Camerata Bariloche 40º aniversario
Año 9 - N° 37 - Marzo - Abril 2007



sábado, 19 de mayo de 2012
Aliento largo e instinto fiel

La Camerata Bariloche, en el año de su 40° aniversario.

Con cuatro décadas de trayectoria, conviene repasar los mayores hitos de esta agrupación que llevó el nombre argentino por el mundo y que nació como un generoso proyecto cultural, hoy asociado de manera indisoluble a un público que descubrió en sus filas el entusiasmo y la energía de la música.

La continuidad es, sin duda, una de las mayores virtudes en una época donde lo efímero se valora más que lo permanente. Mezcla de constancia y obstinación, como en todas las buenas empresas, la permanencia durante cuatro décadas de la Camerata Bariloche no puede pasarse por alto.
Está, por un lado, la supervivencia institucional, y de eso esta agrupación sabe mucho, después de luchar por los apoyos iniciales para salir al mundo, atravesar el proceso militar que generó virtualmente la disolución de la Fundación Bariloche que los prohijó, y encontrarse, a fines de la década de 1990, con un mundo sustancialmente distinto de aquél que los vio nacer.
Del idealismo juvenil de los sesenta al pragmatismo cada vez más carente de sentido de la época actual, no parece ocioso preguntarse en qué medida esos objetivos que se planteó la Camerata Bariloche en su fundación no pertenecen a una realidad cada vez más lejana. Los Campings musicales en Bariloche, a los que los jóvenes músicos llegaban en tren, las giras para instalar un nombre en todas las latitudes, desde las más organizadas hasta las espontáneas “patriadas” en sitios remotos de nuestro país, los conciertos multitudinarios en los “teatros” de San Telmo (verdaderas casas chorizo acondicionadas para lograr un clima de irrepetible bohemia), los conciertos en la calles de las ciudades patagónicas, las presentaciones en simposios o en organismos internacionales, son postales tan nostálgicas como esas fotos de la Camerata en círculo con Alberto Lysy en el centro, en medio del paisaje barilochense, o encima el edificio Kavanagh, o de Elías Khayat en polera, Tomás Tichauer sonriendo junto al diapasón de su viola o la silueta de Güelfo Nalli y su corno frente a las banderas de las trágicas Olimpiadas de Munich de 1972. Cambian los contextos, las personas desaparecen, y el desafío vuelve a consistir en poder mantener la memoria, lo único que otorga unidad no sólo a las instituciones, sino a las personas mismas que somos desde nuestro ya irreconocible nacimiento.

Caminos y estéticas
Por otro lado, está la supervivencia artística. Cuando la Camerata nace, la idea de interpretar música barroca por ensambles reducidos, basados en la horizontalidad de sus miembros, mientras Karajan y la Filarmónica de Berlín se obstinaban en seguir grabando los Conciertos brandeburgueses y hasta el apócrifo Adagio de Albinoni, era por cierto indispensable. Los modelos europeos como I Musici, I Solisti Veneti, la Academy of Saint Martin-in-the-Fields o hasta Los solistas de Zagreb, de los que nadie podía dejar de tener un disco, daban una respuesta a la necesidad de echar un aire fresco al tufo romántico que velaba la interpretación de la música barroca. La Camerata nace justo para colocarse en la cresta de esta ola, y lo hace con excelencia. Los grupos historicistas, desde el pionero Concentus Musicus Wien, de Nikolaus Harnoncourt, apenas habían ganado el rótulo de especialistas, y sus productos eran para un circuito erudito y limitado, tanto como sus investigaciones y sus repertorios originales. Es cierto que la Camerata tampoco se niega desde un comienzo a estas corrientes, como lo prueba la presencia de René Clemencic en la primera de sus grabaciones. Pero la década de 1980, con la aparición del disco compacto y su catarata historicista, impecablemente grabada, subvirtiendo acentuaciones, tempi y articulaciones que parecían inamovibles, vino a poner en crisis la pervivencia de los ensambles que, de ser novedosos en su momento, pasaban ahora a integrar las filas de la reacción por el solo hecho de tocar con instrumentos modernos y técnicas de ejecución tradicionales.
Así y todo, el tiempo premia a los obcecados y los tesoneros, y hoy la saludable convivencia de ambos tipos de ensambles, sumada a la retroalimentación que los grupos tradicionales hicieron de las técnicas de ejecución historicistas, parecen haber disipado esas anticipadas acusaciones de obsolescencia.

Una historia
Cuenta el chelista Oleg Kotzarew que los orígenes de la Camerata se remontan a fines de 1965, cuando Linda Rautenstrauch-Bracht, una austríaca, pianista melómana, cofundadora del Mozarteum y directiva de Amigos de la Música, lo convoca al Camping Musical Bariloche. La metodología era entrenar a jóvenes intérpretes y una vez por semana mostrar los resultados en un concierto, ya fuera en la Biblioteca Sarmiento del Centro Cívico, o los hoteles Tunquelén o Llao-Llao, lugares todavía vinculados al quehacer musical. Allí coincidieron, por alquimia del azar, músicos bisoños como Alberto Lysy, Haydée Francia, Andrés Spiller, Elías Khayat… Pasaban a formar parte de un ritual que el matrimonio Rautenstrauch mantenía vivo desde 1949.
El encuentro de tantos talentos disparó, en el verano siguiente, un fuego sagrado: el 1º de enero de 1967 nacía el Programa de Música de la Fundación Bariloche, institución ésta que, con fines primordialmente científicos, no ajenos al desarrollo de la física nuclear en ese rincón rionegrino, decidió apoyar un proyecto educativo en el que convergieran becarios, músicos profesionales, invitados y extranjeros, y que el 1º de octubre de 1967, ya formado como ensamble, dio su primer concierto con el nombre de Camerata Bariloche en la casa de la Presidenta de Amigos de la Música. Fue en la intersección de las porteñas calles de Conde y Juramento, tras escapar por inclemencias atmosféricas del Museo Pueyrredón, donde estaba prevista la velada. Dos semanas antes, aun sin nombre oficial, el grupo había roto el hielo en Bariloche. De allí en adelante, una primera gira relámpago por Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y la lisa y llana conquista del mundo, con tal intensidad que excedería los límites de cualquier nota periodística.
El criterio de tocar de pie, en semicírculo, todos de frac, y de integrar al solista a la hora de saludar, para refirmar ese concepto de horizontalidad, fue parte de una impronta rápidamente captada en todo el mundo y que, sumada al entusiasmo desbordante de los músicos, contagiaba una manera eficaz y entrañable de hacer arte.
La aparición en televisión, no aislada sino sostenida (ciclo en Canal 7, Sábados circulares de Mancera) y hasta en los noticieros previos a las películas (quien esto escribe recuerda el impacto al escuchar la propaganda de la Camerata inundando de música barroca la extinta sala del cine Gran Norte), fueron generando en el público algo que trascendía la construcción de una marca registrada, y se vinculaba directamente con el afecto y la energía de la música.

Años y claves
1970 es un año clave para nuestros historiados: la Fundación Bariloche crea un Departamento de Música a la medida del exitoso ensamble, éste se presenta por primera vez en el Colón con siete bises, y llega hasta Oriente, deslumbrando a Tokyo. 1970 también es el año en que Alberto Lysy abandona la agrupación al borde de una gira internacional, para irse a residir a Europa. Khayat es el elegido para reemplazarlo, pero éste señala a Rubén D´Artagnan González, quien acepta el desafío desde el exterior, hasta 1973, cuando comienza el largo y efectivo reinado del actual concertino de la Orquesta Estable, que se extenderá durante dieciocho años. Con un Departamento que podía financiar el proyecto cultural –expresión que, conviene destacarlo, incluía a la Camerata, y no viceversa– se realizan siete Festivales de Música de Cámara en Bariloche, hasta 1976.
Tras el golpe de estado cesa el Departamento de Música de la Fundación Bariloche y la Camerata se convierte institucionalmente en lo que es hasta hoy: el Centro de Música de Cámara. Con esfuerzo, la agrupación se va reponiendo hasta alcanzar, entre 1984 y 1989, un promedio de ochenta conciertos por temporada. El haber para entonces es generoso: presentaciones en 35 países, un repertorio original de autores argentinos que han decidido componer para la agrupación: Arizaga, Picchi, Graetzer, Gandini, Piazzolla, Sáenz, Zorzi por sólo mencionar a algunos. Han inspirado a Raúl Soldi una serie de pinturas, es la única orquesta argentina presente en el Centenario del Carnegie Hall, participan de las celebraciones por el medio siglo de la llegada de Falla a la Argentina, con la sobrina del compositor, realizan la primera ejecución al aire libre de la Música Acuática de Händel en el Hipódromo de Palermo, y se abren a la presencia creciente de la música popular, desde aquella primera colaboración con Eduardo Falú, hasta la magia ubicua del tango piazzolliano.
También vendrán más momentos de zozobra económica, y las necesarias renovaciones: en 1993 Fernando Hasaj asume la dirección musical, y en 1997 Pedro Pablo García Caffi la dirección de producción artística. La Camerata accedió por derecho propio a su ciclo en el Colón, mantuvo su nivel de grabaciones discográficas (aunque la mayoría de las realizadas en la primera década y aun después son inhallables), acompañó por primera vez una ópera completa (la Ariadna en Naxos de Buenos Aires Lírica, en 2004) y, como evidencia este último ejemplo, ha tendido a ampliar sus filas para abordar nuevos repertorios, ora contemporáneos, con su mayor complejidad tímbrica, ora sinfónicos hasta el primer romanticismo, con sus orgánicos más nutridos, dejando de lado las obras de cámara de formación tradicional que ejecutaba en una primera época.
Este será sin duda un año de festejos porque una orquesta en la Argentina cumple cuarenta años. Medir la distancia con esos objetivos originales, y aun con esas postales que destilan melancolía, puede ser un buen ejercicio para reinstalar la Camerata como un proyecto cultural, tal como indica su partida de nacimiento, y revivir ese entusiasmo que respiraban discos como “El barroco”, con esos formidables Telemann, Händel y Bach llenos de luz y vitalidad. La fidelidad a una idea y a un espíritu están en la clave de la memoria y por lo tanto, de la calidad de esa ansiada supervivencia que hoy aparece fuera de discusión. Será por eso que, parafraseando a una canción que homenajea la constancia del caballo criollo, uno de los primeros descubridores de la Camerata, Napoleón Cabrera, bautizó al gran conjunto argentino como aquél del “aliento largo y el instinto fiel”.

Fuente informativa: Oleg Kotzarew, Camerata Bariloche, 30 años de música en el mundo, Ediciones Caligraf, Fundación Bariloche, Buenos Aires, 1998.



El proyecto 2007
Para celebrar sus cuarenta años, la Camerata Bariloche se plantea un ambicioso programa de actividades:

1.Gira Nacional entre marzo y septiembre. Abarcará las 23 ciudades capitales de provincia.
2.Edición del CD “Memorial 40” con la historia sonora los 40 años de carrera artística, incluyendo los registros de Alberto Lysy como primer director.
4.Edición del CD “Concerto per Archi”, con obras de Shostakovich, Rota, Janacek y Hindemith, grabado en abril y mayo de 2006.
Grabación y edición del CD “Colección Piazzolla”, incluyendo las obras que Piazzolla estrenó con la Camerata.
5.Exposición “Retratos de la Música” en la que se exhibirán trabajos fotográficos de los integrantes de la Camerata Bariloche.
6.Gira Patagónica por las provincias de Río Negro, Neuquen, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
7.Primer Concurso Nacional de Jóvenes Intérpretes en el que se elegirá al mejor violinista joven de nuestro país, el que se presentará como solista junto a la Camerata en su concierto celebratorio en Buenos Aires.
8.Concierto del 40° Aniversario el 28 de septiembre en el Estadio Luna Park.
9.Edición del libro “Camerata Bariloche, 40 Años de Música en el Mundo” que contendrá material histórico y actual de la Camerata, y reproducciones de las obras de arte dedicadas a la orquesta.
10.Concierto 40° Aniversario en Bariloche, el mismo día y en la misma sala donde la Camerata actuara por primera vez el 17 de septiembre de 1967, con transmisión “en vivo y en directo” a todo el país, y la presencia de autoridades nacionales, provinciales y personalidades de la cultura, del arte, el espectáculo y el periodismo.
11.Estreno de la obra Cameratangos, especialmente escrita para la Camerata por Néstor Marconi, en Conciertos Pilar Golf, el 14 de abril.
12.Giras internacionales por Europa (occidental y central), Estados Unidos y América Latina.