Teatro Colón
Año 9 - N° 41 - Noviembre - Diciembre 2007



sábado, 19 de mayo de 2012
“Hay que respetar los gustos de la gente” 

Entrevista a Horacio Sanguinetti, futuro director del Teatro Colón.

En una extensa entrevista, Horacio Sanguinetti, a un mes de asumir como director general del Teatro Colón, habla de sus proyectos de trabajar en un teatro autónomo y autárquico, de honrar a los cantantes argentinos, jóvenes y retirados, de diversificar las opciones para los abonados, de recuperar un concepto de la régie y la programación que atraiga al público, de trabajar para los niños y los jóvenes con temporadas especiales para ellos. El futuro del teatro, las perspectivas para 2008, los interrogantes pendientes.

Después de un extenso y fecundo periodo al frente del Colegio Nacional de Buenos Aires, Horacio Sanguinetti encontró pronto la compensación a la pérdida que significó alejarse de ese ámbito entrañable que sigue dándole cobijo como profesor. Su anuncio como director general del Teatro Colón corona también una larga devoción por la ópera, la divulgación musical y la musicografía, testimoniada en algunos libros recientes, y, fundamentalmente, el amor por el pasado glorioso del arte canoro, al que más de uno quisiera regresar con una nostalgia cuya legitimidad no siempre está exenta de discusión.
Todavía en el estudio de su casa, poblado de libros, discos y fotografías que son como el retrato de su identidad, Sanguinetti, ese “último exponente de la Generación del 80” (como gusta de llamarlo este cronista), recibe a Cantabile para responder a sus preguntas en su clásica manera de expresarse, en la que esta vez, misteriosamente, no dejó oírse el infaltable latinismo.

-¿Cuáles son las ventajas y desventajas de ser convocado a dirigir un lugar con el que uno tiene un relación afectiva muy profunda?
- Por un lado, naturalmente, desde el punto de vista sentimental hay una inmensa emoción y alegría, pero una cosa es ser un aficionado a la lírica, y otra dirigir un teatro que tiene una serie de aspectos administrativos, jurídicos, económicos, que requieren una atención especial. Yo estoy muy halagado y al mismo tiempo con todo mi sentido de la responsabilidad despierto, y con algunas preocupaciones también. En la ambivalencia que siento prevalece la alegría y la idea de que si tenemos un poco de suerte y nos rodeamos de gente válida podemos arrancar bien. Lo que sí me animo a decir es que voy a ser muy cuidadoso, austero y muy honesto en el manejo de los fondos públicos.

- Usted hace hincapié en la administración de la cosa pública. ¿Cuál es el hilo conductor entre este cargo y la dirección del Colegio Nacional?
- Creo muy humildemente que son las dos instituciones más importantes que tiene el país… ¡y he tenido la inmensa fortuna de haber sido convocado para ambas! (risas). Hay dificultades comunes, como el manejo de mucha gente. El Colegio con sus padres implica una comunidad de más de 10.000 personas; sin los padres y con los empleados son alrededor de 5.000, y no crea que son fáciles. El Colón tiene una cosa un poco diferente: que hay dinero para manejar; en el Colegio en cambio no había un peso para nada, con lo cual nadie podía imaginar que uno estaba allí por interés económico. Cuando asumí en el Colegio también me suscitó preocupación, pero tuve la fortuna de terminar de una manera muy grata. Espero que en el Colón sea igual.

- ¿Esperaba que el gobierno de Macri lo convocara?
- En realidad es un tema que se venía conversando de antiguo, ya me había sido ofrecido en otras administraciones, pero como estaba muy cómodo en el Colegio, no lo cambiaba por nada. Ahora me tomó justo en el momento en que terminó en mayo pasado mi mandato… Tuve mis dudas por el desafío, pero es difícil decir que no.

- Usted tuvo algunas intervenciones previas en el Colón…
- Sí, un par de veces, pero no fue muy operativo. Hubo un consejo asesor que se constituyó en los finales de la Secretaría de mi querida amiga María Sáenz Quesada. Estaban Gerardo Gandini, Pola Suárez Urtubey y Valenti Ferro, entre otros. Yo participé en una sola de las dos reuniones que hubo; después María renunció. En 2005 integré las comisiones de homenaje, cuando el Secretario era Gustavo López; estuve en el Comité para la publicación del libro de los bailarines y otros libros que luego no se concretaron, igual que ciertas funciones de homenaje que quedaron en la nada. En todos los casos no fueron funciones ejecutivas, sino más bien honoríficas.

- Dada la estructura de conducción tan variable que históricamente ha tenido el Colón, ¿cuál sería la competencia concreta del cargo suyo?
- El cargo es la dirección general. Ocurre que según la personalidad del funcionario, a veces queda sepultada por la dirección artística. Estamos estudiando la estructura, habrá algunas modificaciones, porque queremos que sea funcional, clara y efectiva.

- ¿Se integraría en su caso la dirección general con la artística?
- Creo que sin asumir las dos direcciones, el general tiene que tener una injerencia artística fuerte.

Sin dependencias

- Su gestión aparece vinculada a una promesa de autonomía y autarquía del teatro. ¿Será una realidad para el año próximo?
- Está muy avanzado un anteproyecto. El objetivo es que sea aprobado por la actual legislatura, para que el 1º de enero de 2008 el Teatro Colón tenga autonomía y autarquía financiera, lo cual implica una serie de ventajas conocidas que prevalecen sobre algunas mayores responsabilidades de trabajo que traerá aparejadas. Para mí es importante comenzar la gestión con esta ley, porque si empezamos con un presupuesto con cuenta única, después cambiarlo sobre la marcha es complicado; lo ideal es que se apruebe ahora y creo que hay voluntad para hacerlo.

- ¿El proyecto permite manejar presupuestos plurianuales?
- Naturalmente, cualquier teatro de ópera lo necesita para poder contratar a un gran cantante con, por lo menos, tres años de antelación. También es válido para cantantes argentinos, porque con la explosión operística que se ha dado en nuestro país, los artistas locales están muy ocupados, no se dispone de ellos como antes.

- Desde hace mucho el Colón ha dejado de ser sólo un teatro de ópera y ha pasado a ser una gran usina integrada por distintas micro instituciones. ¿Usted apunta a fortalecer esta realidad o a restringirla?
- El origen de esto es que el Colón tiene el inconveniente de ser el único escenario para cierto tipo de actividades artísticas. Tiene que haber un auditorio, esto está clamando al cielo, para poder descongestionar la sala de cierto tipo de funciones. Entiendo que el actual gobierno empezó a manejar el tema y que hay proyectos relativamente avanzados. Mientras tanto, el Colón tiene instituciones que son un lujo, porque no las tienen otros teatros del mundo, como un Centro experimental y una Ópera de Cámara, entre otros. Lejos de querer cerrarlos, como se dijo malévolamente cuando se mencionó mi nombre -¡porque se me imputa ser un verista!- las vamos a mantener y reestructurar en la medida que sean reestructurables, de modo que sirvan para la práctica de los estudiantes del Colón bajo la órbita del Instituto Superior de Arte, que vamos a fortalecer todo lo posible con la dirección Ana Massone.

- Pero las diversas instituciones que integran el teatro, ¿qué orden de prioridad tienen dentro de su concepto?
- Básicamente, creo que el Colón es un teatro de ópera a la italiana, como fueron todos los grandes teatros que crecieron y se afirmaron en el siglo XIX y hasta en el XVIII; también deben incluir ballet y música sinfónica tradicional, sin renunciar a lo actual. Cuando el Colón se fundó estaba la ópera moderna, que era el verismo, Zandonai, Puccini, Mascagni… Las óperas que se estrenaban en Italia se conocían de inmediato aquí, y eran muy resistidas por los pasatistas. Fíjese que a Miguel Cané le gustaba Meyerbeer…¡y abominaba de Verdi! El Colón siempre fue un teatro aggiornado y tiene que seguir siéndolo. Esto lo vamos a manejar con mucha discreción.

- ¿Esta discreción se reflejará en la programación?
- Tenemos que respetar los gustos del público, quiero hacer un trabajo de mucho cuidado con los niños, siempre me ha preocupado mucho este tema. Cierta vez hablando con Rolando Panerai en su casa de Florencia, coincidíamos en que los chicos que se aburren en su primer espectáculo de ópera no vuelven nunca más. Hay que preparar ciertos abonos, no se los puede llevar a ver Bomarzo, más allá de la importancia de su autor. Tenemos preparado un listado de las óperas para que los chicos vean, más allá de L´elisir o Barbero, las que ya están probadas.

- ¿En versiones íntegras o reducidas?
- En ambas. Luis Ovsejevich se ha ofrecido para trabajar en esto y vamos a tomar su ofrecimiento porque lo ha hecho muy bien. Yo tenía seis años cuando vi Rigoletto y no me morí de susto porque aparecía Sparafucile a la noche; los chicos hoy se bancan cosas horrorosas por televisión, así que pueden perfectamente ver una tragedia como La traviata. Tiene que ser música que les llegue rápidamente y que entiendan lo que pasa.

- ¿Va a ser parte de una política?
- De una política constante. Vamos a idear de manera ingeniosa el sistema de abonos, con opciones para que uno pueda armar su propia temporada con diversos segmentos, para chicos y grandes, con un núcleo de óperas de repertorio, otro de óperas menos frecuentes o modernas y otro para chicos y estudiantes. No se imagina cómo me recibieron los alumnos del Colegio cuando trascendió que iba a ser director del Colón. Fue una explosión de alegría. Los jóvenes están esperando ansiosos este tipo de propuestas.

De lo ideal a lo real

- ¿Cómo sería para usted una temporada ideal y cómo sería una temporada real de acuerdo con las posibilidades económicas e institucionales del teatro?
- Nuestra idea es que el teatro produzca mucho, como en las viejas temporadas. Muchos títulos y muchas funciones. Pienso siempre en el 2009. Una temporada que contenga una mayoría de títulos conocidos que atraigan a la gente, sería ideal y podría ser real, complementada con algunas óperas menos conocidas y siempre algún título de un autor argentino, sea por encargo, como resultado de un concurso o bien mediante la reposición de algún título importante. Aclaro que pienso programar Wagner, que no se crea que porque aborrezco las ideas políticas de Wagner no voy a incluirlo en las temporadas. Hay buenas óperas que nunca se han dado; otras, como Los pescadores de perlas, el Colón no la repone desde 1913. En 1911 será el Centenario de Isabeau de Mascagni, que se estrenó mundialmente en el Coliseo en presencia del autor. Vamos a encontrar quien la sepa y pueda cantar.

- ¿Cómo piensa reclutar las voces?
- Quiero oír cantantes, habilitar un día para que la gente pueda venir y hacer audiones. Estoy convencido de que hay grandes cantantes que nunca han sido oídos. Me voy a meter en eso. Hay que rescatar a los jóvenes antes de que se vayan a Europa y después sean imposibles de contratar. Al mismo tiempo, quiero atender mucho a los cantantes argentinos en actividad.

- Usted habló de la explosión operística de los últimos años. La brecha entre lo que produce el Colón y algunas instituciones privadas ha ido desapareciendo, a tal punto que a veces el Colón produce espectáculos del mismo o inferior nivel que lo que se produce fuera de él, con elencos muy similares. ¿Cómo se volverá al nivel histórico sin cantantes internacionales?
- Se necesita apoyo financiero y también el de los grandes cantantes argentinos que están afuera. No puede ser que Marcelo Álvarez, que es el primer tenor del mundo en este momento, no cante en el Colón, aunque eso nos pueda salir una pequeña fortuna, cuando canta gratis en Córdoba. También uruguayos, como Erwin Schrott, o latinoamericanos. Voy a hablar con ellos, en algunos casos tengo cierta amistad o vinculación, y eso me permite pedirles ciertas consideraciones. Descuento el apoyo de muchos de ellos. Todo esto dependerá en gran medida del presupuesto; el Colón tiene que traer algunas grandes figuras y no malgastar dinero en otras cosas. Hay que centrarse en los artistas y en las voces, que para mí es lo fundamental.

- ¿Esto lo dice por el creciente protagonismo de los directores de escena?
- Sí, pero también porque cuesta demasiado hacer una producción nueva por cada título. Por otro lado, de nada sirve, por ejemplo, hacer una gran producción de Andrea Chénier si los cantantes juegan al oficio mudo. En referencia a la régie, apuntamos a tener el acompañamiento de una gran figura nacional, como Roberto Oswald.

- El tema es que se ha tendido a asociar la defensa de puestas vanguardistas con una visión progresista del arte.
- Creo que a veces esto puede resultar muy reaccionario si se trata de una puesta absurda o hermética. La modernidad no puede desbordar la verdad de cada ópera, traicionar el espíritu del autor. No puede hacer groserías fenomenales. A los cantantes no los dejan hacer un calderón que, aunque Verdi no lo escribió, lo toleró durante décadas y es parte de la tradición, y a los régisseurs les dejan hacer cualquier cosa. No me parece progresista la escatología que desorienta al espectador joven o poco iniciado. Lo reaccionario es apartar al pueblo ignaro que de ese modo no entra nunca en la lírica, porque se le plantea un lenguaje difícil y puramente provocativo.

- ¿Para 2008 se mantendrán los espectáculos fuera de sede?
- He pedido los costos a la actual gestión, me los están entregando en estos días. Es cierto que no todos los ámbitos son los más adecuados. Por otro lado, se está intimando a mucha gente a jubilarse, habrá que ver a quién se justifica retener, y si hay que llamar a concursos. No sé en qué medida los cuerpos estables van a estar disponibles, ya han venido a verme muy alarmados. En la Orquesta Estable, si se concretan las jubilaciones, habría una baja del 40 %.

- ¿Qué pasará con los abonados, entonces?
- Hay muchos abonados que han sostenido sus abonos simplemente por el temor de perderlos; muchos esperaban el 25 de mayo estar sentados en la sala principal viendo una gran función de Aída, hasta que yo dije, porque nadie lo decía, que el teatro no iba a estar abierto para esa fecha. Lo cierto es que se ha perdido el 40 % de los abonos en los últimos dos años. Hay que recuperar a esa gente, y para eso entre otras cosas hay que disponer de la sala. Mi idea es que hay que renovar los abonos cuando se tenga certeza de tener el teatro abierto. Cuando asuma seré muy sincero con lo que se pueda hacer en el 2008 y anunciaré los proyectos.

- ¿No le dejan una temporada armada?
- Es uno de los datos que he pedido, todavía no lo sé.

El futuro y el pasado

- “Hay que potenciar a los jóvenes –dice Sanguinetti. Hace poco estuve en San Juan en el jurado de un concurso, con Enrique Ricci y Luis Lima, para armar dos elencos de L´ elisir d´amore. Había 200 anotados, oímos sólo 49, algunos no pudieron llegar porque no podían pagarse el pasaje. Nos encontramos con voces fenomenales, el Nemorino cantó el aria de Lenski, no sé cuánta gente en el mundo puede cantarla así. Un tenor cantó el aria de Guillermo Tell; venía de Carcarañá. ¿Con quién puede estudiar allí? El Colón y la Fundación tienen que hacerse cargo de estos temas, potenciando lo que habitualmente hacen.”
Del mismo modo, el afecto de Sanguinetti hacia los cantantes retirados es inocultable: “Quiero atender mucho a los cantantes argentinos en actividad y darles mucha honra a los cantares de otras épocas. No puede ser que vaya al teatro un gran tenor o soprano del pasado y le digan: `¿Usted quién es?´. Algo así vi yo cuando un funcionario se enojó porque encontró a alguien en su palco y quiso echarlo. Era Pascual de Rogatis, que estaba por cumplir cien años. Hay que tener mucho cuidado porque esa gente es muy maltratada; lo mismo con los ex bailarines. Hay que darles un carnet para que puedan entrar, abrir un registro y convocarlos, y hacerles un gran acto de homenaje el 25 de mayo del año próximo, en el sector que tengamos disponible.”