Thomas Hampson
Año 9 - N° 39 - Julio - Agosto 2007



sábado, 19 de mayo de 2012
“I hear America singing” 

Un retrato del barítono Thomas Hampson, con motivo de su debut en el país.

El barítono norteamericano se presentará por primera vez en el país los días 30 y 31 de agosto en el Coliseo para el Mozarteum Argentino. Hará canciones del Wunderhorn mahleriano, un repertorio que está actualmente grabando y llevando por el mundo. Perfil de un artista que es también un intelectual, artífice de la Fundación Hampsong, que ve en el canto un objeto de placer y estudio y una forma esencial de nuestra civilización.

Casi no parece norteamericano. Al menos para ciertos estereotipos fácilmente identificables en este rincón del mundo. Pero Thomas Hampson es todo lo contrario de un estereotipo, dueño como es de una calidez poco común, que se transfiere de su apariencia física a su canto, y de una carrera tan cuidada como profunda. Su residencia en Viena va de la mano de un marketing prudente, muy europeo. Un artista en el que conviven la versatilidad artística y la inquietud por la investigación. En suma: uno de los más grandes cantantes consagrados de la actualidad, que visita nuestro país por primera vez en el cenit de su carrera gracias a los buenos oficios del Mozarteum Argentino, institución que suple, casi sin quererlo, esas temporadas internacionales que, en décadas pasadas, hubieran permitido apreciar a Hampson en una producción operística en el Teatro Colón. Hoy, con la sala de la calle Libertad cerrada aun para el ciclo del Mozarteum, esa falencia debería convertirse en una excusa –por qué no- para volver a invitarlo a nuestro país en el futuro.

Profundo mahleriano
Transitando sus cincuenta y dos años, Hampson va a la delantera de muchos de sus igualmente célebres colegas de cuerda, como Bryn Terfel o Simon Keenlyside, y por detrás de otros ya veteranos como Jose van Dam o Samuel Ramey. Su visita prevé dos actuaciones en el Teatro Coliseo, los días jueves 30 y viernes 31 de agosto, acompañado por la Gustav Mahler Jugendorchester, dirigida por Philippe Jordan.
El ángel tutelar de esta agrupación que fundó Claudio Abbado en Viena, en 1986, no es casual: Hampson será acompañado por ella en Lieder mahlerianos del periodo de Des Knaben Wunderhorn. Sin más precisiones de programa, el anuncio hace desear que se incluyan algunas de las canciones tempranas de Mahler, como las que Hampson grabó con Luciano Berio y la Orquesta Philharmonia, con arreglos del compositor italiano, aunque esto sea improbable. Pero tampoco sería poca cosa si recorriese, esperamos que con generosidad, esas gemas del Mahler juvenil que son la fuente, en fondo y forma, de su mundo sinfónico, y en particular de las sinfonías del “Cuerno maravilloso”.
Hampson se encuentra totalmente inmerso en este repertorio de canciones, que acaba de grabar por primera vez en el marco de una serie ganadora del Grammy y en cuya edición crítica está colaborando activamente. Con la Sinfónica de San Francisco y bajo la batuta de Michael Tilson Thomas, realizó una gira en mayo pasado que incluyó Nueva York, Viena y Praga -todos sitios signados por el compositor bohemio-, como parte de un proyecto que culminará en septiembre de este año, cuando Hampson grabe en San Francisco La canción de la tierra, otra de las obras que tiene en su actual repertorio.
Es este un año intenso para el barítono: también a fines de mayo debutó en Rusia, en el Festival Noches Blancas de San Petersburgo, en la inauguración de la sala reconstruida del Mariinski. Acompañado por el pianista Wolfram Rieger, ofreció canciones alemanas y norteamericanas. En junio, también le llegó el turno a la ópera, con Arabella en Zurich y Thaïs en el Covent Garden. Y en agosto, Buenos Aires. ¿Podremos tentarlo con alguna canción argentina?

El artista
Para abordar un repertorio tan profundo -junto con otro más ligero en el que también triunfó, como es el de la opereta- es preciso saber que Hampson es cantante, pero también actor, estudioso, docente, fanático del golf, bibliófilo y amante de las nuevas tecnologías.
Nacido en Indiana y formado en Spokane, Washington, comenzó su carrera a los diecinueve en una producción de Hänsel und Gretel. Poco después tuvo el privilegio de estudiar con Martial Singher, Horst Günter y Elisabeth Schwarzkopf, entre otros.
A los veinticuatro lo encontramos ya en Europa, en la Opera de Düsseldorf y luego en la refinada Zürich, donde colaboró con Jean-Pierre Ponnelle y Nikolaus Harnoncourt, participando desde entonces en cada temporada.
A partir de allí comenzó la catarata: su exitoso Mozart (Don Giovanni, Figaro) y Barbero, su Verdi (Macbeth, Simon Boccanegra, el Germont en La traviata), su Wagner (Amfortas) junto a algunas perlas: el Hamlet, de Thomas, o la versión para barítono de Werther. Tampoco rehuyó partituras más actuales, como Doktor Faust de Busoni, Rey Roger de Szymanowski, Billy Budd de Britten, El príncipe de Homburg, de Henze, o Der Riese vom Steinfeld, de Cerha, que estrenó mundialmente en Viena en 2002.
En su carrera no faltó lugar para la música sacra (Bach, los oratorios de Mendelssohn) ni para la opereta (Léhar, Johann Strauss) y obras del género ligero de Cole Porter, a quien admira especialmente, Irving Berlin y Leonard Bernstein.
Precisamente el nombre Bernstein aparece inescindible de su acercamiento a Mahler, producto del encuentro con el maestro estadounidense durante los años finales de su vida, en los que dejó, para bien de la posteridad, algunas de las mejores grabaciones de las sinfonías de Mahler, sin abdicar de esa desbordada pasión romántica que ha vuelto a esos enfoques por lo menos polémicos frente a los más objetivos de Boulez o Chailly.
Sin embargo, en el Lied mahleriano esa sensualidad que Bernstein manejaba con tanto carisma nunca es excesiva, y Hampson asumió esa consigna con el inefable lirismo de su voz.
Su pasión por este tipo de repertorio se extiende a Schubert, Richard Strauss y Hugo Wolf, así como últimamente a compositores de su propio país. La gira 2005/6 ha sido una prueba de este reciente amor no exento de cierto nacionalismo: bajo el título “Song of America”, Hampson recorrió doce ciudades de los Estados Unidos con el auspicio de la Biblioteca del Congreso de Washington, difundiendo exclusivamente el repertorio norteamericano, y promete continuar este año.

“Hampsong”
Para permitir a otros desarrollar esas mismas aptitudes que tanto disfruta, Hampson, jugando con su apellido, creó en 2003 la Fundación Hampsong.
“La canción –declara el cantante- es una metáfora de la imaginación: es pensamiento poético encapsulado en música. La poesía, en sus diversas formas, se guía por el instinto básico de contar la historia de la existencia”.
Casi nada como declaración de principios para una institución que tiene por objeto el perfeccionamiento pero también algo menos frecuente: la investigación sobre el canto como manifestación fundacional de la cultura, que Hampson defiende como “la curiosidad por todo lo que no podemos ver pero podemos sentir (…) El diario de esta búsqueda humana se encuentra en las canciones de cada cultura. Hay algo inherentemente vital e indestructible en la canción y el cantar: de hecho, si nuestra civilización fuera destruida y debiera ser reconstruida, el primer síntoma de vida que aparecería sería el canto.”
La página www.hampsong.org contiene varios de los resultados de las actividades encaradas bajo la forma de ensayos, imágenes y material de audio y video.

El intelectual
Hampson afirma con sus palabras lo que alguna vez definió Chesterton: que “divertido es lo contrario de aburrido, no de serio." “Esto es lo contrario de lo que quiere hacernos creer la industria del espectáculo”, afirma, como parte de una serie de reflexiones que parecen provenir más de un intelectual que de un cantante.
En Hampson ambas cosas van de la mano. En su página recomienda libros –sí, libros- de esos que nunca conocerán estas tierras pero que deberían ser editados, y que dan cuenta de la historia de la canción norteamericana (Judith Carman), de puesta en música de la poesía (Michael Hovland), del arte del recital (Shirley Emmons, Stanley Sonntag), el estilo literario de las canciones (Carol Kimball), entre muchos otros que dan una sana envidia en el páramo de la literatura sobre música en español.
Entre los proyectos de investigación encarados con el auspicio de la Hampsong Foundation, se encuentran los llamados Salzburg Projects (2001/05), dedicados a Mahler, Dvorák, Wolf y el Legado norteamericano de la canción y la poesía. Los trabajos de investigación 2001/06 incluyen el mencionado proyecto “Song of America”, otro dedicado a Des Knaben Wunderhorn; Schumann y Heine (sobre los orígenes del Dichterliebe) y “Walt Whitman: El bardo de la democracia. Relaciones entre literatura y música”.
Esa impronta whitmaniana -tan cara a nuestro Borges, por otro lado- y esa energía democrática que respiran todos los proyectos de Hampson, quedan sintetizadas en ese poema de Whitman (“I hear America singing…”), que define uno de los proyectos de su Fundación, y que vale la pena traducir, con todo el riesgo que ello conlleva: “Oigo cantar a América; sus variados villancicos oigo / Los de los mecánicos, cada uno cantando el suyo, como debe ser, fuerte y jubiloso / El carpintero cantando el suyo, mientras mide sus planchas y sus vigas / El albañil cantando el suyo, mientras se prepara para el trabajo o al terminar la jornada / El remero cantando lo que le pertenece en su bote, el grumete cantando sobre la cubierta de su vapor / El zapatero cantando cuando se sienta en su banco, el sombrerero cantando cuando se pone de pie / La canción del leñador, del campesino empuñando el arado en la mañana, o en la pausa del mediodía, o en el atardecer / El canto delicioso de la madre, o de la joven esposa trabajando, o de la niña cosiendo o lavando / Cada una cantando lo que le pertenece a ella, y a nadie más / El día lo que le pertenece al día / Y a la noche, los jóvenes reunidos, robustos, amistosos / cantando a voz en cuello sus fuertes canciones melodiosas…” (*)
Nada mejor que estas líneas para sintetizar el ideario de Hampson.

(*) _I hear America singing, the varied carols I hear;/ Those of mechanics—each one singing his, as it should be, blithe and strong;/ The carpenter singing his, as he measures his plank or beam, / The mason singing his, as he makes ready for work, or leaves off work;. / The boatman singing what belongs to him in his boat—the deckhand singing on the steamboat deck;. /
The shoemaker singing as he sits on his bench—the hatter singing as he stands;. / The wood-cutter’s song—the ploughboy’s, on his way in the morning, or at the noon intermission, or at sundown;. / The delicious singing of the mother—or of the young wife at work—or of the girl sewing or washing—Each singing what belongs to her, and to none else;. / The day what belongs to the day—At night, the party of young fellows, robust, friendly,./ Singing, with open mouths, their strong melodious songs.. De “Hojas de hierba”, Traducción: D.V.C._