Una de las pocas buenas noticias que el Teatro Colón nos depara para este 2008, es la realización de clases magistrales gratuitas a cargo de reconocidas figuras, entre las que sobresale el nombre de Teresa Berganza. Indudable interés ha generado la vuelta a Buenos Aires de la mezzosoprano española, quien transmitirá sus conocimientos a jóvenes cantantes entre el 2 y el 13 de junio, en el Teatro 25 de Mayo del barrio de Villa Urquiza. Anticipando su viaje a la Argentina, Cantabile se comunicó con ella para conocer sus expectativas respecto al proyecto, sus recuerdos de Buenos Aires y su visión de la actualidad de la lírica. El debut de Teresa Berganza se produjo en Madrid en 1955. Desde su consagración internacional (en el Festival Aix-en-Provence de 1957, como Dorabella) fascina a los públicos por su calidad expresiva, la seguridad y limpieza de las coloraturas y su belleza vocal, además de su desempeño escénico. Mostró su arte en los más importantes teatros y festivales de ópera de mundo, y en la actualidad alterna su presentación en recitales con clases de canto.
En 1991 fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y en 1994 fue elegida miembro de la Academia Real de Artes de España, siendo la primera mujer en obtener esta distinción y la primera cantante que ingresa en esa institución. También es Miembro del Instituto de España y Commandeur aux Arts et Lettres Françaises. En marzo de este año, la Fundación Premios Líricos Teatro Campoamor de España la distinguió por su extraordinaria carrera.
Luego de expresar su preocupación acerca de los cambios climáticos en el mundo, las grandes sequías y la terrible agresión que el hombre está inflingiendo a la naturaleza, la artista nos comentó acerca de sus ideas sobre las clases magistrales que dictará en Buenos Aires:
- Las autoridades del Colón aún no me han hecho llegar el programa, pero en este tipo de clases mi trabajo es siempre el mismo: oír a los alumnos, corregirlos, buscar mejorar la técnica o la interpretación y determinar si el repertorio es el adecuado. Se trata de sacar al artista que puede haber dentro de cada uno. En definitiva, ayudarlos a ser mejores, a perfeccionarse. Cada cantante es un mundo, una personalidad, y hay que ser bastante psicólogo para dar a cada cual lo que necesita.
- ¿Cómo juega la fama de Teresa Berganza en estas clases?- Yo me creo muy normal, pero cuando ven a Teresa Berganza se asustan un poco, a veces tienen algo de pánico. Yo me acerco y les caliento las manos y les dijo: no he venido a juzgaros sino a ayudaros. Pero mi juicio no es lapidario, hay que estar cerca de ellos para que adquieran seguridad.
- ¿Realiza habitualmente clases magistrales?- Sí. Voy alrededor del mundo con ellas. Podría dar clases sólo en mi casa, con un trabajo de preparación profunda, o en mi cátedra de canto en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Pero como soy muy viajera, si me invitan a un concurso o a unas clases voy encantada. Me gusta conocer nuevas voces y países. Hace poco tiempo, como conclusión de unas clases se montó una ópera completa que fue Carmen, y eso es lo que más me agrada. Este año estaré, además de Buenos Aires, en Santander, Granada, Pamplona y León. La técnica de cantar es siempre la misma y trato de poner mi experiencia para ayudar a los más jóvenes. Siempre pido las partituras de las obras que se van a trabajar, lo hago para que se respete fielmente lo escrito por el autor. Todo está en la partitura, salvo en el barroco, y hay que respetar a esos genios: si dice piano hay que hacerlo, si hay un calderón también, si hay que cantar legato se debe respetar esta indicación.
- ¿Qué espera de sus clases en Buenos Aires?- Espero encontrar buenas voces, siempre las encontré en la Argentina.
- ¿Sigue activa como cantante?- Sí, especialmente en recitales. Este año ya estuve en Villaviciosa de Odón, Sant Cugat, Barcelona, Huesca y Spoleto. Ahora no estoy pensando todo el día en la voz, pero me cuido y canto siempre. Creo que hasta que me muera seguiré cantando, aunque no sea en público.
- Es casi una constante, desde hace años, decir que hay crisis de voces en la lírica. ¿Usted que piensa?- Sigue habiendo voces interesantes. El otro día escuche a una chica española, Serrano de apellido, y me pareció una lírica fantástica. Encuentro muchas voces pero no grandes músicos y muy pocos artistas. Todos quieren cantar pero falta cultura, una voz sola no sirve para nada. Hay que tener cerebro y de allí vienen las emociones y la musicalidad. Colocar una nota o buscar la forma de emitirla es una actividad cerebral que requiere estudio y concentración. El problema actual es que los cantantes, para los teatros, son de usar y tirar, todo pasa muy rápido, por suerte en mi época eso no sucedía. No quiero decir que el pasado fue mejor, pero veo que en el mundo estamos pasando una crisis en todo sentido.
- ¿Cómo debería ser esa preparación cultural?- Hay que leer y estudiar mucho. Hay que saber cómo era Wagner, que vida llevaba Strauss, cómo escribía Mozart. Conocer la personalidad de los compositores y para qué voces escribían, y, fundamentalmente, respetar la partitura. Ir a los museos y conocer la época. Tener siempre cerca a los maestros y a los directores, como en mi época, que no sea todo sólo cantar. Claro que en este momento hay cantantes que se preocupan por esto, pero no todos lo hacen.
- ¿Y las actuales puestas en escena?- Cuando les recomiendo a los alumnos que para interpretar una ópera que trascurre en el siglo XVIII vayan a los museos, estudien los cuadros, capten los movimientos y las posturas, siento que todo esto es arruinado por la puestas en escena que los hacen salir casi en ropa interior actual. Yo he dicho que no a muchas cosas que no me parecían bien y afortunadamente me seguían llamando, pero en la actualidad es muy difícil para el cantante de ópera decir no, pues de lo contrario es descartado. Estoy en una guerra santa tendiente al respeto de las partituras. Hace poco en Madrid se añadió a un Così fan tutte la partitura de la Internacional. Y eso no puede ser. No hay derecho a cambiar una obra de arte, no se debe ofender, y en la ópera libreto y música están unidos. Es como si quisiera añadirle unos pincelazos de color a un cuadro de Velázquez porque pienso que está viejo, o cambiar un texto de Cervantes porque no es de esta época. Los problemas de los siglos pasados no se encuentran ahora y hay que respetar a los autores y sus épocas.
- Para finalizar, ¿cuales son sus recuerdos y qué espera de este viaje a Buenos Aires?- Para mí, volver a Buenos Aires es una gran fiesta, por eso espero con ansias que llegue junio. El Teatro Colón es el único teatro en donde canté todo mi repertorio y un poco más. Le tengo un gran cariño a Buenos Aires, a su gente, al público. Mis recuerdos son magníficos. Mi debut con Cenerentola en 1967, mi Barbero, mi Così, mi Italiana in Algeri, mis Bodas de Fígaro, el estreno argentino de La clemenza di Tito, mis recitales, que terminaban con 18 bises... El público es extraordinario y no puedo dejar de acordarme de esa pandilla de chicos, hoy hombretones, que me iban a buscar por las calles y que aún hoy son mis amigos. En Buenos Aires me siento en mi casa y espero encontrarla bien. Ahora estoy más argentina que nunca, pues en mi último viaje, en noviembre de 2005, me fui 15 días a la Patagonia y el lugar me pareció maravilloso. Me quise quedar allí por la soledad, el silencio y la naturaleza, pero, como tengo hijos, me tuve que volver. Nadie sabe lo que quiero a Buenos Aires, ha sido media vida mía. He cantado en la Scala, en el Metropolitan, en los mejores teatros del mundo, pero Buenos Aires tiene un encanto especial por el Colón y su público. Estoy muy feliz de volver y cuento los días que faltan para viajar.