Entrevista a Martha Argerich
Año 4 - N° 16 - Noviembre - Diciembre 2002



sábado, 19 de mayo de 2012
Música contemporánea, cosecha nacional
Quiénes son los compositores más influyentes de la música culta argentina.

En el medio de la sequía económica más grave de la historia de nuestro país, la Argentina, sin embargo, sigue floreciendo culturalmente.

Acaso se trate de algún tipo de anticuerpo natural que generan las sociedades en crisis, o una característica excepcional de esta zona del planeta. Lo cierto es que artistas plásticos, dramaturgos, escritores, poetas y músicos, siguen produciendo obra y de calidad, saltando corralitos económicos e incertidumbres políticas de un modo sorprendente.

Tampoco es una excepción el campo de la música académica local, solo que, a diferencia de otras artes e incluso de sus parientes populares (folklore, tango y sobre todo el rock), su circuito de difusión no incluye, casi, al mercado discográfico de la industria ni a los medios masivos de comunicación.

Como si estuviéramos todavía en el siglo XIX, la nueva música argentina solo puede ser escuchada en conciertos en vivo, a cargo básicamente de los instrumentistas condicionales mencionados en el artículo del número anterior de Cantabile, más algún concierto de orquestas y coros oficiales (en el caso de los organismos públicos con políticas más o menos consecuentes, más o menos erráticas según el caso).

Tal vez por esta razón es que, en el campo de la música contemporánea argentina, los compositores que pueden funcionar como una primera referencia para trazar un mapa que dé cuenta de la interesante y fértil diversidad estética que la caracteriza, sean aquellos que ocupan lugares destacados en el terreno de la docencia, universitaria o particular, o que tienen a su cargo espacios concretos de producción y difusión musical. Estos compositores ocupan un lugar relevante en la escena actual no solo por la música que producen sino por la sana influencia que ejercen sobre sus discípulos.

Como toda esquematización, se hace necesario producir un recorte que, necesariamente, dejará para más adelante salvar omisiones o zonas solo mencionadas sin más detalle.

Para poder comenzar, es necesario limitarse geográficamente: en este caso a la ciudad de Buenos Aires y alrededores. El otro recorte será generacional. Hablaremos de compositores de más de 45 años, básicamente, porque son los que ocupan espacios concretos de dirección a nivel institucional. Los compositores medulares del presente son, entre otros, Gerardo Gandini, Francisco Kröpfl, Marta Lambertini, Oscar Edelstein, Mariano Etkin, Alicia Terzian, Javier Giménez Noble, Enrique Bellocq y Manolo Juárez. La única excepción a la regla autoimpuesta será Mauricio Kagel, porque se trata del compositor argentino de mayor relevancia mundial. Y a pesar de que vive en Alemania desde hace más de cuatro décadas y desde el 70 no da clases ni conciertos en nuestro país, su figura es, indudablemente, una referencia ineludible.

Primero, las damas
En un terreno histórico y mundialmente dominado por los hombres, hay dos mujeres argentinas que han sabido ganar un lugar en la composición contemporánea: Marta Lambertini y Alicia Terzian (foto).

Lambertini es desde hace unos años la decana de la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina, que fue fundada por Alberto Ginastera. La compositora forma parte de un grupo de creadores nacionales a los que les gusta trabajar con y sobre la propia historia de la música como materia prima. Así sus dos obras de teatro musical más destacadas, Alice in Wonderland y su reciente Hildegard, operan sobre el campo de la intertextualidad y la cita con un lenguaje personal. Como pedagoga, su mayor mérito es haber logrado que haya cada vez más egresados de la UCA que se sumen a la composición y desde diversas estéticas: allí están Alejo Pérez Pouilleux o el Grupo Séptima Práctica como mejores ejemplos.

Alicia Terzian es un pilar de la difusión de la música argentina desde la Fundación Encuentros, que dirige artísticamente desde hace tres décadas. Su estilo musical es ecléctico y combina las técnicas de composición de avanzada con las referencias más o menos abstractas a otras músicas, como por ejemplo la de sus antepasados armenios. Sus obras más interpretadas últimamente son su Concierto para violín, una obra de juventud que está haciendo rodar por el país y el mundo el violinista Rafael Gintoli y el Canto a mi misma, una vuelta de tuerca musical al célebre poema de Walt Withman. También ella tiene como orgullo el haber permitido el crecimiento de colegas con estéticas diferentes a la suya, como es el caso, por ejemplo, de Alejandro Iglesias Rossi.

Gandini, el mas conocido
Entre los hombres, no hay duda de que Gerardo Gandini es el compositor más conocido por el público, incluso ajeno a la música clásica, debido a su participación como pianista del último sexteto de Astor Piazzolla.

Es sin duda el piano el centro de la ocupación y la obsesión de este compositor formado con Alberto Ginastera. A partir de su fenomenal capacidad técnica se vincula con la historia de la música, en particular de compositores como Robert Schumann para construir una música en la que no son posibles los materiales nuevos o neutros. El trabajo con las citas y referencias a músicas del pasado son comunes en sus dos óperas La ciudad ausente sobre la novela homónima de Ricardo Piglia y Liederkreis, una especie de homenaje catártico a RSCH. Su influencia ha sido doble, primero como docente, ya en los tiempos del Instituto Di Tella, en los sesenta, y luego en los 80 en la UCA. Pero sobre todo marcó el ritmo de la programación contemporánea cuando Sergio Renán lo puso al frente del Centro Experimental del Teatro Colón, creado en 1990.

Allí se estrenó mucha música extranjera y local aunque en los últimos años, por problemas de presupuesto, mermó su presencia. Después de un paso por la Filarmónica, Gandini se transformó en el primer compositor en residencia de la historia de dicha orquesta, un puesto de larga tradición en otros países y que le permitirá dedicarse tiempo completo a la composición. Por si fuera poco, Gandini no deja su actividad como pianista de lado. Allí encontró en sus "postangos", una vertiente que lo hace único: un pianista con cerebro de vanguardia y manos populares hace transformaciones radicales y bellas de tangos clásicos de todo los tiempos.

Electroacústicos
La música electroacústica tiene en la Argentina una tradición de cuatro décadas y muchísimos cultores. Tal vez por el hecho de que crear música de este modo no requiere de intérpretes sino solo imaginación y una computadora, es que en todo el país y el exterior se encuentran compositores trabajando en este campo. El pionero es Francisco Kröpfl que, en 1958, creó el primer laboratorio electroacústico de América Latina en la Facultad de Arquitectura y desde entonces no se detuvo. Pasó por el Di Tella, el Cicmat y desde principios de los 80 logró que el Laboratorio de Investigación y Producción Musical, que funciona en el Centro Cultural Recoleta, haya podido cumplir con la consigna básica para este campo: mantenerse "al día" en materia tecnológica. Por dicho centro pasaron varios de los compositores que a su vez montaron otros laboratorios en diferentes ciudades del país. Kröpfl continúa en la coordinación artística mientras sigue produciendo su propia obra, fiel a la abstracción radical que le enseñó el padre de la vanguardia argentina, Juan Carlos Paz, pero combinada con el más primitivo de los instrumentos: la voz humana.

En la Universidad de Quilmes, dos ex discípulos de Kröpfl, Oscar Edelstein y Pablo Di Liscia mantienen en alto la bandera electroacústica con una carrera de composición de la que ya están surgiendo nuevos talentos, como Patricia Martínez o Nicolás Varchausky. Edelstein vendría a ser algo así como el "Stockhausen criollo", más que nada por su inquebrantable vocación de plantearse proyectos aparentemente utópicos y vastos, y sin embargo llevarlos a cabo. Prueba de ello es el Ensamble Nacional del Sur, un extraño grupo de instrumentos cercanos al rock interpretados por compositores jóvenes que se unen a un coro femenino y a la experimentación electrónica en vivo.

En las antípodas de ese mundo expansivo, Mariano Etkin, docente de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, disemina desde hace un par de décadas la estética de la austeridad minimalista, heredera de compositores norteamericanos como John Cage y Morton Feldman.

En el Conservatorio Municipal los profesores Javier Giménez Noble, Enrique Bellocq y Gabriel Valverde -quienes, y no es una obviedad, son activos compositores- le garantizan a los alumnos una paleta amplia de estéticas musicales.

En la tradición de la Escuela Nacionalista, Manolo Juárez es quien está al frente de la nueva vuelta de tuerca que tiene esta corriente. Ya no se trata de domesticar al folklore sino de sumarlo a las técnicas contemporáneas, requiriendo cada vez más el conocimiento de estilo por parte de los instrumentistas clásicos, como ocurre con la obra del último Premio Antorchas, Guillo Espel.

En cuanto a los argentinos en la diáspora, Mauricio Kagel (foto), que está en plena celebración de sus 70 años, es la figura estelar. Radicado en Colonia (Alemania) desde 1958, es uno de los popes de la música contemporánea mundial, admirado y elogiado tanto por Luciano Berio como John Cage (ya es célebre su famosa frase: "el mejor compositor europeo que conozco es el argentino Kagel"). Que el compositor argentino es un artista multifacético se puede comprobar en la última edición del Diccionario de Música alemán. En el artículo sobre su obra se hace referencia a los "cinco" Kagel. El teatro musical, el cine, la dramaturgia, el arte radiofónico, nada le es ajeno a este compositor que maneja el registro humorístico e irónico como culto y refinado taxidermista de la cultura en la que está inserto. Pero lo que es más importante: Kagel es un gran músico y es desde allí donde piensa toda su actividad, más allá del formato que escoja para expresarse. La edición de su obra a través del sello Montaigne es una buena prueba de su aspecto musical en el sentido estricto.

Su vínculo con la argentina es bastante distante: las últimas tres invitaciones que le cursaron del Colón quedaron en nada y él quedó más que enojado. Entre sus colegas locales hay muchos que lo consideran "un europeo". Pero lo cierto es que con su libertad creativa y su capacidad para apropiarse tanto del legado europeo como americano, va camino a convertirse, por infuencia y legado, en el Borges de la música argentina.