Macbeth
Año 6 - N° 22 - Marzo - Abril 2004



sábado, 19 de mayo de 2012
Un embajador del arte

Entrevista al embajador argentino en París, Juan Archibaldo Lanús.

En su reciente y breve visita al país junto al canciller francés Dominique de Villepin, el embajador argentino en Francia, Juan Archibaldo Lanús, se hizo tiempo para dialogar con Cantabile acerca de la importante labor de Buenos Aires Lírica, asociación a cuya Comisión Directiva pertenece desde su creación en 2002.

Con un porte que no descarta una afable caballerosidad, y una sobria elegancia que denota un señorío hoy infrecuente, el embajador Juan Archibaldo Lanús nos recibe en el Palacio Estrugamou, ámbito de su residencia en Buenos Aires. Vestida con piezas del arte rioplatense y europeo, su casa es una suerte de museo particular que nos habla de la cultura y sensibilidad de su morador, embajador de carrera con una notable trayectoria.

Con la mejor predisposición, responde a la pregunta de por qué se sumó al proyecto de Buenos Aires Lírica:
"Tengo una sensibilidad estrechamente ligada a lo cultural y al mundo de las ideas, y me interesa mucho la relación entre una institución de este tipo y la sociedad. BAL es un proyecto que se inserta en la producción de bienes culturales y constituye un producto que mejora la calidad de vida, rasgo muy importante, porque, muchas veces, cuando se habla de cultura se cae en la subestimación. Cuando se asiste a una función de ópera, por lo general sólo se percibe lo que sucede sobre el escenario, pero no se trata solamente de eso: la ópera es una escuela, un aprendizaje, creatividad, disciplina y también un medio de vida que mejora la relación entre el hombre y la sociedad, entre el hombre y la naturaleza. El arte es una de las actividades esenciales desde que la especie humana llegó al mundo. Cuando uno tiene que investigar cómo vivía un pueblo primitivo, lo primero que encuentra para acercarse a esa cultura es su expresión artística, aquello que forma parte de su identidad."

El embajador interrumpe la conversación y se disculpa, pues le avisan que acaba de recibir un llamado telefónico que no puede hacerse esperar; Juan Archibaldo Lanús no se toma descanso frente a los requerimientos de su función. A los pocos minutos regresa y prosigue con el diálogo:
"La Argentina tiene una sensibilidad particular para el arte, sobre todo para la música, el género operístico y el arte escénico en general, desde los tiempos virreinales y desde las primeras épocas en las cuales la nuestra se convirtió en una nación independiente. Es muy importante concebir la actividad cultural en ese contexto, que es un claro signo del deseo por mejorar la calidad de vida e influir en las conductas humanas. Yo creo que el arte, además de expresar la grandeza oculta que tiene el hombre, también es un moderador y un pedagogo que actúa sobre la conducta de las personas, de ahí su importancia. Yo le doy más relieve al arte que al deporte, pero no quiero entrar en esa disquisición."

La última afirmación nos resulta grata y seguramente la compartimos quienes trabajamos en el ámbito de la cultura. Pero al embajador Lanús le interesa destacar el significado que adquiere BAL en el contexto particular de nuestro país:
"En este momento en que la Argentina ha pasado por una de las peores crisis de su historia, en la que ha puesto en duda la mayoría de sus mitos fundadores, entre otros el de la idea del "futuro próspero", nace BAL. La asociación alcanzó el privilegio de ser la segunda ópera de Buenos Aires en el peor momento social de la Argentina. Es la expresión de un optimismo y de una convicción profunda de quienes la llevan adelante, en especial su presidente, Frank Marmorek, su director de relaciones institucionales, Horacio Oyhanarte, y su administrador artístico, Claudio Ratier. También hay que destacar la labor de un equipo reducido y calificado de colaboradores que pone un empeño incondicional dentro de cada área. A esto sumemos los eventuales participantes de cada una de las producciones, de quienes dependen los resultados finales: los directores de orquesta, los régisseurs, los cantantes, un coro propio, los instrumentistas, los escenógrafos, los diseñadores de iluminación, los diseñadores de vestuario, más una auténtica legión de maestros preparadores, apuntadores, maquilladores, modistas, figurantes, asistentes y demás, que ofrecen lo mejor de su arte y un excelente espíritu de cooperación gracias al incentivo de la seriedad y calidad de la propuesta. Y también están quienes acompañan esta feliz realidad desde los cargos en la comisión directiva, como Félix Luna y yo. Tenemos la firme convicción de la importancia y de la absoluta seriedad de este emprendimiento, que es un ejemplo de que se pueden hacer cosas, de que se pueden llevar adelante proyectos ambiciosos en condiciones adversas, en situaciones difíciles, y, detalle altamente destacable, con artistas nacionales. BAL es una prueba más de esa vitalidad que tenemos los argentinos como pueblo."

Para enorme satisfacción de todo el equipo que integra BAL, el periodismo especializado llegó a señalar su aparición como "La mejor noticia para la ópera argentina de este año" (La Nación, 29 de octubre de 2003). A lo largo de la primera temporada, con un gran esfuerzo en cada área y un inusual espíritu organizativo, sumado el constante aliento del público, los logros sorprendieron a la comunidad musical de Buenos Aires. Al respecto, el embajador Lanús reflexiona:
"Lo que se ha logrado en un año es extraordinario, por el nivel alcanzado en la producción de las cinco óperas que formaron la primera temporada. La respuesta del público y de la crítica especializada lo han confirmado. Uno de los títulos, La clemenza di Tito de Mozart, con Marcelo Lombardero y Susana Frangi como principales artífices, fue destacado por el diario La Nación como una de las tres mejores producciones operísticas del año, junto a El holandés errante de Wagner y El emperador de la Atlántida de Ullmann, representadas en el Teatro Colón.

"El público ha dado una respuesta estupenda y se ha ido sumando cada vez más, gratamente sorprendido por la calidad de las producciones. Lo demuestran la boletería del Teatro Avenida, en la mayoría de los casos con las localidades agotadas, y el notable éxito de la venta de abonos para la actual temporada. Lo importante en un proyecto como BAL es la continuidad; Borges decía 'el que dura gana' ".

Un tema ineludible al momento de hablar de la producción de una ópera, tema que se remonta a los tiempos de nacimiento del género mismo, es el de la financiación.
"Este tipo de producto cultural es caro por la variedad de elementos y de profesionales que involucra en cada rubro, quienes deben apuntar a mantener y acrecentar un exigente nivel de calidad. Todos las óperas del mundo tienen una forma de subsidiarse a través del sector público o privado, porque si no habría que pagar localidades de altísimos precios, lo cual las haría inaccesibles. En general se cuenta con subvención pública, yo conozco las óperas de Ginebra, Lyon y París, y casi todas son con subvención nacional o municipal. Uno de los principios fundacionales de BAL es no contar con apoyo del Estado, sino con aportes a través de sponsors privados, necesarios para que la concreción de planes cuyas miras no se conforman con la excelencia de los resultados ya obtenidos. Otro de sus principios, estrechamente ligado a lo que digo, es ofrecer sus espectáculos a precios muy accesibles. Espero que los empresarios y las personas que tengan disponibilidad de fondos y vocación de financiar este tipo de actividades, comprendan la responsabilidad que les cabe al momento de aportar su generosidad para permitir la continuidad de este gran proyecto."