La clemenza di Tito
Año 5 - N° 19 - Julio - Agosto 2003



sábado, 19 de mayo de 2012
La vuelta del maestro

Una entrevista al eminente director Charles Dutoit.

Charles Dutoit llegó a Buenos Aires para dirigir El holandés errante de Wagner, en una época en que los directores de primera línea no frecuentan la temporada lírica del Colón, lo cual augura alguna especie de compensación al duro golpe que la temporada musical 2003 sufrió recientemente, cuando Wolfgang Sawallisch y Riccardo Chailly debieron cancelar sus visitas por motivos de salud.

-Usted es principalmente considerado un director sinfónico, pero ha hecho varias incursiones en la ópera y ahora va a dirigir una obra de Wagner en la temporada del Teatro Colón.
-Sí, y está en mis planes hacer más ópera. Aunque nunca fui director de un teatro operístico, trabajé en el MET, en la Deutsche Oper de Berlin, en el Covent Garden, en Los Angeles y en Montreal, pero sin tener la oportunidad de hacer ópera como debiera hacerse: permaneciendo varios meses en el lugar para los ensayos. Me cuesta estar más que unas pocas semanas en la misma ciudad porque no es mi estilo de vida y la ópera necesita mucho tiempo continuo, que nunca había tenido en los últimos quince años. Recién desde el año pasado, cuando terminé mi relación con la Orquesta Sinfónica de Montreal y también la que tenía con la Orquesta Nacional de Francia, empecé a tener más disponibilidad de tiempo como para evaluar qué cosas me interesa hacer, y no tener que vivir como antes con la agenda completamente llena con cinco años de anticipación.

Ahora en Buenos Aires vamos a hacer El holandés errante, e hice bastante Wagner anteriormente, mucho en versión de concierto: Tristán e Isolda, el mismo Holandés, entre otros. También trabajé títulos de Strauss como Salomé y Electra, ópera que dirigí hace un par de semanas en Tokio y que realmente considero la más difícil de todo el repertorio. También abordé el siglo XX más moderno con Wozzeck, Il prigioniero de Dallapiccola, La vida breve de De Falla, Le rossignol y The Rake's Progress de Stravinsky.

Me gustaría hacer otras óperas de Wagner como Parsifal, que necesita de una producción completa, porque en versión de concierto es terriblemente estática. Quisiera hacer una Tetralogía y espero que se dé la oportunidad; me gustaría contar con el tiempo y las condiciones necesarias. Wagner es siempre un hito para la vida de todo director de orquesta, y a mí me gustaría pasar uno o dos años estudiándolo profundamente. Lo que ocurre es que a esta altura de mi vida, hacer otro concierto más no me aporta demasiado, y no va a despertarme mayor ansiedad, pero un desafío como el de la Tetralogía, de la cuál sólo hice fragmentos, sí me parece suficientemente excitante como para entusiasmarme de verdad.

-¿Cuáles son las particularidades de El holandés errante
-El holandés errante es la primer ópera de Wagner como gran compositor, y para haber sido compuesta por alguien relativamente joven, es una obra maestra. Dentro de su repertorio es una pieza comparativamente sencilla, porque es "pre-wagneriana" si se quiere, más romántica y tradicional, hasta emparentada con Weber. Todavía está alejada del Wagner más determinante, el de Tristán e Isolda, de Parsifal y demás. Lo maravilloso de la evolución de Wagner como artista es que no sólo desarrolló nueva música sino que además creó una nueva forma. Siempre tiene pasajes difíciles de tocar, y eso pasa también en esta obra. Hay arias y momentos al estilo de la ópera tradicional, pero ya empiezan a tener la personalidad del Wagner posterior y es una música maravillosa.

-¿Y cuál es la diferencia al dirigir esta obra en versión de concierto
-En concierto muchas veces se consiguen mejores niveles musicales. No hay preocupación por lo que pasa en el escenario, los cantantes se pueden concentrar más porque no existe la responsabilidad de actuar, y pueden ser más precisos, porque tienen la partitura delante. Esto también permite que sea preparada en menos tiempo pues no son necesarias tantas semanas de ensayos. De esta manera he logrado magníficas versiones.

Un ejemplo claro para mí fue con Los troyanos de Berlioz, que dirigí con el mismo elenco tanto en concierto como en escena, y sin embargo musicalmente fue tanto mejor en la versión de concierto. Lo que pasa es que obviamente la ópera en vivo tiene una magia especial; el componente visual no es despreciable, y eso es lo que compensa la diferente calidad musical. Si bien también hice El holandés... en concierto y funciona bien, hay muchas imágenes que entonces quedan sugeridas, como el gran BARCO? que aparece, el personaje principal surgiendo de la bruma. Nunca puede llegar a conseguirse la misma dimensión cuando alguno de todos los componentes falta, pero igual me gustan las dos versiones.

-¿Pueden conseguirse en el Teatro Colón los mismos resultados musicales que cuando trabaja con orquestas internacionales de primera línea?
-Estos músicos pueden hacer maravillas, como las que hizo la Filarmónica de Buenos Aires en los conciertos del año pasado durante el Festival Martha Argerich. Eso demostró de lo que son capaces, y no fue porque Dios decidió que iban a tocar bien.

Es una necesidad concreta que haya un director musical muy demandante, capaz de imponer otro nivel de pensamiento en cuanto a la ejecución. Para conseguir ese nivel hay que ensayar mucho. Se trata de una cultura del sonido, requiere bastante tiempo tener este tipo de acercamiento social de todos los instrumentistas, y no es sólo una cuestión de técnica, es algo más cabal.

Con la Orquesta de Montreal logramos un salto cualitativo gigante, pero yo era director permanente y tenía veinte semanas por año aseguradas con los músicos. Cuando uno empieza a hacer grabaciones y estas son buenas, de un nivel de excelencia, ese nivel ya queda como estándar y todos tenemos que apuntar a eso, no hay discusión. Si se pudo alcanzar alguna vez hay que alcanzarlo siempre. Otra cosa que aporta mucho es la exposición internacional, las giras, que nos trajeron con la orquesta también a Buenos Aires.

Se pueden lograr resultados importantes aisladamente con poco tiempo de trabajo, pero si se quiere que el nivel general sea más alto regularmente, el trabajo tiene que ser mucho más concienzudo. Uno puede hacer mucho como director invitado, pero es efímero.