Teatro Colón Entrevista a Stefan Lano
Año 7 - N° 31 - Noviembre - Diciembre 2005



sábado, 19 de mayo de 2012
Un capitán acostumbrado a las tormentas

Una charla con Stefan Lano.

Recién designado Director Musical de la Orquesta Estable del Teatro Colón, el director norteamericano tiene una larga relación profesional y afectiva con la Argentina. Su visión del país y su fe en el futuro de su trabajo quedan reflejados en esta nota.

Como es de público conocimiento, Stefan Lano, uno de los directores más queridos en nuestro país (y también uno de los que más quiere a nuestro país) fue nombrado director musical de la Orquesta Estable del Teatro Colón.
Llegó a Buenos Aires, asumió su cargo y preparó un concierto, para luego ausentarse y regresar en diciembre. Durante ese lapso pudimos concretar esta entrevista vía correo electrónico. Justo en el momento en que el periodista estaba agradeciendo la generosidad de sus repuestas, la Secretaría de Cultura anunciaba la suspensión de la temporada del Colón. “Breaking news –le escribimos a Lano, al mejor estilo CNN-: Están cerrando el Colón. Cambio y fuera.” Pero el “cambio y fuera” resultó innecesario. Las respuestas de Lano son tan atemporales como oportunas para esta coyuntura crítica de la máxima institución musical argentina. Por eso, y porque apuesta a la continuidad del Teatro Colón, Cantabile consideró atinado reproducirlas a continuación.
—* ¿Qué le atrae de trabajar en un país tan conflictivo como la Argentina?* — Hay, de hecho, conflictos en la Argentina que deben ser resueltos y que no surgen de un día para otro, y por lo tanto requieren soluciones a largo plazo a nivel gubernamental. Un Director Musical de cualquier teatro debe ser consciente e identificarse con las condiciones del país y de la ciudad en la que ese teatro está ubicado. No es un secreto que tengo una larga historia con el Teatro Colón, durante la cual se desarrolló un profundo afecto no sólo por el teatro, sino por Buenos Aires. El Colón se mantiene, a pesar de los muchos cambios de administración de años recientes, como uno de los grandes teatros del mundo.

— ¿Le costó decidirse a aceptar el cargo?
— Aceptar la posición de Director Musical del Colón no exige para mí una meditación muy prolongada, dado que conozco bien el teatro y tengo una profunda fe en su gente. Si simplemente se nos deja hacer nuestro trabajo, la Argentina y el mundo serán testigos de un Teatro Colón como no se ha visto en muchas décadas. Esto será importante no sólo para la vida cultural de Buenos Aires, sino también para la Argentina, dado que el Colón es una ventana al mundo de alto perfil, y nuestro éxito se reflejará positivamente en la imagen del país en el mundo.

— ¿Considera que cambió mucho el Teatro Colón desde que usted comenzó a trabajar en él comparándolo con el momento actual
— Durante la década de 1990, Argentina y el mundo eran muy diferentes de lo que son ahora: la burbuja de la alta tecnología hizo creer a Estados Unidos que su economía era invencible: la Guerra Fría había terminado; la Argentina estaba apegada a su convertibilidad uno a uno entre el peso y el dólar, que creó una ilusión similar a la que tuvieron los Estados Unidos. Las ilusiones son efímeras, y en consecuencia hubo poca previsión sobre el futuro. Y ahora, aquí estamos con colegas de edad avanzada en todos lo sectores del teatro que no se pueden jubilar con dignidad porque no hay sistema que les garantice una buena una jubilación. Hay otro aspecto, sin embargo, que ha permanecido como era antes: con cada una de mis visitas al Colón desde 1993, siempre hubo una crisis detrás de la otra que interrumpía nuestro trabajo. Al final, sin embargo, presentábamos producciones de un nivel comparable a cualquier otro teatro del mundo. A pesar de todas nuestras vicisitudes, nuestros productos son de alta calidad.

— ¿Qué medidas habría que tomar para que la Orquesta Estable alcance un nivel internacional?
— Es erróneo creer que sólo aquellas agrupaciones que viajan a la Argentina pueden ser acreedores a esta etiqueta de “internacionales”. Es cierto que hay grandes orquestas en el mundo: la Filarmónica de Viena, la Sinfónica de Chicago, la del Concertgebouw de Ámsterdam, la Orquesta del Met, la Filarmónica de Berlín. Después de estas agrupaciones, las cosas decaen dramáticamente y, con la declinación de la industria discográfica, el campo de interpretación, en efecto, se ha nivelado. A modo de ejemplo: la Filarmónica Nacional Lituana, si tuviera un contrato importante de grabaciones, podría ser considerada una “orquesta de clase internacional”. Dichas etiquetas no tiene mayor validez hoy día. Como quedó demostrado el pasado 9 de octubre, hay que ir al Teatro, escuchar y formarse la propia opinión. Por momentos, podemos no sonar como su compacto favorito en el living de su casa. Pero con el tiempo, podemos sonar aun mejor...

— ¿Qué lugar tendrá en la estable el repertorio sinfónico-coral y el acompañamiento del Ballet?
— En nuestra temporada 2006 encontrará obras importantes para coro y orquesta, tanto en la temporada de ópera como de conciertos de la Orquesta Estable. En cuanto al ballet, parece razonable que tanto la Estable como la Filarmónica se ocupen de él. Yo también dirigiría una producción de ballet dado cierto repertorio.

— ¿Cuánto tiempo cree que será necesario para cumplir sus objetivos artísticos?
— Ciertos objetivos artísticos pueden ser alcanzados en el curso de una producción, pero otros no. La visión que comparto con Marcelo Lombardero pertenece a un Teatro Colón funcionando consistentemente a su máxima capacidad. Para lograr esto, se necesitan de diez a quince años.