Luego de las funciones de El lago de los cisnes en el Teatro Colón, y ya de regreso al seno del American Ballet Theatre, la bailarina argentina conversó con Cantabile sobre sus proyectos y su visión de los distintos aspectos de la actividad que llena su vida: la danza.Cuando uno tiene la variedad en casa, no hace falta buscarla de compañía en compañía. Y bajo esa regla de oro, Paloma Herrera cumplió ya quince años de permanencia en el American Ballet Theatre (ABT). Predilecta del público desde un principio, la historia de Paloma es bien conocida: sus comienzos bajo la guía de Olga Ferri, su premio en el Concurso Internacional de Ballet de Varna en 1990, su ingreso al cuerpo de baile del ABT al año siguiente, donde sería solista desde 1993 y principal dancer desde 1995, son los hitos que marcan su carrera. El constante desfile de los más nuevos coreógrafos junto con el permanente aporte de los clásicos fueron los puntos que convencieron a Paloma de que había encontrado su lugar en el mundo artístico en esa compañía.
Desde Nueva York, en plena temporada del ABT en el City Center, la voz de Paloma Herrera suena feliz, a pesar del duro periodo de ensayos que, recién llegada de Buenos Aires, afrontó con su acostumbrada disciplina, y de las funciones que ya han comenzado y que noche tras noche la tienen como protagonista.
- Tuvimos que aprender obras nuevas, como pasa siempre en estos ‘programas mixtos’-cuenta a
Cantabile, exultante-,
y algunas que si bien no eran nuevas, lo eran para nosotros, como Drink to me only with thine eyes
de Mark Morris. Es muy excitante trabajar con los distintos coreógrafos y poder adaptarse a sus diferentes estilos. Con algunos compartimos la creación de la obra, filman los ensayos y cambian constantemente de parecer; otros, como Twyla Tharp ya traen su concepto formado y la estructura de la obra muy bien armada, no introducen modificaciones espontáneamente. En esta temporada también hay una obra del finlandés Jorma Elo que es muy interesante.- Conociendo tu férrea autocrítica, nos gustaría saber qué impresión te causa verte filmada.
- En general, aunque ya estoy acostumbrada, no me gusta mucho, tengo decenas de videos de actuaciones mías que casi no veo. Pero en estos casos, es muy bueno verse filmada, tomar distancia de uno mismo. A veces, pienso que algún movimiento se vio mal o antiestético, y sin embargo al ver la filmación me doy cuenta de que no es así. Además, tomo conciencia de lo que quiere el coreógrafo desde un tercer plano, como lo verá el espectador finalmente.- ¿Qué temporada preferís, la del Metropolitan o la del City Center?
- En realidad, ambas tienen su encanto. La del Metropolitan está compuesta prioritariamente por obras completas, ballets de largo aliento, los ‘clásicos’ que permiten desarrollar un personaje. Y la del City Center, en cambio, tiene programas con obras cortas intercaladas con pas de deux de repertorio, que posibilitan que todos los ‘principals’ de la compañía se luzcan todos los días.- ¿Cómo se pasa casi instantáneamente de un ‘ultra clásico’ como
El lago de los cisnes a una obra de neto corte contemporáneo?
- Con mucho ensayo, mucha concentración y pasión. A mí me encanta ensayar y tomar clases, porque lo disfruto y sé que eso me da el training necesario para abordar todos estos desafíos diarios.- ¿Cómo ves la danza en la actualidad, las nuevas tendencias?
- Tengo la mente muy abierta hacia las nuevas tendencias, aunque a veces mi gusto no vaya parejo con el del coreógrafo. Hay veces en que yo no estoy muy conforme con los movimientos que me pide el autor porque pienso que no me quedan bien, pero estoy al servicio de la obra y los acepto. Lo que no acepto es la espectacularidad vacía, sin un contenido musical ni un concepto claro ni una estética determinada. Esto se ve en algunos coreógrafos nuevos, que con tal de hacer algo ‘under’ pierden el fundamento de la obra. Por eso me fascinan Nacho Duato o William Forsythe o Jiri Kylian, su musicalidad, su creatividad.- Dentro de los clásicos, ¿cuál es el personaje con el cual te identificás?
-
Amo los clásicos, Giselle
, Don Quijote
, El lago de los cisnes
. No me gusta uno más que otro. En algunos casos mi personalidad se encuentra más cómoda, como Kitri en Don Quijote
. En el segundo acto de La bayadera
, Nikia es un espectro, y es hermoso dar esa ilusión de flotar y ser fantasmal, pero no soy yo, es imposible que lo sea. Lo que sí es fascinante es tratar de imaginarse cómo se vería y se movería un espectro, y de esa manera transmitirlo. En cambio, sí puedo identificarme con la Nikia del primer acto que es tan pasional, tan enamorada. Lo mismo pasa con lo que tienen que vivir los personajes, cosas que yo nunca haría, como matar. Y ahí radica lo interesante: cómo representar y hacer creíble un personaje que difiere completamente con mi personalidad.- Hablando de clásicos, ¿a qué atribuís el hecho de que el público los siga aclamando?
- Que dentro de la mentalidad moderna la gente siga llenando las salas para ver Giselle
o La bella durmiente
, creo que obedece a la magia que tienen esas obras. El público puede relacionarse con esas narraciones fantásticas, y de alguna forma se identifica con ellas. Son obras que tienen que ver con la historia o la fantasía personal de cada uno. En cambio, otro tipo de ballets más abstractos llegan al público de otra manera, todavía tienen que hacerse un camino. Cuando alguien va a ver por enésima vez La bella durmiente
sabe que va a reencontrarse con un viejo conocido.Las consabidas funciones de
El cascanueces la esperan a Paloma para cerrar el año en diciembre. Luego vendrán las giras del ABT por los Estados Unidos en enero, y en febrero más giras, pero esta vez por Londres -que la compañía no visita desde hace más de quince años- y París.
- Por supuesto que estoy planeando mi vuelta a Buenos Aires- se apresura a aclararnos- Quiero que el público de mi país pueda ver lo que estoy haciendo afuera, y además disfruto muchísimo ese reencuentro para ‘cargar pilas’ y seguir adelante.