Robert Schumann, en el 150º aniversario de su fallecimiento
Año 8 - N° 34 - Julio - Agosto 2006



sábado, 19 de mayo de 2012
Recital con acento francés de un Maestro del Canto.

Entrevista a Jose van Dam, como anticipo de su próxima visita a Buenos Aires para la temporada del Mozarteum.

Jose van Dam vuelve durante septiembre al escenario del Teatro Colón. Los días 18 y 20 a las 20.30 cantará para los dos ciclos del Mozarteum Argentino un mismo recital con obras de Duparc, Fauré, Debussy, Poulenc, Mozart, Gounoud, Massenet y Bizet. Claramente centrado en el repertorio francés con una combinación de canciones de cámara y arias de ópera, estos dos recitales contarán con el acompañamiento al piano de Maciej Pikulski.

El bajo-barítono belga vuelve a visitar Argentina, donde ya hemos tenido ocasión de escucharlo cantar no sólo recitales sino también una ópera completa: el Simon Boccanegra de 1995, dirigido por Miguel Ángel Veltri.
Este hombre de porte elegante, aspecto algo aristocrático y en alguna medida misterioso, es un referente permanente para lo que es el repertorio francés en su cuerda. Muy admirado por público y crítica en lo que a cuestiones estilísticas se refiere, es un gran estudioso, amplio conocedor de las obras que canta y se encuentra transitando ya su cuarta década de carrera artística (su debut fue en la Ópera de París en 1961). De canto siempre virtuoso en el cual se evidencia la muy buena preparación y base técnica que lo sostienen, en teatros grandes como el Colón su voz se aprecia mucho mejor en conciertos de canción de cámara y recitales como los que hará en esta ocasión.
Su amplia y continua trayectoria en los teatros líricos y salas de concierto más importantes de todo el mundo atestiguan una intensa actividad y un lugar indiscutido entre los cantantes internacionales de primera línea de su cuerda. Ha tenido no pocas colaboraciones discográficas, aunque sin un mega-contrato con algún sello grande que lo llevara a grabar toda su producción. Supo ser un cantante muy respetado y solicitado por los dos grandes directores que entre los 70s y el comienzo de los 90s acapararon los lugares de más importancia en la escena musical internacional: Herbert von Karajan y Sir Georg Solti.
El maestro de música (Le maître de musique) de Gérard Corbiau, una película que fue vista en el circuito comercial de cine y que en Buenos Aires tuvo buena repercusión, permitió apreciar una faceta actoral bastante interesante en su composición de un cantante ya retirado que entrena a dos jóvenes alumnos.

-El recital que va a cantar en el Teatro Colón ¿es un concierto para giras que canta en distintos países?
-No, este es un programa especial para Buenos Aires. En la primera parte será de canciones francesas (mélodie française) y en la segunda serán arias de óperas francesas. En este caso va a haber algo de Mozart también en la segunda parte, pero la idea es que sea un recital basado en repertorio francés.
En esta visita nuevamente me va a acompañar al piano Maciej Pikulski, quien desde ya hace doce años es mi pianista para recitales. Él es polaco pero vive en París y está naturalizado francés.

-Pero esa estructura de concierto no es la que más acostumbra, ¿verdad?
-Es correcto, para mis recitales de música de cámara es más común que yo haga en la primera parte repertorio de Lied alemán para pasar en la segunda a canciones francesas. Eso sería para mí un recital convencional, pero como yo amo el Teatro Colón de Buenos Aires, al cual considero uno de los mejores teatros del mundo, y el Colón es un teatro donde su público tiene mucha relación y un gusto especial por la ópera, entonces quise que el programa de los conciertos incluyera arias también.

-¿Y en qué se siente más a gusto, cantando recitales u óperas?
-Son cosas muy diferentes, me siento bien con las dos variantes ya que ambas tienen su atractivo. Habitualmente la canción, como en el caso de la mélodie française, es un producto más musical, es música pura, en tanto que la ópera está condicionada y teñida por múltiples cuestiones escénicas y un enfoque destinado a la representación, que la hacen no ser música en estado tan genuino. A mí me atrae mucho hacer ópera en una producción completa con escenografía, dirección escénica, etc., pero también me parece interesante cantar arias sueltas de ópera francesa que no son frecuentemente representadas, como es el caso de Lakmé o Les Pêcheurs de Perles. Hay veces en que esto se convierte en el único posible contacto que el público tiene con música muy interesante que de lo contrario debiera esperar años para poder escuchar, por ser tan difícil que se den todos los factores para que se haga una producción completa de una ópera algo marginal en el repertorio.

- ¿Y la apreciación del público es distinta en uno u otro caso?
-Sí, claro. Hay una realidad, el público va a “ver” una ópera o a “escuchar” un recital. En francés esta diferencia es evidente en el hablar de la gente: jamás nadie diría que va a escuchar una ópera. Y es correcto que así sea. Es por esto que del resultado artístico global, es sólo una parte la que le corresponde a la música en una producción operística. Como intérprete uno tiene que concentrarse en muchas otras tantas cuestiones: la actuación, las marcaciones de la régie, la interacción con los otros cantantes-actores y demás. Es atractivo porque se requiere otro tipo de compromiso que implica interacción en escena y uno está lleno de estímulos externos. En un recital todo esto alrededor del cantante no existe, y la vía de expresión y de interpretación es principalmente musical, pero basada en lo que uno genera internamente y no en lo que se recibe del exterior. Un ejemplo intermedio es una obra como La damnation de Faust de Berlioz, que ahora tengo muy presente por una producción maravillosa que estamos haciendo en París, en la Opera de la Bastille y que debo volver a cantar en unos días.

-Usted ha cantado roles tradicionales pero también ha hecho otros de música del siglo XX mucho menos transitados, inclusive cantó varios estrenos de ópera.
-Sí, me gusta hacer un poco de todo. Es fácil cantar cosas que la gente conoce y que siempre son exitosas con el público como Carmen, Faust..., pero yo creo que es una posibilidad muy importante la que uno tiene de interesar al público en música que no conozca tan bien, de acercar algunas propuestas no tan convencionales. A veces de autores bien conocidos, pero no aquello por lo que son típicamente recordados. En este sentido de difusión es mucho lo que uno puede hacer en recitales, aprovechando para incluir piezas que colaboren a que el público amplíe sus horizontes.

-Siempre demuestra un buen manejo idiomático tanto en la canción francesa como en el Lied alemán. En lo vocal, ¿qué encuentra de diferente entre uno y otro repertorio?
-La mélodie française es en general para voces más livianas que la mía: típica para tenores, barítonos livianos, al estilo de Gérard Souzay o Charles Panzera, que en las composiciones de Fauré, Debussy o Poulenc se movían con extrema comodidad. La canción alemana es tanto más grave en el sentido de densa e introspectiva. Schumann, Schubert o Wolf requieren de un temperamento e inclusive diría de una tesitura de canto totalmente distintas. En particular yo, por ciertas cosas del carácter de mi voz, que es más oscura y dramática, prefiero el repertorio alemán.
En la canción de cámara las escuelas nacionales han tenido una evolución distinta y divergente, donde seguro no hay un equivalente alemán a Debussy o a Poulenc, pero desde mi perspectiva no ocurre lo mismo con la ópera, donde las composiciones del romanticismo alemán no son tan diferentes del romanticismo francés más desarrollado. En roles operísticos yo siento tener con mis características vocales la misma idoneidad para los papeles tanto de un repertorio como del otro.

-¿El hecho de ser belga y haber crecido en un ambiente lingüístico y cultural variado lo ayuda en su naturalidad idiomática?
-Creo que sí. Todos en Bélgica hablamos dos idiomas al menos: el flamenco y el francés. Cada uno de ellos tiene un origen y una cultura asociada que son distintas, porque el flamenco está relacionado con la tradición más germana y el francés con lo latino. De hecho mis padres eran de orígenes distintos. Esto crea para Bélgica y para los belgas una posición de cruce cultural, que algunos otros países de Europa viven, pero que es muy interesante. Además hablo alemán e italiano, lo cuál me ha sido de mucha ayuda para las distintas obras que he cantado.

-¿Y en el caso de preparar algún personaje en una lengua que no habla?
-El único rol que canto sin poder comunicarme en la lengua de la obra es el protagónico de Boris Godunov de Mussorgsky. El ruso me parece un idioma maravilloso para cantar. Permite una espléndida combinación texto-música y me da algo de pena no hablarlo. El papel de Boris siempre me gustó mucho, y musicalmente lo preparé por primera vez en alemán. Es un personaje que con todo el contexto, las situaciones que se desarrollan a su alrededor y esa carga densa de tormento y culpa, tiene múltiples facetas interpretativas.
Cuando uno lo prepara no sólo tiene que estudiar todo el contexto y conocer bien lo que ocurre en la historia, sino que además, por no entender el idioma, es imprescindible aprender las líneas propias (en mi caso las de Boris), y además las de todos los otros personajes que interactúan con él. Si no se hace esto no hay manera de reaccionar actoralmente a lo que los demás cantan, es necesario saber el sentido exacto de lo que dice el resto de los personajes también, y en definitiva es como estudiar varios roles para una sola obra. Por esta razón es un gran esfuerzo preparar un personaje como este por fonética, pero estoy conforme con el resultado.

¿Hay roles que después de avanzada su carrera hoy en día ya no cante?
-Cuando era más joven cantaba muy frecuentemente el Fígaro de Las bodas, o el Escamillo de Carmen, pero hace ya un tiempo decidí dejar de cantarlos. Realmente son para cantantes más jóvenes, yo no concibo que alguien de más de sesenta años esté cantando papeles que dramáticamente están pensados para seductores juveniles. Creo que en esta instancia para mí es mucho más razonable interpretar el Hans Sachs de Die Meistersinger, Boris, Golaud de Pelléas et Mélisande, y otros tantos roles interesantes por otras cosas, que hacen que no extrañe esos papeles que me dieron mucha satisfacción, pero hace ya tiempo.

-¿Es selectivo y cuidadoso al momento de elegir qué cantar para preservar la salud de su voz?

-Hace más de cuarenta años que me dedico a esto y por suerte tengo que decir que canto todo lo que quiero cantar, y no tengo que privarme de nada que tenga ganas. Cuando uno empieza la carrera muchas veces tiene que ser exacto e inteligente al elegir qué es lo que debe cantar y en qué momento, qué cosas sería mejor no probar. Realmente hace falta planificación y también diría que paciencia. Para mí el período de asentar la voz claramente ya pasó, y de los roles que fui abordando con el tiempo, afortunadamente hoy en día no tengo que cuidarme de ninguno. No tengo que proteger mi voz más allá de darle el descanso que merece cuando no canto, y por supuesto nunca dejar de entrenarla y mantenerla activa.