Nada se sabe en la Argentina de Osvaldo Golijov (FOTO), al menos en la medida en la que este compositor ascendió en la consideración del público y la crítica estadounidense. Compartir con los lectores de Cantabile la experiencia vivida durante el festival de verano acaso mas importante de los EE.UU., en la Opera de Santa Fe (estado de Nuevo Méjico), es la oportunidad para iniciar, con la energía de quien corre la tela que cubre una obra de arte, el camino de un reconocimiento que seguramente no puede tardar.En los primeros días de este mes, en lo alto de la montaña, en pleno desierto, en un inverosímil teatro al aire libre construido a siete millas de la ciudad de Santa Fe, el público aplaudió de pie a Osvaldo Golijov y a todos los protagonistas de la conmovedora
Ainadamar, la obra que el compositor argentino ha reestrenado para que al mismo tiempo renazcan García Lorca, Margarita Xirgu, el horror y el desencanto de la Guerra Civil Española y la eterna lucha de la libertad contra sus asesinos. Noche azul de estrellas, con una brisa suave y fresca de medianoche que levanta los cabellos de una estrella algo más terrenal como Shirley Mac Laine, que en medio de los 2.500 espectadores aclama la música de Golijov. El otro gran destinatario de la ovación interminable es Peter Sellars, factor decisivo en los cambios de lo que había nacido como una ópera de cámara y ahora cumple con todos los requisitos de una obra mayúscula de la moderna composición operística. Están también el libretista David Henry Hwang, ganador de más de un Tony, y, por supuesto, los cantantes Dawn Upshaw (M.Xirgu), Kelly O’Connor, admirable y joven contralto que traza un Lorca tan real, tan convincente, Jessica Rivera (Nuria, una alumna), el director musical Miguel Hart Bedoya y el coro femenino, sostén vocal y teatral de una creación que es, como pocas veces, teatro cantado. Es en ese marco imponente, atrapado por la emoción y el orgullo, que este espectador mira hacia la noche y se pregunta si desde esa soledad y plenitud del mundo, los ecos del triunfo alcanzarán a una Argentina que todavía no conoce a Osvaldo Golijov. Habrá que esperar, se responde, al mes de febrero próximo, cuando el Lincoln Center dé lugar a la Pasión de Golijov.
Un festival dedicado a los trabajos más notables de este hombre nacido en La Plata hace nada más que 45 años, que estudió con Gerardo Gandini y que partió en los 80 hacia Israel y finalmente a los EE.UU. Allí, el año pasado fue premiado junto a los diez más prometedores hombres y mujeres del país, destinándosele una cifra fabulosa de dinero para que por varios años pueda dedicarse únicamente a la creación artística. Los beneficios están a la vista. Esa excitación de un público casi estrictamente norteamericano, impactado por la españolísima historia de Lorca, es deudora para siempre de lo que bella y trágicamente, en apenas 80 minutos, supieron decir Golijov y Sellars. Y corresponde nombrarlos juntos porque ambos talentos se alimentaron mutuamente, al punto de que la realización no hubiera sido posible sin el aporte de cada uno. ¿Qué es
Ainadamar? Etimológicamente es una palabra árabe que significa “fuente de lágrimas” y en este caso refiere el lugar de Granada donde fuera asesinado Garcia Lorca en 1936. En la obra de Golijov, Margarita Xirgu es quien nos acerca al horror de esa fuente trágica, como si nos plantara delante del propio espejo del agua. Mientras recrea el personaje de
Mariana Pineda evoca ante una alumna cómo se conocieron con Federico, lo cerca que estuvo de llevárselo con ella a Cuba poco antes del desastre y la forma en que lo mataron. Son ellos los personajes centrales, pero también están quien lo mató y los que murieron esa misma noche, en ese mismo lugar, en esa España de congoja.
Ainadamar tiene una original presencia electroacústica que permite oír el agua de la fuente, las voces de la época o los disparos del arma de la ejecución, en el contexto de la potente partitura del músico que obliga a una leve amplificación de las voces. En la muerte los disparos se reiteran hasta tener un ritmo infernal como si fuera el efecto de un instrumento de percusión. En una danza interminable los ejecutados se levantan una y otra vez para recibir los balazos que les dan la muerte. Ellos no se cansan de morir para que nuestra memoria no pierda el ejercicio, y los que matan, como es previsible, no se cansan de matar. En el final, luego de uno de los tríos de más encendido lirismo que este oyente recuerde, con Margarita, Lorca y Nuria abrazados y acostados como si el dolor fuera un nudo que a todos envuelve, quedan cara a cara, Margarita y el asesino. El poeta observa desde la penumbra del escenario, como un eterno acusador. Y La gran actriz, ahora de pie, canta “soy la libertad”, mirando a los ojos del criminal. Sus palabras lo acorralan contra el muro y mientras cae el telón, se asiste a la primera ejecución con la que la libertad castiga a los que siempre la matan. Lúcida observación de la amistad desesperada de los tiempos de guerra, música melodiosa y envolvente de claros acentos españoles, retratos conmovedores en la densa atmósfera de la tragedia española, son atributos que llegan al corazón de los espectadores.
Ainadamar, deja de ser una fuente, o la historia de la actriz que intuyó el abismo fascista justamente cuando detectó a los falangistas entre el público que asistía al estreno madrileño de
Mariana Pineda el 24 de junio de 1927.
Ainadamar, la obra de Osvaldo Golijov, es el arte, la ficción sin la que el hombre no podría vencer jamás al desencanto y la tristeza que la realidad impone. Es el hombre ofreciéndose razones que le permitan vivir.