Con una importante carrera como régisseur y cantante, no sólo en Argentina sino también en el exterior, en julio de 2005 Marcelo Lombardero asumió la Dirección Artística del Teatro Colón, mientras Leandro Iglesias continuaba como Director Administrativo. A poco de que los directivos del teatro fueran relevados por los reemplazos que designaron las nuevas autoridades del Gobierno de la Ciudad, nos reunimos con Lombardero para analizar en perspectiva lo ocurrido en estos dos años y medio de gestión. -¿Qué caracterizó a cada etapa que te tocó afrontar desde la Dirección Artística del Colón?-Cuando asumimos la dirección con este equipo de trabajo, la institución estaba al borde del colapso en lo que se refiere a condiciones económicas, de funcionamiento y programación. Lo primero que se buscó fue reorganizar rápidamente la actividad, ver cómo salir de las deudas, lo cual implicaba afrontar la fuerte crisis sindical que se había instalado. Fue una dura primer etapa, de muchas negociaciones complejas. La intención era lograr estabilizar esas cuestiones lo antes posible, de manera que se pudiera empezar una gestión clara, cosa que ocurrió recién para la temporada 2006. Superada esa situación tan crítica, el futuro aún mostraba un horizonte político con varias incógnitas: el jefe de gobierno que me había nombrado, Aníbal Ibarra, fue destituido, y además estaban las elecciones por venir, que ni siquiera tenían una fecha definida.
Nosotros organizamos la temporada 2006 con premura y teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias del teatro: no queríamos cometer los errores que habían llevado a situaciones de crisis como las anteriores; logramos eso con creces. Yo creo que aún dentro de ese signo de limitación presupuestaria, la temporada 2006 fue exitosa, con obras y artistas importantes. Y se cerró el año con una característica de institución abierta a la comunidad: con muchas funciones, algunas a precios populares y actividades que tenían que ver con el teatro fuera del teatro.
La temporada 2007, con la sala cerrada por las obras de restauración del Master Plan, significó un desafío enorme para la institución, pero considero que sirvió para demostrar que el Colón no solamente puede, sino que además debe desarrollar actividades fuera de lo que es su edificio, para que su producción tenga un aprovechamiento más abarcativo.
Simultáneamente con todo esto hubo otro trabajo menos visible que es el relacionado con la reestructuración de cuestiones internas de la institución en lo profesional, los concursos, la carrera de los cuerpos artísticos y escenotécnicos. Se lograron blanqueos de salarios, ciertos incrementos de sueldo y algunos ítems concretos de carrera para algunos de los cuerpos. Todavía hay mucho por hacer porque el teatro lleva años de desorganización, pero todas estas cuestiones debían atenderse y no eran menores.
-¿Estas cuestiones mejorarían si el Colón tuviera la independencia o autarquía que tantas veces se ha pretendido?-Un teatro como el Colón es una herramienta política, un arma de gestión cultural. Algo como una independencia real no existiría nunca. Vale citar la temporada 2007, en la que como parte de un planteo de política cultural, se buscó que la producción del Teatro estuviera presente en distintos lugares de la ciudad. Hemos llegado a tener el mismo día y a la misma hora, cuatro espectáculos diferentes en distintas salas: una ópera en el Coliseo, un concierto de la Filarmónica en el Gran Rex, un ballet en el Alvear y una función en el CETC; o llevando las cosas al paroxismo, tener funciones de
Turandot en el DF de México y un ballet en el Coliseo simultáneamente. Con otro enfoque cultural, la actividad del teatro hubiera sido otra.
-El hecho de haber trabajado en la institución como régisseur y cantante ¿te facilitó las cosas en una función directiva como esta?-Que fuera cantante no aseguraba que fuera buen régisseur, y esto tampoco me hacía buen director, a eso lo deberán juzgar otros. Sí es verdad que por haber tenido relación profesional por tanto tiempo con el Teatro conozco muchos vericuetos, desde edilicios a administrativos, y conocer a la gente sí puede facilitar la resolución de determinados problemas, pero eso no es todo. Lo que más he sufrido en estos años es la demanda de tiempo que esta función implica. Desde que asumí trabajo en promedio entre diez y doce horas diarias, y en momentos de producción o estreno todavía más. Pero en esta realidad actual y bajo estas circunstancias no queda otra, la institución no funciona en piloto automático.
-¿Cuál es tu balance de esta temporada que termina, y que por tener el teatro cerrado tal vez haya sido la más atípica de la historia?-Paradójicamente diría que esta fue una temporada a teatro abierto, no cerrado, porque la actividad del Colón ocupó una dimensión más amplia.
Estoy absolutamente satisfecho con la mayoría de las cosas que se hicieron. Entiendo que normalmente se espera del Teatro un nivel superior a la media, especialmente ahora que hay tanta oferta y está bien que así sea. Desde mi perspectiva hubo espectáculos de gran nivel, aunque otros no funcionaron de la misma manera; es algo que ha pasado en todas las temporadas y que ocurre en cualquier compañía.
Considero que la realización de esta temporada sólo fue posible por el alto nivel artístico que los cuerpos estables tienen, y por el compromiso de toda la gente que trabaja en el Teatro, sin lo cual los mejores planes que se hubieran trazado desde la dirección no habrían dado resultado.
Hubo que adaptar una manera de trabajo de décadas a una actitud absolutamente distinta y novedosa. Debimos atender algunas emergencias que desde la complicación debían igual ser resueltas, como la sonoridad en las presentaciones de la Filarmónica, cosas que en la teoría se supone que funcionan pero al llevarlas a la práctica no resultaron exactamente como se esperaba. Sufrimos una desgracia múltiple por las cancelaciones de La traviata, algo que lamentablemente ocurre, tanto en el Colón como en el Metropolitan.
Entre la normal resistencia y la falta de comodidad hubo algunas disconformidades, es cierto. Además el público, la ciudadanía, se dio cuenta de que esta es una ciudad que no tiene alternativas de capacidad y dimensiones similares, ya que después del Colón no se construyó nada. La eterna ausencia de un auditorio para música sinfónica se puso más en evidencia que nunca.
Las producciones de ópera, por su complejidad, fueron las que más exigieron a nivel logístico, y las que más demandaron del esfuerzo de toda la gente involucrada, por lo cual creo que debemos estar agradecidos del compromiso de régisseurs, escenógrafos, iluminadores y los mismos artistas. Todos hicieron lo mejor posible en condiciones que distaban de ser las ideales. Hubo casos que con cuatro días de montaje el espectáculo tenía que salir a escena.
-¿Puede que este ejercicio al que estuvieron expuestos los cuerpos estables les de más dinámica para enfrentar otros desafíos en el futuro?-Sí, es posible que si se continúa ejercitando la actividad múltiple y las giras, eso redunde en una mayor agilidad de toda la estructura. Podrá decirse que tal vez para las condiciones que tocaron este año hubo algo de sobreproducción, pero considero que si se bajaba el nivel de actividad, después también iba a costar mucho recuperarlo cuando el teatro volviera a estar completamente en funcionamiento. Este es un cuerpo en movimiento que tiene que estar siempre entrenándose.
Además, este año logramos un hecho histórico: sacar al Colón por primera vez fuera del país y con un éxito absoluto. Sería deseable que esto se capitalice y que vuelva a suceder, que no quede como algo aislado. Había muchos proyectos al respecto con otros teatros de la región y del mundo. La primera coproducción que hicimos fue Sueño de una noche de verano con la Ópera de Niza, un espectáculo de mucha calidad con una producción que recibió un importante aporte de dinero externo, y que además va a llevar a nuestros artistas a cantar en Francia el año próximo. La impronta de ser un teatro exportador de artistas es algo novedoso en la historia del Colón. Una de las tantas funciones de una institución así debería ser que se difundan los artistas locales de manera de generar nuevos espacios para ellos.
-¿Cómo repercute el hecho de la permanente incertidumbre acerca de cuándo van a estar terminadas las obras?-Yo creo que hay que desdramatizar un poco ese tema. Salvo el
Liceude Barcelona, ningún teatro que entró en reformas terminó a tiempo. Además es deseable que el trabajo se haga bien y con los plazos que sean necesarios. Estas decisiones me preceden y me superan porque es algo con lo que no tengo relación directa, aunque supongo que algunas cosas tal vez podrían haberse previsto. De todas formas es fácil hablar o hacer observaciones sobre los hechos consumados. Considero que lo importante es que el Colón se termine bien, pero paralelamente no debe dejar de funcionar, sea cuando sea que vaya a ocurrir la reapertura.
-Pero para cosas concretas como la organización de la temporada 2008 ¿eso no es muy condicionante?-Sí, pero ante la incertidumbre trabajamos dos alternativas de temporada 2008, con sala abierta o sin sala. Implicaba cambiar de teatro o de artistas dependiendo de los signos que se iban recibiendo del progreso de las obras edilicias. Las fechas con el Coliseo ya están contratadas, los artistas apalabrados y todo encaminado. Esa información fue puesta a disposición de las nuevas autoridades y estamos esperando que ellos se pongan en contacto con nosotros para asesorarlos y ver qué deciden. También hay proyectos de cosas planteadas para 2009 y 2010.
-¿Te vas de la función sintiendo que algo haya quedado pendiente, o lamentando que alguna cosa no haya sido distinta?-Me hubiera gustado tener un año tranquilo, con la sala abierta, con una previsión presupuestaria lógica y sin conflictos. A todos nos gustaría lo ideal, pero bueno, dentro de la realidad que tocó yo estoy muy satisfecho y orgulloso por lo que logramos. Recuerdo bien cómo llegué a esta función y sé cómo me voy. Estábamos trabajando fuertemente en muchos sentidos, nos hubiera faltado un añito más, quedamos a mitad de camino en algunas cosas. Me gustaría que la gente que asuma la dirección pueda darle continuidad a los procesos iniciados, de forma que eso mantenga la credibilidad interna y externa que el Teatro Colón ha recuperado, lo cual es algo fundamental para la institución.