Thomas Hampson
Año 9 - N° 39 - Julio - Agosto 2007



sábado, 19 de mayo de 2012
Con todo lo necesario para llegar a buen puerto 

Con El holandés errante, Buenos Aires Lírica ofrecerá el primer título wagneriano fuera del Teatro Colón en la historia reciente. Una conversación con su director musical, Guillermo Brizzio.

Buenos Aires Lírica apuesta a poner en escena una ópera de Wagner. Un hecho inédito por muchas décadas en el país, a lo largo de las cuales las óperas del compositor se han representado exclusivamente en el Teatro Colón. Con un elenco de importantes figuras locales encabezado por el artista trasandino Homero Pérez-Miranda (asiduo invitado de la asociación; véase recuadro), El holandés errante contará con la régie de Fabian von Matt y la dirección musical de Guillermo Brizzio, con quien conversamos sobre la obra y su preparación.

Al momento de realizar esta nota promedia el mes de junio y faltan algunas semanas para el estreno de El holandés errante, tercer título de esta quinta temporada que Buenos Aires Lírica ofrece en el Teatro Avenida. Tras un largo y meditado trabajo previo han comenzado los ensayos de un drama musical que, por los desafíos que implica, genera especiales expectativas entre los melómanos de nuestro medio. Guillermo Brizzio, entre cuyas especialidades se cuenta el repertorio alemán, dialoga con Cantabile.

-¿Por qué las óperas de Wagner sólo son hechas en teatros grandes con mucha infraestructura?

-Yo haría un par de salvedades en ese sentido. No es necesariamente así en general, puede serlo en Argentina, pero hay muchos teatros de Alemania o de otros lugares de Europa donde se hacen obras de Wagner en salas para menos de 800 personas. Depende mucho de las dimensiones del escenario y las características de la puesta en escena que se quiera hacer; diría que la producción es mucho más condicionante que lo musical en ese sentido. En nuestro país es cierto que pareciera que sólo el Colón se dedica a hacer sus obras, pero no porque no puedan hacerse en otro lado. Tampoco considero que sea un requerimiento indispensable que haya un foso para más de ochenta músicos.

-Eso depende de qué obra de Wagner se trate, ¿verdad?
-Por supuesto. Es muy diferente hacer La Valkiria, que de movida lleva ocho cornos y el tamaño de la sección de los metales genera un verdadero problema de ubicación de los instrumentistas. Pero en el caso de El holandés errante se trata de una orquesta mucho más clásica, con maderas por dos salvo las flautas, cuatro cornos, dos trombones, dos trompetas. Casi todo es sólo por dos, no hay complicación en número ni de maderas ni de metales. Lo único que aparece como condicionante es que por las dimensiones del foso del Teatro Avenida, las cuerdas deban ser reducidas a una especie de mínima expresión, seguramente con algo menos de la densidad sonora que uno idealmente buscaría, pero todavía en un número muy adecuado.

-¿Cómo definiría a esta ópera?
- El holandés es una ópera clásico-romántica al estilo, podríamos decir, de Der Freischütz de Carl Maria von Weber, en clara anticipación pero a cierta distancia de lo que después sería el Wagner que se considera más representativo y maduro. Habiendo ya dirigido el Faust de Gounod en el Teatro Avenida, una obra con un sinfonismo similar al del Holandés, creo que la idea de hacer una obra de Wagner como esta en lugares así es absolutamente razonable y posible.

-¿Y en lo técnico hay otro tipo de complicaciones?
-Técnicamente el escenario es modesto en dimensiones pero creo que todo está bien resuelto desde la puesta, y por supuesto no se va a recurrir a una escenografía realista en la cual, por ejemplo, aparezca un barco. Hay múltiples maneras de generar el contexto y la ambientación haciendo uso de la iluminación y otros elementos más simbólicos.

-¿Considera importante que haya propuestas de este tipo de repertorio fuera de los teatros oficiales?
-Sí, porque el público que se está formando gracias a las asociaciones que actualmente hacen ópera en Buenos Aires, necesitaba tener acceso a un Wagner con este nivel de difusión, y en espacios más accesibles que el a veces intimidante Teatro Colón, que por lo solemne en algunas ocasiones no es bueno para atraer nuevas audiencias. Creo que lo bueno es transitar algo más que el repertorio que va de Mozart a Verdi. Buenos Aires Lírica ha hecho Puccini, Ariadna en Naxos de Strauss, que ya es un gran desafío desde el punto de vista musical, obras de Händel, una ópera rusa, y todo esto ha marcado una trayectoria que permite sentir que están dadas las condiciones para hacer Wagner, en especial esta ópera, que como decía anteriormente, es bastante clásico-romántica dentro de la producción del compositor, y de una etapa previa a aquella en que sus partituras empezaron a demandar una formación megalítica de la masa orquestal. Por otro lado también es comparativamente “corta”, ya que con apenas dos horas diez minutos de música es un espectáculo substancialmente más breve de lo que sería el estándar de la producción wagneriana posterior.

-Para usted, que actualmente es Director de Estudios del Colón, ¿qué diferencias operativas existen entre trabajar para un teatro oficial o dirigir óperas para una asociación como BAL?
-Buenos Aires Lírica ha apostado desde un principio a hacer un trabajo artístico con tanta seriedad y rigurosidad como cuando se trabaja en el Colón o en cualquier teatro importante del mundo. Sin ir más lejos yo quise tener la misma cantidad de ensayos para la preparación de este Holandés que los que tengo para una obra de las que dirijo en el Colón, así que estamos cubiertos en este aspecto. Siendo así y con la regularidad de trabajo que tiene la gente que trabaja para la asociación, se llega a resultados artísticos como los que se consiguen en un teatro con cuerpos estables. Yo había empezado a trabajar con BAL antes de ser nombrado Director de Estudios en el Colón, así que si actualmente me convocan yo acepto con mucho gusto, porque me une cierto afecto y me da gusto volver a trabajar en el Avenida. La función que tengo en el Teatro Colón es muy absorbente y no me da mucha disponibilidad de tiempo, pero estando dentro de mis posibilidades es muy grato trabajar con una asociación como esta, porque cuando las cosas se hacen con respeto, con una verdadera intención de que el hecho artístico esté por encima de otros intereses, uno se ve inclinado inevitablemente a colaborar en ese proceso. Esto es curioso, pero a veces en teatros oficiales, y más por razones políticas que por otras, es difícil lograr que todos estén pensando en que el principal objetivo sea alcanzar el mejor resultado artístico. En ese aspecto sí puedo reconocer diferencias en algunos casos entre trabajar en una gran estructura como el Colón, y preparar una obra individualmente para una institución.

-¿Y cómo es su actividad en el Colón durante este año tan especial del Masterplan?
-Es un año muy difícil. Hemos tenido problemas no solamente para coordinar ensayos, sino también de no tener siquiera lugar físico para hacerlos. Permanentemente tenemos que buscar alternativas dependiendo de la situación. El coro y el ballet están ensayando en otra sala, fuera del Colón. La orquesta estaba trabajando en el teatro y ahora hay una parte muy importante de la obra edilicia que está afectando el lugar donde ensayábamos, y eso nos lleva a tener que mudarnos a otro espacio. Todos los días cambia la realidad, se van acotando las alternativas y se va haciendo más complejo resolver en tiempo y forma las necesidades, pero intentamos darles solución. Afortunadamente esta es una temporada comparativamente corta por no tener tantos títulos, porque sino sería inclusive más complicado. Estábamos trabajando las lecturas de Sansón y Dalila en la Facultad de Derecho y recién ahora, más avanzados los ensayos, vamos a poder empezar a ensayar en el Coliseo. Como al mismo tiempo estamos organizando giras, la problemática es casi diaria y no hay manera de planificar a largo plazo, se va resolviendo lo que aparece. Esta es la realidad que estamos viviendo y tratamos de llevarla lo mejor posible.


El holandés errante (Der fliegende Holländer)
Ópera romántica en tres actos
Música y texto de Richard Wagner

Dirección musical: Guillermo Brizzio
Régie: Fabian von Matt
Diseño de escenografía: Pilar Camps
Diseño de vestuario: Sofía Di Nunzio

Holandés: Homero Pérez-Miranda
Senta: Mónica Ferracani
Daland: Hernán Iturralde
Erik: Enrique Folger
Timonel: Santiago Bürgi
Mary: Marta Cullerés

Coro de Buenos Aires Lírica (director: Juan Casasbellas) y orquesta.
3, 5, 7, 9 y 11 de agosto en el Teatro Avenida