niño y los sortilegios y
Mavra (abril y octubre 2001). También se alternó con Bárbara Kusa como la Ninfa en el
Orfeo ofrecido por el Colón. Entre sus próximos compromisos destacaremos la reposición de
El descenso de Orfeo a los infiernos, para el ciclo de La Scala de San Telmo y con la dirección de Andrés Gerszenzon (Auditorio Ameghino de la Sociedad Científica, 7, 8 y 9 de diciembre) y la parte solista en el
Requiem, de Duruflé, con el Coro Polifónico Nacional y el organista Luis Caparra, bajo la dirección de Carlos López Puccio (Iglesia de Devoto, 16 de diciembre).
Los tenoresNo correspondería incluir en este dossier a los tenores argentinos que triunfan en Europa y en los Estados Unidos, pues son ampliamente conocidos por todos, pero sí destacaremos algunos de los que trabajan en el medio local.
Gustavo López Manzitti es un músico seguro y multifacético: formó un dúo junto al singular Leo Maslía, reemplazó a Daniel Rabinovich en una gira de Les Luthiers y compuso el tema musical para un programa televisivo. Tras asumir varios papeles comprimarios en el Teatro Colón se reveló como un excelente intérprete para la ópera del
primo ottocento, al encarnar a Genaro en
Lucrezia Borgia para Casa de la Ópera (Teatro Avenida, 2000). También demostró ser un excelente actor al aparecer como Macheath en
La ópera del mendigo, producida por Juventus Lyrica (id.). En la actual temporada fue nuevamente convocado por Casa de la Opera para ser Gualtiero en el estreno de
Il pirata (Teatro Margarita Xirgu), con la dirección de Susana Frangi. En diciembre se presentará en el Roma, para asumir el papel de Corrado en la reposición de
Il corsaro.
Integrante de los elencos de Juventus Lyrica,
Enrique Folger es un tenor lírico de bello y sonoro material, con condiciones como para afrontar un amplio repertorio. Su voz es ideal para los papeles mozartianos -en el Teatro Avenida cantó un personal Don Ottavio-, sin excluir que en un futuro no lejano pueda abordar los del primer romanticismo italiano. No es difícil conjeturar que sea apto para personajes como Elvino (
La sonnambula) o Edgardo (
Lucia di Lammermoor), sin descartar ciertos papeles verdianos como Alfredo (
La traviata) o El Duque (
Rigoletto). Tiene una agradable
mezzavoce pero también es capaz de adoptar un electrizante carácter heroico, como lo demostró con su Rinuccio en
Gianni Schicchi (Teatro Avenida, 2000 y 2001). Debemos mencionar otro hallazgo de Juventus Lyrica, que es
Carlos Ullán. Su voz es del tipo lírico-ligero y en la actualidad se lo tiene en cuenta para óperas de Mozart y oratorios. Con sus interpretaciones de Don Ottavio en
Don Giovanni (Teatro Avenida, 1999) y Tamino en
La flauta mágica (Teatro Avenida, 2000) demostró tener una especial sensibilidad musical y buena prestancia sobre el escenario. Folger y Ullán compartirán este último personaje en el mes de noviembre (Teatro Avenida, Juventus Lyrica).
Barítonos y bajosIntérprete con una vasta cultura musical y una refinada sensibilidad, que le permite transitar la ópera, la canción de cámara y el oratorio con muy buenos resultados, el barítono
Víctor Torres atraviesa el que acaso sea su mejor momento. Su voz sonora y de temperamento lírico, acompañada por una técnica segura y un admirable dominio de las situaciones, son algunos de los atributos de este artista completo. En cada caso, los compromisos que asume llegan a buen puerto. La interpretación del Orfeo monteverdiano que en la actual temporada ofreció en el Colón -personaje que ya había cantado en Europa y llevado al disco-, fue consagratoria y será recordada por siempre.
Marcelo Lombardero es un cantante multifacético, que al día de hoy figura entre los elementos más seguros y valiosos con los que cuenta el primer coliseo para conformar sus elencos (es una lástima que el teatro no trate a sus artistas como estos se merecen, y que durante la temporada se produzcan situaciones tensas que ponen en juego la continuidad de los espectáculos). En varias oportunidades asumió personajes característicos de una manera admirable, pero más de una vez demostró sus cualidades para asumir primeros papeles. Por ejemplo, en temporadas del Roma se lo escuchó como Papageno o Don Giovanni. Pero cuando hacia fines de la temporada 2001 asumió el papel principal en
Il prigioniero, en el Colón, dio pruebas de haber entrado en una muy buena etapa de madurez. Lombardero se dedica también a la régie, disciplina en la cual realiza experiencias muy positivas desde hace algunos años. Su último trabajo en este campo fue para
Aventuras y nuevas aventuras, de Ligeti (sala del CETC, junio 2001).
Otro artista que en los últimos tiempos ha dado indicios de un buen crecimiento es
Leonardo López Linares. Especializado en zarzuela y en repertorio italiano, es un cantante seguro y de timbre agradable, con numerosas actuaciones en escenarios como el Roma y la anterior sede del Argentino de La Plata. Merecen destacarse su labor como Posa en
Don Carlo (ambos teatros, 1998), y el hecho de que en julio último se haya presentado en Milán para asumir el papel protagónico de la ópera
Nabucco (Castello Sforzesco), y en Lago di Como para ser Germont en
La traviata.
En sus intervenciones para los espectáculos organizados por la Fundación Música de Cámara y por Juventus Lyrica,
Sebastián Sorarrain manifestó ser un elemento valioso. Es un barítono lírico de agradable voz y segura musicalidad, con excelentes condiciones no sólo para la ópera sino también para ser un muy buen liederista.
Los bajos siempre escasearon, y bajos que además de tener material sepan cantar, aún más. Sin embargo, afortunadamente, el medio musical puede enorgullecerse por la aparición de dos elementos pertenecientes a esta cuerda, con las condiciones suficientes como para desarrollar muy buenas carreras.
Alejandro Di Nardo capta la atención por el color oscuro y la sonoridad de su voz, y por su buen gusto en materia de canto. Muy bien formado técnica y musicalmente, integra agrupaciones como el Estudio Coral de Buenos Aires, el Coro Polifónico Nacional o el Ensamble Vocal Extramuros. En las producciones de Juventus Lyrica se lo escuchó en partes muy diferentes como Sarastro (
La flauta mágica), Simone (
Gianni Schicchi) o Zuñiga (
Carmen), trabajos en los que demostró ductilidad y muy buenas dotes escénicas. Por sus características se puede especular con que de aquí a unos años tengamos en él un bajo del tipo nobile, capaz de responder a las difíciles exigencias del repertorio verdiano. El hecho de que el Teatro Roma le haya confiado la parte de Silva en
Ernani, en octubre, representa un buen comienzo. Al igual que el anterior,
Carlos Esquivel no da lugar a la más mínima duda acerca de su registro. Por su juventud, sorprende lo bien definidos que se encuentran sus medios vocales, con una extensión que le permite llegar a las notas por debajo del pentagrama con muy buenos resultados. Su voz es timbrada y pareja, de atractivo color, y sus apariciones en recitales o como parte de los elencos de Juventus Lyrica, han puesto en claro que también se trata de un elemento destinado a cubrir partes de compromiso.
ContratenoresSi la Argentina desde hace décadas produce intérpretes dedicados al repertorio de la antigüedad, no debe pasarse por alto la cuerda de contratenor. Por el especial estudio que requieren los repertorios del Renacimiento y del Barroco, este tipo de cantantes se caracteriza por un seguro y minucioso ejercicio en el dominio de los estilos. Tal es el caso de
Fabián Schoffrin, integrante de las filas de Gabriel Garrido y que meses atrás llevó al disco la parte de Ottone en
L'incoronazione di Poppea, bajo las órdenes de este director.
En septiembre último se presentó en Buenos Aires la agrupación Musica Fiorita, de Basilea, entre cuyos miembros hay dos argentinos. Ellos son la tiorbista Dolores Costoyas y el contratenor
Martín Oro. Además de tener una amplia formación musical -años atrás y antes de convertirse en cantante ejecutaba la viola-, Oro suma a su seguridad técnica un hondo y elegante estilo en el decir, cualidades que se ven reforzadas por una grata belleza de timbre. Sin dudas, es un intérprete que puede llegar a ocupar un puesto eminente a nivel internacional, no solo en el ámbito del concierto sino también en el de la ópera.
Las asociaciones líricasDurante los últimos años de los '90, el medio musical vio aparecer tres asociaciones que hicieron posible la creación de otros espacios para la ópera, más allá del Teatro Colón. Este hecho ha sido de suma importancia, tanto para los artistas como para un público que demandaba nuevos escenarios.
Juventus Lyrica ha logrado una gran inserción en el medio y tiene su sede en el Teatro Avenida. Sus responsables principales son la régisseur Ana D'Anna, a cargo de la dirección artística, y Horacio Oyhanarte, su actual presidente. Gracias a esta iniciativa sin precedentes, una generación de cantantes jóvenes ha logrado tener un sentido de pertenencia y que sus expectativas no se vieran frustradas por la falta de oportunidades. Todo comenzó en 1999, con una producción de
Don Giovanni. A lo largo de estos tres años se presentaron otros títulos, como
Orfeo y Euridice,
Il barbiere di Siviglia,
La ópera del mendigo,
La flauta mágica,
Gianni Schicchi,
El descenso de Orfeo a los infiernos,
El hijo pródigo,
El niño y los sortilegios,
Los pechos de Tiresias,
El robo de Proserpina o
Carmen -con un extraordinario éxito de público-, por sólo nombrar algunos. Entre los cantantes que forman los elencos de Juventus Lyrica, muchos de los cuales ya han sido objeto de comentarios líneas arriba, hay que nombrar, entre otros, a Marcela Centenaro, Gabriel Centeno, Juanjo Cura, María Daneri, Mario De Salvo, Lucas Debevec, Alejandro Di Nardo, Patricia Douce, Carlos Esquivel, Enrique Folger, Patricia González, Ricardo González Dorrego, Cecilia Layseca, Lara Mauro, Isabel Minguez, Armando Noguera, Pablo Pollitzer, Mariana Rewerski, Eleonora Sancho, Sebastián Sorarrain, Mariano Spagnuolo, Virginia Tola, Mirko Tomas, Celina Torres, Carlos Ullán y Virginia Wagner. Es importante resaltar que en los elencos que asumen un mismo título no se sigue un orden jerárquico, pues en la compañía existe un verdadero concepto de igualdad entre sus integrantes; lo único que ocupa un lugar central, es la obra que se encara. Además de los trabajos concebidos por la directora artística, se ha contado con la colaboración de régisseurs como Sergio Pelacani, Florencia Sanguinetti, Alejandro Ullúa y Willy Landin. Entre los directores musicales, junto al maestro Antonio Russo, mentor musical de esta joven asociación, actuaron Susana Frangi, Andrés Gerszenzon, Emiliano Greizerstein y el consagrado Gabriel Garrido, sin olvidar a Miguel Pesce, responsable del coro estable. A partir del 15 de noviembre se repondrá La flauta mágica, el gran éxito de la temporada 2000.
Al crear
Casa de la Ópera en 1997, la conocida soprano Adelaida Negri (foto) decidió poner todo su empuje y experiencia para ofrecer aquellos títulos del primer romanticismo italiano -algunos en carácter de estreno o exhumación- que siempre han sido su especialidad. Ella participa en los elencos, que han reunido exclusivamente a artistas argentinos como los cantantes Virginia Correa Dupuy, María Luján Mirabelli, Gustavo López Manzitti, Gerardo Marandino, Carlos Duarte, Enrique Gibert Mella, Leonardo López Linares, Ariel Cazes o Ricardo Yost; los régisseurs Eduardo Casullo, Flavio Trevisan o Daniel Veneri, y los directores Horacio Rogner, Mario Mainaric y Susana Frangi. El título inaugural fue
Norma, de Bellini, en versión de concierto (Teatro Avenida, 1998). Entre lo que se ofreció a partir de ese momento, siempre en versión escénica, se destacan
Roberto Devereux y
Lucrezia Borgia, de Donizetti,
La straniera, de Bellini (Teatro Avenida, 2000), e
Il pirata, del mismo compositor. Esta última, en calidad de estreno, tuvo lugar el corriente año en el Margarita Xirgu, escenario en el que también se ofreció
Suor Angelica, segunda obra del tríptico pucciniano. Con la inclusión de este título, la asociación ha manifestado una tendencia a ampliar su repertorio. El sábado 10 de noviembre a las 18.00 se le rendirá un homenaje a Giuseppe Verdi en el centenario de su fallecimiento, con la presentación de Eleonora Noga Alberti (soprano), Alfredo Corral (piano) y Mónica Fucci (contrafagot). Se ofrecerán canciones de cámara y piezas instrumentales, como la Paráfrasis sobre temas de
Rigoletto, de Franz Liszt (Teatro Margarita Xirgu). Cabe destacar que en su sede ubicada en Manuel Samperio 969, en pleno barrio de Barracas, Casa de la Ópera ofrece en días lunes óperas acompañadas al piano, a cargo de jóvenes cantantes.
Creada por iniciativa del régisseur Eduardo Casullo, la
Ópera del Buen Ayre se caracteriza por buscar experiencias diferentes. Así lo demostró con su escenificación del
Requiem de Mozart (
Escenas para un Requiem), que en 1998 ofreció en Cemento. La original concepción, ambientada en la actualidad y con un adolescente de la calle como protagonista, motivó una favorable afluencia y aceptación por parte del público. Con la meta de apoyar la creación nacional, los días 9, 10 y 16 de noviembre estrenará una ópera argentina en el Margarita Xirgu:
Camila, de Rolando Mañanes, con la dirección de Ricardo Barrera. Se puede adelantar que para el próximo año se está trabajando para ofrecer los estrenos de
Irupé, de Casella, y
La espera, de Ratenbach, además de una verdadera curiosidad:
Tosca en castellano (versión de Casa Ricordi, año 1917).
No debe pasarse por alto al
Teatro Roma, de la localidad de Avellaneda. Bajo la dirección de Federico Guerrero, subsecretario de cultura de la localidad bonaerense, y Mario de Rose, responsable del área musical, pasa por un sostenido período de reactivación. Se les brinda buenas posibilidades a los artistas locales, con la programación de títulos poco transitados de autores conocidos. Durante el corriente año se ofrecieron
I puritani e I Capuleti e i Montecchi, de Bellini, y
Alzira y
Ernani, de Verdi. De este último resta la reposición de
Il corsaro (diciembre).
_La música instrumental Daniel Varacalli Costas (colaboró Claudio Ratier)
A continuación,
Cantabile pasa revista a los intérpretes de música instrumental -ya sean individuos o agrupaciones- que se destacaron en esta temporada por sus intervenciones, proyectos o aportes a la vida musical de nuestro país. Son muchos los jóvenes talentos que ya están dando frutos duraderos y que merecen ser señalados como símbolos de esperanza.
InstrumentistasSin duda el mejor organista argentino de su generación,
Luis Caparra realizó en el año 2000 una proeza: ejecutar toda la obra que Bach compuso para su instrumento, como parte de los homenajes rendidos en ocasión de los 250 años de su fallecimiento. Compenetrado con el estilo del autor alemán, demostró sus dotes: segura digitación, sonido amplio y potente, que se suman a su probada ductilidad en otros estilos como el de la escuela francesa -se lo oyó este año en Franck en el magnífico órgano del Santísimo Sacramento- y el propio, ya que también es compositor.
Con sólo dieciséis años,
Horacio Lavandera se ha convertido, junto a Iván Rutkauskas, en uno de los pianistas argentinos más jóvenes en prometer una carrera de virtuoso internacional. Su seguridad y sentido musical impactan al oyente. Este año se lo escuchó en el Colón, para el ciclo de Festivales Musicales, en el
Concierto No. 21 de Mozart junto a la Orquesta Mozarteum de Salzburgo. Sus bises -Ginastera y Prokofiev- dejaron al director mirándolo con asombro desde el podio. Luego en el Banco Nación, y antes en Ars Nobilis, mostró su dominio de un repertorio que incluye desde Bach, Beethoven y Chopin hasta Prokofiev, Boulez y Ginastera. Por el momento, Lavandera no sabe de mesuras ni de especulaciones: por eso su "decir" musical es tan inmediato y cautivante. Con el tiempo ganará en madurez, pero sería bueno que no abandone nunca sus rasgos personales, ya que la personalidad es justamente una de las grandes carencias de los músicos y las orquestas en la actualidad.
Otra pianista argentina joven, con innatas virtudes para el repertorio romántico,
Ingrid Fliter ha tenido la oportunidad -infrecuente para un solista argentino- de presentarse dos veces en una misma temporada en el escenario del Colón... y la aprovechó muy bien. Festivales Musicales, en coproducción con el primer coliseo, le ofreció un espacio para un recital en un programa en el que predominó Chopin, un autor también predilecto de otro argentino consagrado: Nelson Goerner. Pero el Chopin de la Fliter es extravertido, espontáneo y situado en la más auténtica tradición expresiva del músico polaco; así lo confirmó junto a la Filarmónica de Buenos Aires con el segundo concierto de este autor, que prodigó con un enfoque a un mismo tiempo sensible y temperamental.
Muchos son los intérpretes producidos por la Argentina en el campo de la interpretación de la música barroca con instrumentos originales. La mayoría está desperdigada por Europa -en las ciudades suizas de Ginebra y Basilea existen verdaderas "colonias"- y aquí nos ocuparemos de dos de los más relevantes, que reparten su actividad entre su país y el viejo continente. El cordobés
Manfredo Kraemer es uno de los más solicitados intérpretes de violín barroco en la actualidad. Lo distingue su expresivo estilo, de sonido atractivo, seguridad y afinación precisa. Formó parte de Musica Antiqua Köln y constantemente es convocado por el catalán Jordi Savall. Fundó su propia agrupación, The rare fruits council, junto a la que realizó grabaciones dedicadas a obras de Heinrich I. F. von Biber, y a las Seis sonatas en trío de Johann S. Bach, en versión para conjunto instrumental. El violagambista
Juan Manuel Quintana comenzó con la música "de grande" (a los 14 años) y, en relativamente poco tiempo, gracias a su innata sabiduría musical se convirtió en uno de los principales ejecutantes de su instrumento en la actualidad. Hábil explorador de la riqueza tímbrica de la viola da gamba, posee una soltura en el fraseo que representa uno de los rasgos distintivos de su fuerte personalidad. Trabaja bajo la dirección de personalidades como Jordi Savall, Marc Minkovski, Christophe Rousset y René Jacobs, y ya ha presentado dos CDs solistas: el primero con suites de Marin Marais y el segundo con las Sonatas para viola da gamba y harpicordio de Bach, junto a la joven intérprete francesa Céline Frisch. Hacia fines de año aparecerá un tercer CD con obras de Buxtehude, realizado junto a Manfredo Kraemer. Últimamente ha abordado la dirección con excelentes resultados, al frente de Les musiciens du Louvre, con motivo de una gira asiática, y con un programa dedicado a Haendel en el Salón de Mármol del Banco Nación, con Graciela Oddone y Víctor Torres en las partes solistas.
DirectoresSi bien lo que se acostumbra a llamar "ópera tradicional" es algo muy transitado, no es común encontrarse con batutas convincentes. Por esta razón,
Carlos Vieu es un director que se aparta de lo habitual, hecho que se demostró más de una vez. Entre otros trabajos, en 1998 fue el responsable de la dirección de
Don Carlo en la vieja sede del Teatro Argentino, obra que para un director que se especializa en ópera italiana representa un desafío, y que en su caso fue asumido con muy buenos resultados. Es seguro, claro en sus ideas y muy buen acompañante. Pero también se dedica al repertorio sinfónico y un hecho alentador, que le permite estar en constante actividad, es haber asumido la titularidad de la Sinfónica de Mar del Plata en 1998. Al frente de esta agrupación introdujo autores poco frecuentados en esa ciudad, como por ejemplo Anton Bruckner. En agosto último tuvo a su cargo la dirección de
I Capuleti e i Montecchi en el Roma, y próximamente se presentará al frente de la Sinfónica Nacional (Facultad de Derecho, viernes 9 de noviembre).
Alumno de Mario Benzecry, conocido por su tarea con la Orquesta Libertador San Martín y en el Centro de Experimentación del Teatro Colón,
Emiliano Greizerstein, nacido en 1972, también hizo su
cursus honorum en la dirección operística, de la que este año nos ofreció, en el ciclo de Juventus Lyrica, la infrecuente
Mavra, de Stravinski, sumada a un título que le valió un gran éxito la temporada pasada:
Gianni Schicchi, de Puccini. Artista polivalente, puede encarar obras recién compuestas, como las que ofrece con el conjunto Ensambles XXI, o concertar un clásico del repertorio lírico con igual vocación.
Apreciada maestra interna del Teatro Colón, donde desarrolla una intensa tarea en la preparación de las óperas de la temporada, y acompañante predilecta de muchos cantantes líricos en recitales,
Susana Frangi cambió el teclado por la batuta y rompió una vez más con el prejuicio que impone la masculinidad en el podio. Desde ese lugar dirigió la orquesta que acompañó las representaciones de
Los pechos de Tiresias, de Poulenc, para el ciclo de Juventus Lyrica en el Teatro Avenida, que contó con una imaginativa puesta de Willy Landin. Pero su mérito no se agota en el excelente rendimiento que logró de los músicos, sino en haber propuesto el demoradísimo estreno en Buenos Aires de este título. Frangi también atesora en su haber otros estrenos: el de
La púrpura de la rosa, de Torrejón y Velazco, la ignota
Dafne, de Marco da Gagliano, e
Il pirata, de Bellini.
A fuerza de garra,
Javier Logioia Orbe ha logrado hacerse un espacio permanente en la dirección orquestal de nuestro país, lo que parece desmentir que "nadie es profeta en su tierra". Claro que también dirige con frecuencia en Estados Unidos y otras salas de América latina, pero tras su experiencia como director residente y luego musical de la Filarmónica de Buenos Aires, le fue dado trabajar ya por segundo año al frente de la orquesta del flamante Argentino de La Plata, de cuyo remozado sonido es responsable junto con el experimentado Stefan Lano. Ahora también abocado a la ópera, dirigió en esa sala
Tosca y el estreno argentino de
Stiffelio, de Verdi, siempre con gesto preciso y enérgico e indicando la entrada de cada cantante con una exactitud poco usual.
Asistente musical en el área "luces" en los espectáculos líricos del Teatro Colón, y muy buen pianista acompañante,
Andrés Juncos se reveló en julio último como director con
Los 7 pecados capitales, de Weill y Brecht (Teatro Argentino). Fue su primer trabajo al frente de una orquesta -hasta ese momento solo había dirigido agrupaciones de pocos miembros- y el buen resultado hace esperar que le lleguen nuevas oportunidades. Es un músico joven y talentoso con muy buen potencial para desarrollar. Por lo pronto, se hará cargo de la reposición de Il corsaro en el Roma (diciembre).
Conjuntos de cámaraFormado en 1999, el
Cuarteto de la Universidad Católica Argentina es en rigor un cuarteto con piano. Lo integran Matías Grande en violín, Elizabeth Ridolfi en viola, Pablo Bercellini en violoncello y Antonio Formaro en el teclado. El apoyo institucional con que cuenta no es un dato menor, ya que éste le permitió, entre otros logros, presentarse en la Expo 2000 de Hanover, en una experiencia altamente movilizadora que se continuó este año a través de una gira europea con clases magistrales a cargo de importantes maestros como Raphael Wallfisch y Pascal Devoyon, y en centros académicos de primer nivel como la célebre Academia Chigiana de Siena. Para esta última gira contó asimismo con el auspicio de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería. La tarea del Cuarteto UCA ya se encuentra documentada en un compacto, que registra su presentación en los Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino, en sendos cuartetos de Mozart y Mendelssohn. Con buen ensamble y seguras perspectivas de crecimiento, el Cuarteto se presentó este año en el Festival Beethoven de Ars Nobilis, con obras poco frecuentes como un cuarteto sin número de Opus. Está comprometida su participación en temporadas venideras para la realización del ciclo integral de cuartetos con piano de este autor.
Capeando por tercer año las dificultades económicas, tras la desaparición de la entidad que la sustentaba, la
Orquesta de Cámara Mayo ha logrado hacerse un espacio permanente en el Centro Cultural Borges, donde además ha inaugurado una sala de ensayos bautizada con el nombre de Ljerko Spiller. Este año ha tocado en el interior (se la vio por televisión en el marco del sugerente paisaje mendocino) y en su "hogar" de Viamonte y San Martín, bajo la guía del violinista Luis Roggero. Sus programas incluyen siempre una obra del siglo XX, en la que los músicos logran especial hondura, como lo han demostrado con el estreno de la
Suite Capriol, de Warlock, o su introspectivo abordaje de la
Sinfonía de cámara No. 8, basada en el
Cuarteto Op. 110 de Shostakovich.
Patricia Da Dalt en flauta, Guillermo Sánchez en clarinete, Elías Gurevich en violín, Jorge Pérez Tedesco en violoncello y Haydée Schvartz en piano integran el
Quinteto del Centro de Estudios Avanzados en Música Contemporánea (CEAMC). Desde su debut en 1997 en el British Arts Centre, este grupo ha trabajado determinadas obras en profundidad, con el logro de interpretaciones paradigmáticas. Tal es el caso de la
Sinfonía de Cámara No. 1, de Schoenberg -transcripta por Webern para quinteto, ofrecida en ámbitos como el San Martín o el Colón, que deja la sensación de un fluir ininterrumpido, de una aguafuerte de formidables claroscuros. Lo mismo puede decirse de su abordaje del
Cuarteto para el fin de los tiempos, con los meditativos solos de clarinete de Sánchez. El repertorio de esta agrupación se completa con obras de autores contemporáneos, argentinos y extranjeros, siempre con la finalidad de mostrar los contrastes que integran el mosaico creativo del siglo pasado y del actual.
El
Trío Argentino, formado por Elías Gurevich, Fernando Pérez y Jorge Pérez Tedesco, es ya un clásico entre los grupos de cámara nacionales. La continuidad, a lo largo de sus seis años de existencia, ha asegurado un progreso sostenido y un repertorio amplio para un grupo que este año ha recuperado un ámbito que le resulta especialmente propicio, como es el Salón Dorado de la Casa de la Cultura. Allí desarrolló un ciclo que abarcó de Mendelssohn a Shostakovich, y que pasó por los grandes exponentes del género de trío para piano y cuerdas: Brahms, Beethoven, Rachmaninov y alguna perla como el
Trío de Eben, de 1986. Paralelamente a este ciclo, se presentará en el Auditorio de Banco Nación a lo largo de tres jornadas de noviembre, para interpretar el ciclo integral de los tríos de Beethoven. Un año ajetreado, que también incluyó la grabación de un disco de presentación que incluye dos obras espacialmente trabajadas por el conjunto: las
Cuatro estaciones porteñas, de Piazzolla, y el
Trío "Dumky", de Dvorák.
Orquestas juveniles Uno de los hechos más positivos de los últimos tiempos, fue la creación de la
Orquesta Académica del Teatro Colón en 1995. La iniciativa se debe a su titular, Oscar Piluso, y entre sus instructores permanentes cuenta con las experimentadas batutas de Guillermo Scarabino y Bruno D'Astoli, además de reconocidos instrumentistas para cada sección. Se trata de una orquesta escuela cuyos miembros egresan con la suficiente preparación como para encarar carreras profesionales. En el ámbito del Teatro Colón ofrece conciertos didácticos destinados al público más joven y, fuera de este, tiene en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho una suerte de sede permanente, con acceso gratuito para el público. Producto de un intercambio, el año pasado realizó su primera gira internacional por ciudades del Reino Unido, la cual se solventó gracias a los aportes privados. Un rasgo digno de destacar es el compromiso y entusiasmo que sus miembros manifiestan en cada actuación. La Académica, que realiza sus pruebas totales cada dos años, también posee agrupaciones de cámara que se presentan en colegios.
Creada en 1997 por iniciativa de la rectora de la casa de estudios que le da su nombre,
la Orquesta Juvenil de la Universidad Nacional de Lanús viene definiendo saludablemente su perfil vinculado con la música argentina y de Buenos Aires, con la inclusión de obras de nuevos creadores, sin dejar por ello de lado las partituras centrales de su repertorio. Su nivel ha ascendido desde su creación de la mano de su director, Daniel Bozzani -también compositor- y de su actual concertino, María Sol Nardozza, formada en la Orquesta Libertador San Martín. Ya cuenta en su haber un compacto grabado en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura, en el que el mismo Bozzani da a conocer una de sus obras mientras acompaña al bandoneonista Daniel Binelli. Entre los logros importantes de este año se cuenta un concierto en la Facultad de Derecho, en el que Susanna Moncayo cantó las
Canciones de un caminante, de Mahler.
La
Orquesta Juvenil Libertador General San Martín es la primera orquesta de su tipo privada de la Argentina, tras la lamentable disolución de la agrupación de Radio Nacional a principios de los '90. Su mentor es el maestro Mario Benzecry, quien con ironía siempre destaca: "Tengan en cuenta que es una orquesta privada... ¡privada de todo!" Pero el correr de los años -se creó en 1994- consolidó su convocatoria a jóvenes instrumentistas y se convirtió en semillero de músicos y directores de orquesta profesionales. Con referencia a esto, Benzecry comenta: "Es la única orquesta que da oportunidad de dirigir a batutas que recién comienzan, y los acompaña en su formación. Por ejemplo, este año la dirigió Andrés Tolcachir, quien se encuentra estudiando con una beca en Bloomington, Indiana." Su sede habitual es el Salón de Actos de la Facultad de Derecho, donde se anima con las grandes obras del repertorio sinfónico. A fin de año cerrará su ciclo con una gran obra coral.
Un movimiento que difunde la música nacionalEn 1999 la pianista Estela Telerman y el director Lucio Bruno Videla dieron inicio a un movimiento musical bajo el título de
Grupo Drangosch, en coincidencia con el 75º aniversario del precoz fallecimiento de este compositor argentino, responsable, entre otros logros, de la primera interpretación integral de las 32 Sonatas para piano de Beethoven en Buenos Aires. La institución que les da marco es el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA), de cuyo conservatorio han egresado varios de los músicos que participan de las presentaciones de este grupo, al que se suman investigadores y músicos en general. El objetivo, que hubiera entusiasmado a su mentor, no es otro que la difusión de la música argentina, en una tarea que incluye la investigación y la documentación a través de grabaciones. 2000 fue para este movimiento un año de consolidación, durante el cual se interpretó la obra para piano y de cámara del mismo Drangosch. Superado este homenaje liminar, este año el grupo creció en cuanto a la amplitud de su propuesta, y se logró que la Orquesta de la Universidad de Tucumán estrenara obras de Enrique Casella, además de tributar homenajes musicales a autores como Giacobbe, De Rogatis, Lasala, Zorzi y Guastavino, entre otros. También se presentaron obras de García Mansilla, Paz y Williams, y se propició un acercamiento con el tango a través de un recital y grabaciones.
_Las agrupaciones vocalesToda actividad humana se desarrolla dentro de un espacio dinámico, motor y ámbito de nuevas inquietudes. Los coros agrupan capacidades individuales con intereses comunes que se encaminan hacia un objetivo único, y que tienen el fin de llevar adelante un repertorio que se enmarca dentro de una estética determinada por su director. La integración e interacción de los cantantes dentro de cada grupo y la creciente necesidad, surgida hace varios años y en todo el mundo, de llevar adelante proyectos que por sus propias características no pueden cristalizarse dentro de grupos numerosos, llevó a algunos a dedicar gran parte de su talento, saber y pasión, a la formación de grupos vocales de distintas características. Podemos recordar, por nombrar solo dos de los más conocidos, a Les Luthiers y a Opus 4, cuyos integrantes formaban parte de coros universitarios que tanto empuje y difusión dieron a la vida coral entre 1948 y 1966. En lo que se refiere al momento actual, destacaremos a cuatro agrupaciones. Las hemos seleccionado por su trabajo, responsable y dedicado, su nivel técnico e interpretativo y el amor puesto en su tarea. Hay que resaltar que trabajan en forma independiente, pues, hecho lamentable, cuentan con el apoyo necesario para llevar adelante sus proyectos en muy contadas ocasiones.
Desde su creación en 1995, el
Grupo Vocal Coneius se ha especializado en la música del Renacimiento, aunque más tarde amplió su repertorio con la inclusión de obras que van desde el Clasicismo hasta el siglo XX. Este grupo, que toma en conjunto las decisiones musicales, está formado por jóvenes cantantes y directores de coro: Milagros Seijó, Julieta Navarro, Rosana Bravo, Alicia Cabrio, Ricardo González Dorrego, Pablo Piccinni, Pablo Demaría y Martín Caltabiano. Se ha presentado dentro del Ciclo Música y Oración del Arzobispado de Buenos Aires y de la Ciudad de La Plata, organizado por Mons. Héctor Aguer, y estrenó en Argentina Missa pro defunctis a seis voces de Tomás Luis de Victoria (1998) y Lagrimae di San Pietro a siete voces de Orlando di Lasso (2001). Este grupo, cuyo nivel musical ha sido destacado por importantes músicos y por los premios recibidos, está preparando para 2002 la comedia madrigalesca La caccia, de Alessandro Striggio, y la edición de su segundo disco compacto.
El
Ensamble Vocal Extramuros es un grupo de ocho voces masculinas dedicado a la interpretación de obras propias y a fomentar la composición y arreglos de material para esta formación. Desde sus inicios en 1999 está constituido por cantantes profesionales, directores de coro e instrumentistas de amplia formación en la música de cámara: Maico Hisao, Gustavo Marega, Miguel Moreso, Javier Pautasso, Pablo Grinjot, Joris Callebaut, Alejandro Di Nardo y Ricardo González Dorrego. Este último es su creador y tiene a su cargo la selección del repertorio y la preparación musical del grupo. En 1999 hizo su debut con la interpretación de
Cuatro pequeñas plegarias de San Francisco de Asís, de Francis Poulenc. Próximamente interpretará un programa sacro integrado por obras de Gallus, Palestrina, Caplet y Poulenc dentro del Ciclo Música y Oración.
La petite chapelle es un grupo vocal femenino que se dedica especialmente al estudio de la interpretación de la música barroca francesa -sus integrantes tienen una amplia formación en el tema- y a la presentación de ese material en primera audición en Argentina. Está integrado por Silvina Sadoly, Selene Lara, Ana Moraitis, Mariana Rewerski, Vanesa Mautner y Beatriz Moruja, quien se ocupa de la dirección y selección del material musical. Federico Ciancio completa la formación y tiene a su cargo el órgano y la realización del bajo continuo. Ha interpretado Airs de cour, de Michel Lambert, Motetes, de Jean-Baptiste Lully y François Couperin, y, para el Ciclo Música y Oración, Motetes, de Gabriel Nivers y Nicolás Clérambault (ambos organistas y maestros de música de la Maison Royale de Saint Louis à Saint Cyr, escuela religiosa para mujeres creada por Luis XIV).
Dirigido por Ramiro Albino, el
Ensamble de Música Antigua tiene como objetivos la interpretación de obras preclásicas y la especialización en este período. Su primer concierto, "Dualismo Medieval", incluyó polifonía, canto llano y danzas del fin de la Edad Media. También ha estrenado en Argentina el Cancionero de Bernardo de Havestadt, integrado por diecinueve canciones en lengua mapudungún del sur de Chile. El grupo formado por Cecilia Pahl, Clementina Pacheco, Elisa Atencio, Luciana Milione, Sol Crespo y Lisandro Nesis completará la actividad de este año en diciembre, con un programa titulado "Navidad Medieval".
_Ballet: los que están y los que vuelvenDentro del acotado horizonte del Ballet Estable del Teatro Colón -el calificativo involucra a la política imperante y no a los artistas-, hay figuras cuya constante superación merece ser destacada. A los ya consagrados Silvina Perillo, Karina Olmedo y Alejandro Parente, que desde hace tiempo asumen con solvencia y profesionalismo papeles principales, se suman otros nombres.
El caso de
Gabriela Alberti es ejemplar. Cuando era bailarina de fila, el entonces director del Ballet, Ricardo Bustamante, le otorgó el papel de su debut: Odette en
El lago de los cisnes. Esto se produjo en 1999, junto a Igor Zelenski. A partir de ese momento consagratorio se reveló como una bailarina de rasgos elegantes y delicada musicalidad, ideal para encarnar personajes líricos y espirituales. Como muchos de sus pares, Alberti mantiene aún su rango de bailarina de fila, aunque definitivamente ya no lo sea.
Maricel De Mitri une a su delicado estilo una firme personalidad que la hace sentirse cómoda tanto en los clásicos como
El cascanueces (uno de sus mayores éxitos) o
El lago de los cisnes, las paradigmáticas
Giselle y
La sylphide, o en obras contemporáneas como
Adagietto (Araiz) o
Notre Dame de Paris (Petit).
De las filas masculinas del Ballet del Colón, insólitamente vacías de primeros bailarines con nombramiento, surgen elementos que nos hacen reclamar, una vez más, el urgente cumplimiento de lo que de hecho sucede desde hace años: bailarines del cuerpo de baile que asumen adecuadamente papeles de solistas. Tal es la situación de
Leonardo Reale, de brillante técnica y particular expresividad, cuya corta carrera le permite exhibir logradas actuaciones como el vendedor de esclavos en
El corsario y Colas en
La fille mal gardée. Otro tanto ocurre con
Edgardo Trabalón, joven y flamante Don José en
Carmen (actual temporada), y de rutilante actuación como el protagonista de
El corsario, oportunidad en la que compartió su papel con Evgueni Ivanchenko, estrella del Ballet Kirov. Poseedor de todas las cualidades del bailarín de carácter, tan difíciles de reunir en un artista joven,
Vagran Ambartsoumián revela su preocupación por no descuidar el aspecto técnico, hecho que le ha permitido encarnar al enfermizo maestro de danza en La lección, o realizar una estupenda creación del personaje de Quasimodo en
Notre Dame de Paris (2000).
No dudamos que todas estas promisorias figuras puedan hacer posible la recuperación del Ballet Estable. Pero para esto necesitan imperiosamente el acompañamiento de las autoridades del Teatro, no sólo en brindarles la posibilidad de una mayor cantidad de funciones, sino también mediante la incorporación de maestros que sean capaces de volcar toda su experiencia en beneficio de las nuevas generaciones, tanto extranjeros como aquellos que, en calidad de bailarines, forjaron la época de oro de la compañía. Esto, sumada una urgente renovación del repertorio, inyectará nueva vida al Ballet Estable y evitará la fuga de talentos, hecho que desde hace tiempo observamos pasivamente.
Sin apartarnos de los cuerpos estatales, el
Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín da la impresión de ser como un oasis. La compañía dirigida por Mauricio Wainrot ya fue objeto de análisis en las páginas de
Cantabile, y sin desmedro de su homogeneidad -una de sus principales características- podemos destacar dentro de sus integrantes a
Francisco Lorenzo y a
Elizabeth Rodríguez. La versatilidad del primero proviene de una cuidada formación profesional, que además de la técnica clásica no ha desdeñado la danza española, el tango, el folklore y el jazz. Poseedor de una intensa máscara actoral, su actuación como Kowalski en
Un tranvía llamado Deseo (1999) es inolvidable. Por otro lado, la vecina orilla del Uruguay nos ha provisto del talento y la delicada presencia de
Elizabeth Rodríguez, antes miembro del Ballet del SODRE y cuya aparición en el escenario del San Martín, desde 1987, nunca pasa desapercibida.
Hablábamos líneas arriba de la necesidad de conservar a nuestros artistas en el país. Muchos de los bailarines que han armado sus valijas en busca de mejores horizontes, triunfan en sus lugares de destino pero regresan a la Argentina, ya sea para actuar en forma individual o junto a sus propias compañías. Es menester destacar la convicción de que se necesitan abrir nuevas sendas para evitar el éxodo. Tal es el caso de
Maximiliano Guerra y
el Ballet del Mercosur. El multipremiado bailarín argentino, ahora devenido coreógrafo con su propia versión de
Don Quijote (Stuttgart, 2000) y
By pass, en homenaje al Dr. René Favaloro (2001), desde 1988 vuela alrededor del mundo, al principio como primera figura del English National Ballet y ahora en su condición de bailarín free lance, con actuaciones en calidad de bailarín invitado de las principales compañías. Para lo que resta de este año y el que viene, Guerra tiene previsto realizar giras con los ballets de la Scala de Milán y Stuttgart, y actuaciones con los de las Operas de Hamburgo y Dresde. Pero hacia fines de 1999 creó el Ballet del Mercosur, compañía que cuenta con su dirección artística y que con un gran esfuerzo realizó dos giras nacionales: la primera con
La sylphide y la segunda, en el corriente año, con la participación de la argentina Marcela Goicoechea, primera bailarina del Ballet de Santiago de Chile. Se realizaron treinta y seis funciones con un programa preparado especialmente para la ocasión. Este año, además, el elenco se ha presentado en los Festivales Internacionales de Europa (Italia) con once funciones. Cuando esta edición de
Cantabile se encuentre en manos de los lectores, ya habrán pasado las funciones a beneficio de distintas entidades en el Teatro Cervantes y en el Luna Park.
Otro argentino, el platense
Iñaki Urlezaga, es actualmente primer bailarín del Royal Ballet de Londres. Destacado desde su ingreso por el anterior director de la compañía, Anthony Dowell, el 30 de junio último bailó El lago de los cisnes, no sólo ante los espectadores que colmaron la sala, sino para regocijo de las veinte mil personas que se reunieron a cielo abierto en la calle, frente a la pantalla que reproducía la función, y para los telespectadores que sintonizaron la transmisión mundial en directo, efectuada por la BBC de Londres. Con esa misma compañía, en la versión de Natalia Makarova, ha sido invitado por la ex-estrella rusa para representar el papel de Sigfrido en el Teatro Municipal de Río de Janeiro (mes de septiembre). En octubre encarnó a Albrecht en
Giselle, en el Teatro Colón.
Junto a la compañía formada por su iniciativa, el
Ballet Concierto, dirigido por Lilian Giovine y Esmeralda Agoglia, Urlezaga ha emprendido a mediados de este año una gira por dieciocho ciudades con programas diferentes, que culminará en diciembre con dos funciones al aire libre: el día 15 en la Plaza de Mayo y el día 26 en La Plata, con motivo de una representación especial de Navidad.
No podemos cerrar este dossier sin destacar la labor de la estrella del American Ballet Theatre,
Paloma Herrera, quien también retornó al Teatro Colón en octubre para bailar
Giselle, papel que incorporara este año a su repertorio bajo la guía de Irina Kolpakova. Sus planes inmediatos incluyen actuaciones con el ABT en el City Center de Nueva York, y luego en Washington, Hollywood y Detroit, entre otras ciudades, con ballets completos como
El cascanueces,
El lago de los cisnes y
El corsario.