Thomas Hampson
Año 9 - N° 39 - Julio - Agosto 2007



sábado, 19 de mayo de 2012
La música como factor de rescate social 

La Orquesta Escuela de Chascomús realiza una tarea a favor de niños y adolescentes de un sector carenciado de la sociedad, que es clara muestra de un ejemplo a seguir.

A la casa que está a metros de la esquina de Jorge Newbery y Colón, a unas diez cuadras del centro de Chascomús, los chicos llegan a pie, en bicicleta, en auto. Casi todos con algún instrumento. Violines, violas, clarinetes, trompetas, violonchelos, flautas. Los menos se encontrarán con los suyos allí, en la sala que los guarda, entre humedades y techos con fecha de defunción. Así, en condiciones que excluyen la palabra confort, la Orquesta-Escuela de Chascomús construye una historia que en menos de un año cumplirá una década.

Mientras María Valeria Atela estudiaba musicología en la UCA, disciplina que sumó a su formación como pianista y directora, presentó un proyecto de Orquesta Juvenil para su ciudad. La municipalidad local aprobó la iniciativa y enseguida inició sus actividades la que al poco tiempo se convertiría en Orquesta-Escuela, con Atela a su cargo.
La carpeta institucional precisa: “Nació en 1998 como una propuesta social y artística. La idea fue brindar a chicos y adolescentes de escuelas locales una vía alternativa en su formación, con la música como vector de ese proceso, y con la mira puesta en los sectores en situación de riesgo”.
Se incorporaron dos colegios por año, uno céntrico, con predominio de una problemática de violencia y desmembramiento familiar, y uno de la periferia, con la pobreza como mayor urgencia. Hoy, más de 300 chicos de entre 3 y 21 años se reparten en las Orquesta Pre Infantil, Sinfónica Infantil, Infanto-Juvenil y la Camerata Estudio, además de tres núcleos que funcionan en escuelas.
La convocatoria fue a través de conciertos didácticos. Santiago Velazco (13) cuenta que cuando la orquesta pasó por su colegio no dudó: “Me gustó mucho el contrabajo y me anoté”. Aunque la directora se lo cambió por el violonchelo, Velazco no desanimó y cuatro años después se piensa músico para siempre.
Como Gonzalo Pintos (16), quien se incorporó en 2001, después de un didáctico que dieron en su escuela, en El Hueco, uno de los barrios más pobres de la ciudad. Desde entonces el violín forma parte de su cotidianeidad, y de la de sus amigos, con quienes comparte su gusto por el reggaetón y la cumbia. “Al principio me cargaban. Ahora me hacen acordar de los horarios de ensayo y de clases”, se ríe. Gonzalo también ve en la música un posible medio de vida, y a eso apunta con las clases particulares que toma con la beca que le da la orquesta.
De a poco, con mucha ayuda y más de una promesa incumplida, el proyecto avanzó y se instaló como un patrimonio local. El apoyo permanente de la UNSAM, colaboraciones personales y de empresas; becas, premios y subsidios de instituciones oficiales y privadas, contribuyeron a la compra de instrumentos y a su funcionamiento. Aparecieron los reconocimientos oficiales, privados y de personalidades de la cultura.
Fue declarada de interés cultural y municipal, por el Consejo Deliberante de Chascomús; parlamentario, por la Cámara de Diputados nacional; legislativo, por su par de la provincia de Buenos Aires; y recibió el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación. En 2005 fue adoptada como modelo del Programa Provincial de Orquestas. Con todo, el cuerpo sigue sin tener una sede propia y, con los recursos que recibe, debe obrar milagros para desarrollar sus actividades.
El apoyo del maestro José Antonio Abreu, creador del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, fue determinante para que la Orquesta Escuela organizara dos encuentros orientados a compartir y multiplicar las experiencias de jóvenes músicos.
En el segundo de ellos, realizado en mayo, más de 180 integrantes de 31 formaciones juveniles e infantiles del país y América del Sur convivieron durante una semana de intenso trabajo, con una treintena de maestros de las más relevantes orquestas nacionales y de siete profesores del sistema venezolano a cargo de las clases. El concierto final, que incluyó obras de Tchaikovsky, Beethoven, Bach y Bizet, testimonió la labor de esos días sin descanso.
Es habitual que la difusión de las actividades de orquestas como la de Chascomús, que conjugan lo artístico con lo social, resalte el segundo aspecto.
Sin embargo, la evolución artística de la Orquesta-Escuela obliga a cambiar la mirada. Sin perder de vista la contención de chicos “en situación de riesgo”, el nivel conseguido le permitió compartir conciertos con Pablo Saraví, con la Orquesta Sinfónica Nacional, la Académica del Teatro Argentino de La Plata y la Simon Bolivar, de Venezuela, entre otros.
Esa misma repercusión es la que despertó el interés de reconocidos músicos y directores de formaciones nacionales y del extranjero, quienes suelen colaborar o proponer trabajos en común.
En los pasillos de la casa de Jorge Newbery y Colón los sonidos se mezclan. La Canción de la Tortuga, en voces de los ”peques” de tres y cuatro años, se cruza con un concierto para viola y orquesta de Georg Philipp Telemann, mientras en alguna de las salas, entre sillas al borde de la desintegración y pizarrones pintados sobre pintado, Bach y Vivaldi le hacen un lugarcito a Lalo Schiffrin, Haydn, Offenbach, Charpentier, Tabbush y Merle, quienes comparten cartel en los dos CD de la orquesta.
La estructura de la Orquesta-Escuela ofrece un espacio como docentes para los alumnos más avanzados, mediante un sistema de becas. Pero la salida laboral y su futuro en la música plantea interrogantes. “Tengo claro que no todos van a ser músicos”, reconoce la directora, y agrega: “Lo importante es que quienes elijan la profesión tengan los medios necesarios, y que no se frustren”.
Flavia Fontana entró en la orquesta a los 10 años, en 1998. Al pasar comenta que de su familia sólo su mama y su hermana la fueron a ver un par de veces. Ya resignada a que sea así, desde su lugar de violinista y directora de la Infanto-Juvenil, no oculta su inquietud por lo que vendrá: “Deseo que Chascomús tenga su propia sinfónica, para tocar allí. Amo tocar, estudiar, pero me da miedo pensar que esta etapa en algún momento se va a terminar”.
Con la misma incertidumbre, Araceli Arce (21) puso en juego lo que aprendió en la Orquesta-Escuela. Y desde abril “Ara” forma parte, como violista, de la Orquesta Académica del Teatro Argentino de La Plata, a la que entró por concurso en el verano.
En tanto, la convocatoria para participar de la puesta de Proteo y Cangrejo... (una de príncipes), versión libre de la opera de títeres As variedades de Proteu, compuesta en 1738 por el brasileño Antonio José Da Silva O Judeu, que se presentará en el Teatro Avenida desde el 20 hasta el 28 de julio, muestra que el crecimiento es colectivo y que los limites se van corriendo.
“Las posibilidades se van dando, se nos vienen encima, y uno trata de no dejarlas pasar porque no abundan”, dice Atela. La apuesta implica, entre otras cuestiones: “Adaptar la sonoridad de la época de la obra a los instrumentos que usan los chicos, trabajar las partes para que ninguno de ellos quede expuesto sin necesidad, conseguir que nadie sea indispensable, dado que algunos dependen del permiso que les otorguen en sus trabajos, y conseguir fondos para comprar cuerdas de mayor calidad”.
Además, explica que para respetar con mayor fidelidad la música original, escrita por el portugués Antonio Texeira, sería interesante reconstruir el itinerario musical del compositor y conocer sus influencias.
En medio de la preparación y los ensayos, Fontana no termina de convencerse de que en breve estará tocando ocho funciones en el Teatro Avenida –“nos prometieron tantas cosas que nunca llegaron, que cuesta creer”. Pero ella, sus compañeros y su directora saben que habrá un antes y un después del ciclo de presentaciones que los enfrentará a un público exigente y a la prensa especializada.
“Necesitamos pensar cómo seguir”, señala Atela. La construcción de su propia sede, el desarrollo de la Fundación Sistema de Orquestas Infanto-Juveniles de Argentina, con apoyo de Mozarteum Argentina, son algunas de las nuevas metas. Pero sin perder jamás de vista su origen y su objetivo principal. La música y la vida, agradecidas.

Más información: www.orquesta-escuela.com.ar