Daniel Barenboim
Año 10 - N° 43 - Mayo - Junio 2008



sábado, 19 de mayo de 2012
Cuando se prende la luz roja  

Una investigación a fondo acerca de las emisoras de FM dedicadas a la música clásica. Las diferentes tendencias y ofertas para una audiencia única.

Estar en el aire difundiendo cultura no es tarea fácil. Según IBOPE, Radio Nacional Clásica, Amadeus y Cultura Musical no llegan entre las tres a una audiencia que supere los 20.000 oyentes, en un área metropolitana que tiene 8 millones de habitantes. La historia de Clásica. El liderazgo de la radio de Hadad. Los cambios en Nacional. El criterio de la 100.3. Cantabile hace memoria y evalúa el presente radiofónico en un informe especial sobre el tema.

Hay disputas que parecen eternas. Cuando Richard Strauss compuso Capriccio -su “metaópera”, como prefieren ahora los semiólogos-, reavivó el debate acerca de si es la música o la palabra la que debe prevalecer cuando una propuesta las aglutina. Casi sin quererlo, el poeta Olivier y el compositor Flamand eran al mismo tiempo Gluck y Piccinni enfrentados tras el estreno de Ifigenia en Aulide, o apenas más atrás, Rameau y Rousseau en la “querella de los bufones” disparada por La serva padrona y El adivino del pueblo, inusual título ahora prometido por la Opera de Cámara del Colón.
Conviene refrescar estos gloriosos antecedentes para recordar que, en tren de definir los contenidos de una radio de música clásica, la decisión acerca de las dosis de palabra y de música resulta esencial.
Quizás a la hora de evaluar el presente de las tres emisoras actuales del “mercado clásico”, nadie pueda soslayar la gravitación que ejerció -y sigue ejerciendo- aquel emprendimiento único que fue Radio Clásica. Privada desde sus inicios con la gestión de Raúl Zajdman y Gabriela Aberastury, le tocó luego en suerte a Santiago Chotsourian, tras algunos años de continuidad, asociarse a Radio Nacional ante las sucesivas amenazas de pérdida de la vieja frecuencia 97.5, finalmente concretada. El último periodo de Clásica estuvo a cargo de Patricia Casañas, quien logró antes del cierre de la emisora que el entonces interventor de Radio Nacional Marcelo Simón decidiera otorgarle la actual frecuencia 96.7, que garantiza su razonable captación.
Clásica tuvo demasiados méritos para ser olvidada (¡muchos aún creen que sigue existiendo como tal!): duró quince años, tuvo una discoteca importante que coincidió con el auge del CD, un buen plantel de colaboradores, una programación matizada e interesante que se conocía con anticipación de un mes y que sostenía una revista que llego a editar un CD mensual y que era apreciada sin reservas por casi todos los melómanos.
La pérdida de este modelo de radio en 2002 todavía se hace sentir. En medio de este proceso de desintegración apareció en 2001 la FM 100.3 –Cultura Musical- desprendimiento de una radio de alquiler como es Cultura a secas, que resulta algo difícil de captar y exhibe un sonido limitado y una programación más bien genérica.
Radio Nacional, que tras el cierre de Clásica se quedó virtualmente sin una discoteca especializada, comenzó con Juan Carlos Montero una etapa signada por la proliferación de colaboradores de muy diversa calidad y espacios escasos de programación musical repetitiva.
Tamaña indiscriminación cesó con otra de algún modo inversa: la actual gestión evitó discriminar valorativamente colaborador por colaborador, y recurrió al expediente de despejar los días hábiles de programas para preservar los correspondientes a los fines de semana, con alguna excepción inevitable. La practicidad del método es innegable; con él, empero, pagaron algunos justos por muchos pecadores, pero se ganó ampliamente en contenido musical.
También con la extinción de Clásica en 2002, Santiago Chotsourian, aliado al capital de Daniel Hadad, creó Amadeus, que mucho tiene que ver con Clásica, salvo por el intento de contar con colaboradores que cesó con cierto estrépito apenas comenzado el proyecto, que evidentemente no tenía los recursos para incluirlos. Hoy Amadeus es la única emisora que cumple con aquel servicio de la vieja Clásica: presentar la programación con anticipación en un boletín mensual que remite ligeramente a la primera Revista Clásica, aunque reducida. La buena difusión en el aire, la música elegida, el aporte de locutores amables y varios conciertos multitudinarios colocaron a Amadeus en una situación de liderazgo absoluto en la materia.

Las proclamas
Cada gestión parece hoy sostener algunas proclamas básicas en cuanto a sus lineamientos principales. Como el espacio no permite entrevistar a cada uno de los actuales directores, pasaremos revista a sus postulados.
Clásica Nacional propone “una radio de música clásica que apunta a la diversidad, sin exclusiones musicales, con un formato y un perfil comunicacional amable y espontáneo. De lunes a viernes, una programación amplia y pluralista, agrupada por segmentos horarios en tiras semanales, matizada y ornamentada con poesías, historias, viñetas de humor, agendas culturales e informaciones de historia de la música y los fines de semana, programas conducidos por colaboradores que complementan el espectro musical y aportan su propia impronta.”
Algunas novedades de la flamante gestión de Pablo Kohan son Industria nacional, un programa diario, a las 23, destinado a los músicos argentinos (intérpretes y compositores); Ciclos, capítulos semanales encargados a musicólogos y especialistas sobre temas, compositores o movimientos. Algunos ejemplos son la música de Guastavino (Dra. Silvina Mansilla), el Grupo Renovación (Dr. Omar Corrado), o el aporte de los músicos expulsados por el nazismo en la Argentina (Lic. Silvia Glocer). También hay programas diarios que presentan música agrupada por países (La gran aldea), períodos (Música documental), géneros (La boutique) y desde abril, el último viernes de cada mes, un concierto público y gratuito en el Auditorio con transmisión radial.
Para Roberto Blanco Villalba, a cargo de los contenidos de Cultura Musical, “la emisora nació como resultado de los insistentes y muy numerosos pedidos de los oyentes de Radio Cultura, que rogaban difundiéramos música clásica ante la desaparición de las otras emisoras que lo hacían. Transmitimos música las 24 horas -especialmente orquestal, instrumental y de cámara-
con un sector -el nocturno- integrado por programas con comentarios sobre temas determinados (música antigua, ópera, música contemporánea, zarzuela, historia del Teatro Colón...). Estamos respaldados por una importante discoteca -algo más de 10.000 obras- y un grupo de colaboradores que a su vez difunden material no demasiado común. El criterio de programación parte de la idea de llegar a todo tipo de público y, de manera especial, al que no es consumidor habitual de lo clásico. Es por ello que en el horario central no solemos difundir obras que presenten dificultades de lenguaje -aunque sí de estructura ya que tampoco queremos caer en el facilismo. Por la noche el criterio es más amplio y allí ofrecemos obras de mayor complejidad -incluso las últimas novedades de la creación actual.”
Para la radio que dirige Santiago Chotsourian, “se ha pretendido acercar la música clásica a la gente en general, sea o no sea iniciada en el academicismo musical. Amadeus ha intentado dejar de lado los viejos acartonamientos de otras radios del mismo género y ha enfatizado la sensibilidad que hace a la escucha de la música antes que la comprensión intelectual del género. Se trata de una radio 100% musical, sin programas, lo que le da un matiz diferencial respecto de las otras dos emisoras. La premisa de la selección musical es cierta amabilidad, motivo por el cual tampoco se pasa música contemporánea dura”. Entre las novedades, se cuentan, frente a la ausencia de un espacio dedicado a la ópera, el acompañamiento a la celebración del centenario del Colón a través de una serie de emisiones especiales que ponen en el aire, exactamente a 100 años de distancia, cada uno de los títulos que se fueron estrenando en la temporada de 1908.

El mercado
Sería prematuro ofrecer una valoración integral del contenido de estas radios, máxime cuando Nacional comienza una nueva etapa signada por una tendencia a una musicalización permanente que, por lo oído, abandona todo clisé, especialmente el ligado a la música orquestal del siglo XIX, y asegura la necesaria variedad indispensable en punto al servicio que debe ofrecer toda radio pública, no atada a criterios de rentabilidad.
Así y todo, y aunque abarquen hasta enero del corriente, resulta interesante reproducir las mediciones de IBOPE, al menos como indicadores objetivos de las preferencias de los oyentes de música clásica.
En el ranking de radios sólo figuran Amadeus y Nacional; Cultura se encuentra anónimamente englobada con otras emisoras sin una incidencia notable en el total. Para las mediciones correspondientes al periodo noviembre/diciembre 2007 y enero 2008, Amadeus, en el puesto No. 13, tienen un rating de 0,19 mientras Nacional Clásica, en el No. 16, alcanza sólo el 0,04. Mediciones de exactamente un año atrás, ubicaban a Nacional en el 0,05 –prácticamente igual- mientras Amadeus alcanzaba, en enero de 2007, el 0,23 de rating, con 1,65 % de participación en la torta total.
Si se tiene en cuenta que la muestra se proyecta sobre una población de 8 millones de personas (Capital y Gran Buenos Aires), y siendo el rating un 1 % de la población relevada, esto arroja que Amadeus es escuchada por aproximadamente 16.000 personas, mientras que Nacional Clásica sólo por unas 3.200. Estas cifras, sumadas, redondean grosso modo el público genuino de música clásica que asiste a espectáculos del género: 20.000 personas. Esta es precisamente la cifra máxima que el Teatro Colón ha podido convocar durante la última época a sus espectáculos de óperas (en casos de 8 funciones a 2.500 asistentes a cada una, lo que ha sido, además, bastante excepcional). De esto se infiere que sobre algo más de 8 millones de personas que habitan el Area Metropolitana, sólo apenas algo más del 0,2 % tiene interés y posibilidades reales de nutrirse de la música clásica.

Esto sí es una triste realidad -los programadores de conciertos vaya si lo saben-, que pone en un plano lejanísimo el interés de cualquier discusión sobre música y palabra. Por si fuera poco, la falta de una AM específica dedicada a la música clásica, producto de la carencia de un verdadero proyecto cultural en relación a las artes en general, sumada a la pronunciada declinación educativa y social argentina de las cuatro últimas décadas, deja aquí su alarmante evidencia.