Exitosos y reconocidos profesionales de los medios, comparten el interés por la música clásica. Con estilos diversos, en sendos programas que se emiten por Radio Nacional Clásica (FM 96.7), Víctor Hugo Morales ("A título personal", sábados de 11 a 13) y Nelson Castro ("Lo que el viento no se llevó", lunes de 19 a 21) despliegan sus dotes comunicativas en una tarea que se destaca por difundir la labor de nuestros artistas y tiene como norte la premisa de ganar nuevos públicos.Víctor Hugo Morales: compartir y disfrutar-¿Cómo empezó su interés por la música? -Cuando era preadolescente tuve un profesor maravilloso en mi pequeño pueblo, Cardona (Uruguay), que debía de ser el único del lugar que tenía discos. Yo era muy "diablo" y él me llevaba a su casa y me decía "quedate ahí, escuchá esto". También me fomentaba el hábito por la lectura, me daba tres páginas de un escritor muy importante y después me hacía preguntas. Me estimulaba, me ponía música de Mozart, un compositor al que él amaba... Y yo, por halagarlo, me esforzaba por identificar algunas de las cosas que él me había hecho conocer. Después, en Montevideo, cuando cumplí 20 años la vida me llevó por el camino de los bailes y el fútbol, pero a partir de los 25 ese amor por la música explotó nuevamente. En los últimos años se convirtió en algo así como el eje de mi vida y un día Santiago Chotsourian, de tanto verme en los conciertos y por todos lados, pensó "si a este tipo le gusta tanto la música y es hombre de radio... ¿porqué no hacer un programa con él?" Así comenzó "A título personal", hace unos 7 años.
-¿Qué se propone con "A título personal"?-Dirigirme al que nunca va a los espectáculos ni escucha música, pero tiene un interés: ese es el primero de los oyentes. Yo creo que hay ciertas cosas que han alejado a la gente de la posibilidad de escuchar música clásica, como la duración de las obras, el engolamiento con que se les habla, la dificultad en la pronunciación de los nombres, el dirigirse siempre al que sabe... Por eso paso música muy accesible, con el interés de abrir la puerta a un disfrute, tratar de que alguien ingrese a este mundo, que lo comparta, que no se pierda esta alegría tan grande. Si consigo que alguien se sume, es mi mayor felicidad. Yo disfruto de Debussy o Lutoslawsky, pero sé que no toda la música es para todos los oídos, es una cuestión de entrenamiento. Hay que ir abriendo puertas, conocer
Carmen antes que Wagner,
La traviata antes que una ópera de Zemlinsky. El gusto, la posibilidad de acceder a determinada música, también se marca con la evolución. Yo recuerdo que hace años mi mujer me dijo: "a mí Debussy no me gusta tanto", y yo le contesté: "no te preocupes, ya vamos a llegar..." Paso la música que a mí me gusta y el pretexto puede ser algún dato histórico, algún aniversario, alguna cuestión coyuntural. También está presente aquello que tiene que ver con la actividad de nuestros artistas.
-Siempre coloca un énfasis especial en los artistas argentinos, sobre todo en los que están surgiendo...-Creo que es una tarea que vale la pena. ¿Sabés cuáles son mis únicos privilegios? Mi profesión y una actitud casi compulsiva hacia los viajes. Me tienen permanentemente dando vuelta, yendo a todos los sitios y viendo lo que pasa en los grandes escenarios. Desde esa perspectiva puedo medir lo que recibo en Buenos Aires. Y yo le quiero decir a la gente que
Madama Butterfly,
L'italiana in Algeri o
La clemenza di Tito, las óperas que presentó Buenos Aires Lírica en esta temporada inaugural, son producciones de primer nivel para cualquier lugar del mundo. Además, ¿cuántas ciudades del extranjero pueden tener cuatro óperas como tuvimos aquí en un mismo domingo, y todas con un nivel de bueno para arriba?
-¿A qué atribuye este fenómeno?-Se debe al gran volumen, a la cantidad de cantantes, de gente que ama la música. Buenos Aires es una ciudad musical, con mucha fantasía. También La Plata, Rosario, Santa Fe, y podríamos extendernos bastante, pero sobre todo esta es una ciudad donde los primeros sueños de los habitantes siempre tienen que ver con lo artístico. Buenos Aires es una ciudad con una mística del arte muy importante, que no sé de dónde viene ni soy capaz de averiguarlo. De ello surge una base de muchísima gente que tiene sueños de realizarse como artista, y la mayoría queda por el camino porque el talento no es de todos... Esa base tan amplia hace que en estos momentos existan decenas de cantantes. Además el público se está ablandando y comienza a conocer otros escenarios. Yo a veces le recrimino a algún amigo: "a vos lo que te gusta es venir al Colón, no ir a escuchar ópera o conciertos, porque no te veo nunca en el ciclo de los sábados a las seis de la tarde en la Facultad de Derecho, ni en el Teatro Avenida, no te veo en el Margarita Xirgu, ni en el Argentino". Dos veces me ha pasado ver un espectáculo en una ciudad e inmediatamente en otra. En Roma vi un
Trittico formidable, muy elogiado por la crítica, donde Daniela Dessì protagonizó
Suor Angelica. Pero también vi a Adelaida Negri, que ha realizado esfuerzos colosales, y juro que lo que hicieron ella y Marta Cullerés aquí, en
Suor Angelica, fue superior. Y la segunda oportunidad fue cuando presencié
Il barbiere di Siviglia en el Teatro Alla Scala de Milán, donde aparecía por primera vez Juan Diego Florez, un tenor rossiniano extraordinario. Fuera del caso de Florez, si hago una comparación, debo decir que fue mejor la producción de Juventus Lyrica en el Teatro Avenida, con Virginia Tola.
-Nunca le escuché una crítica negativa...-Yo jamás digo que algo no me gusta. Hablo de mis entusiasmos. Esa es otra de las características de mi programa, porque desde el desconocimiento que me atribuyo, no por falsa modestia, no puedo hacerle el daño de una impugnación a nadie. En cambio puedo manifestarme entusiasmado como público porque me encantó algo, porque algo me impactó. Si veo un espectáculo que no me gusta, me lo callo; los críticos tienen la obligación de decirlo porque esa es su misión... Y nuestros críticos, en general, están preparados y entrenados para leer mucho mejor que nosotros. Este tipo de crítico que tenemos, que yo creo que es de un nivel que no tiene nada que envidiar a los críticos londinenses, neoyorquinos o parisienses, eleva esa aptitud musical que tiene la Argentina. Si hay algo que les reprocharía a algunos, los más prestigiosos, es que prefieren seguir pasando los grandes tenores y las grandes sopranos del pasado, y a veces se pierden la delicia de descubrir lo nuevo.
-¿Cómo vive la transición entre los mundos del fútbol y de la música?-Yo salgo del estadio de relatar y me cambio -quedo siempre hecho un desastre-, para ir a ver el segundo acto de una ópera vespertina en el Colón. Paso de una cosa a la otra sin darme cuenta, como de mi dormitorio al living. Creo que también hay una idea errónea de que la música es para la gente que sabe, que entiende, y entonces si, por ejemplo, del fútbol me voy al cine no llama la atención, pero si me voy a la Facultad de Derecho para escuchar un concierto, o al Teatro Avenida, o al Colón, la gente dice "¡qué raro!". Me parece que es un prejuicio contra el que hay que luchar desde los medios de comunicación, cosa nada difícil. No hay que perder de vista al que te enganchó por casualidad porque te sigue por otro lado. Muchas veces me crucé con gente que me dice: "sabe que vine a tal concierto porque me enteré al escucharlo en su programa". Para mí no hay nada más feliz que contribuir a provocarle un placer muy grande a la gente, es como regalarle vida interior.
-En una época hizo TV...-Hice un programa en el Canal Bravo y otro en Canal (á), que fue cambiando un poco el perfil de lo cultural por el de una cosa más entretenida. En determinado momento en Canal Bravo gané dinero, algo de 10.000 dólares, y los puse en un concurso que hicimos con Miriam Conti, Valentín Surif y Héctor Coda, con el apoyo de algunas empresas a las que les decía "Yo voy a poner dinero, así que los invito a ustedes a que hagan lo mismo". De esta forma organizamos un concurso que ganó Valeria Briático. Lo único que pretendería si tuviera nuevamente un programa televisivo sería que se pague a los artistas, de lo contrario no lo haría, al menos debería existir un viático. Pasé por este problema y ante esta exigencia mía, en un cambio de ideas con Canal (á), donde nunca obtuve un centavo, se produjo un corto circuito y la salida no tuvo la elegancia que uno merece cuando se porta bien. Esto pasa porque se considera que el artista en la TV se promociona y por ello no tiene que cobrar nada, lo cual me parece una falta de respeto muy grande. Yo debo llevar dentro de mí a un artista sin talento, porque tengo un amor muy grande y una gratitud inmensa por estas personas capaces de que un momento de mi vida sea mágico. A nuestra existencia la enriquecen los artistas, los que te hacen pensar, imaginar, sentir y te emocionan.
-¿Cómo hace para acudir a todos los espectáculos, conducir "Desayuno" desde las 7 de la mañana e ir a la radio? ¿Cuál es su secreto? -Invierto muy poco tiempo en lo que no me interesa, lo resuelvo con una gran habilidad y la vida está llena de cosas que no nos deberían interesar tanto. Superado ese problema, pongo energía de la buena para lo que me da alegría o me permite algún crecimiento.
Nelson Castro: el contrapeso de lo permanente-¿Qué lugar ocupa la música en su vida?-Un lugar muy importante. Siempre estudié música, fui concertista de guitarra, estudié composición y hasta comencé a estudiar dirección de orquesta. Di varios conciertos públicos, algunos de ellos en las radios Nacional y Municipal. Desde los 9 o 10 años, hasta los 17, le dediqué mucho tiempo y cuando empecé la facultad -yo quería estudiar las carreras de Periodismo y de Medicina- dejé la música; dedicarme a tres cosas era imposible. Fue una decisión sabia y en beneficio de los oyentes (risas)... Pero con el correr de los años, cuando pude organizar algunas cosas, decidí estudiar piano, al que sentí que no le había dedicado lo suficiente.
-Desde hace poco está al frente un programa radial sobre música clásica...-Tenía ganas de hacerlo desde hace muchos años. La antigua Radio Clásica me había llamado para la misma época en que llamaron a Víctor Hugo -hace unos siete años- pero en Del Plata no me autorizaron. Por suerte, este año, la gente de La Red fue muy generosa y comprendió que el programa no compite con lo que yo hago habitualmente y obtuve el permiso, una excepción a la cláusula de exclusividad.
-¿Hacia dónde apunta la concepción del programa?-La idea fue desde siempre aportar una estructura más descontracturada que la habitual para incorporar nuevos públicos y, sobre todo, mostrar el aspecto humano -en esto ayuda mucho lo periodístico- de quienes hacen música. Uno de los objetivos que tenemos es mostrar cómo la música, la música clásica, está presente en la vida de las personas mucho más de lo que se cree, y también compartir las vivencias de los intérpretes de este tipo de música, sobre todo en la Argentina, país en el que las cosas son tan difíciles para el que se dedica a esto y donde, paradójicamente, hay tantos jóvenes que se consagran a su estudio. Otro de los objetivos es mostrar lo que han hecho y hacen los artistas argentinos. Luchamos a brazo partido porque desafortunadamente no hay mucho material histórico disponible, aunque ya hemos dado con cosas maravillosas que nos aportan coleccionistas particulares. Por ejemplo, buscamos grabaciones de las orquestas sinfónicas más allá de las de Buenos Aires, y ya tenemos algo de Mar del Plata, Bahía blanca... Estamos empeñados en esta recopilación.
-Es importante que trabajen en este rescate...-Es fundamental. Otra de las cosas que queremos hacer, cuando pensamos en los compositores nuestros, es poder hablar con gente que los conoció, como sus familiares... Es otra búsqueda compleja porque está todo muy descohesionado: a lo mejor, detrás de tal o cual compositor, hay un hijo o sus nietos, pero nadie sabe dónde están, si tienen algún tipo de inserción en la vida musical o no... Es una lástima que esto ocurra y, por lo menos, intentamos una búsqueda que vale la pena.
-De ahí el título de su programa, "Lo que el viento no se llevó", ¿es así?-Si, es así…
-A usted, que es un hombre tan ligado a la actualidad, a la noticia que al otro día ya es "vieja", el contacto con la música clásica, bajo este enfoque, le ofrece el contrapeso de lo permanente...-Es cierto, y esa es también la idea que buscamos transmitir, que el arte es "lo permanente". Y me parece que es muy importante ese concepto, sobre todo en la Argentina, donde tenemos un problema con la "memoria"... Estamos muy entusiasmados con la posibilidad de la remasterización de la cintoteca de Radio Nacional, donde está el material de su famosa orquesta. La radio está buscando la posibilidad de un convenio con una cadena. Pero ya vamos consiguiendo documentos: el otro día una oyente muy calificada nos acercó un material muy importante del Teatro Colón del año 50. También se acercó otra oyente con una grabación de
Escenas Argentinas de López Buchardo, un disco de Trova o de Emi del año 60, con la Orquesta Sinfónica Nacional, que vamos a difundir. De los compositores argentinos, lamentablemente muy ignorados, hay cosas buenas, en especial las relacionadas con el período romántico-nacionalista, y en eso estamos. También nos gustaría en algún momento poder generar una actividad educativa para atraer nuevos públicos, con alguna orquesta sinfónica, donde tuvieran participación como presentadores otros periodistas a quienes también les gusta mucho la música, como Pepe Eliaschev o Magdalena Ruiz Guiñazú. Yo siempre tengo en mi mente la serie didáctica de Leonard Bernstein en la década del '60 junto a la Filarmónica de Nueva York. Estamos trabajando y ojalá se pueda hacer algo el año próximo.
-La ópera también tiene un lugar en su programa...-La ópera es más ardua para el público nuevo. Por eso, una vez por mes tomamos una ópera y la vamos contando sin solemnidad mientras pasamos los fragmentos musicales más lindos. Ahora estamos con L'elisir d'amore: narramos la historia de Nemorino y Dulcamara y es interesante ver, por ejemplo, cómo los chicos de la producción que no saben nada de música se interesan por una historia contada de esta manera, con los argumentos a veces ridículos de la ópera, y por este camino llegan a la música, que es lo importante. Creo que hay mucho trabajo por hacer para atraer al público. En ese sentido los sobretitulados ayudan mucho. La ópera era algo totalmente popular en el siglo XIX y realmente es uno de los géneros más hermosos que hay, junto a la zarzuela, la opereta e inclusive la comedia musical. Existen cosas de enorme valor y de gran belleza.