Susan Graham
Año 10 - N° 44 - Julio - Agosto 2008



sábado, 19 de mayo de 2012
La soprano con presente y futuro  

Entrevista con Carla Filipcic Holm, desde Alemania.

La artista ya desarrolla una promisoria carrera en el exterior. El sábado 30 de agosto, en el ciclo Conciertos Pilar Golf, Carla Filipcic Holm se presentará con un repertorio de canciones de Schubert junto a la pianista Diana Schneider. Será una buena ocasión para apreciar su faceta de cantante de cámara, previamente a la Donna Anna de Don Giovanni que interpretará por primera vez en su carrera en el mes de noviembre, para la temporada que Buenos Aires Lírica lleva a cabo en el Teatro Avenida.

-¿Qué diferencias encontrás al hacer canción de cámara en lugar de ópera?
-Los conciertos me dan una felicidad muy grande. Siempre busco cantar aquellas cosas que me han generado mucha emoción, porque de esa manera siento una auténtica necesidad de compartirla con el público.
Elegir un repertorio y armar el programa me lleva mucho tiempo y trabajo, y prepararlo aún más. Primero porque la voz debe estar situada en un lugar mucho más cercano al habla que para el repertorio con orquesta. Además, una debe entenderse con el pianista al punto de lograr una unidad en el funcionamiento. Al trabajo con el acompañante lo disfruto muchísimo, es muy difícil explicar la intensidad del vínculo que se genera durante horas y horas de compartir tanta música.
Cada concierto es para mí un momento de amor, de gran intimidad entre el piano y la voz, y a su vez entre el espíritu de la obra y el del público. Todo esto genera espontáneamente un canto distinto al de la ópera, en la cual experimento cómo la música y el drama me envuelven con fuerza como si todo fuera inmenso. En cambio, el marco sonoro de un concierto de cámara es el silencio profundo y entonces siento que debo hablarle a la gente casi al oído, tratando de respetar ese clima lo más posible.

-Habiendo sido alumna de varios maestros de repertorio muy vinculados al Lied, ¿cómo es tu relación con la canción de Schubert?
-Si hay algo que mis maestros me enseñaron, es a tener un profundo respeto por la canción y la importancia de transmitir toda su intensidad, algo que aquí nada tiene que ver con el volumen del sonido, sino con aquello que la alimenta silenciosamente desde nuestro interior. El hecho de hablar alemán contribuye a la comprensión de las poesías, y así puedo captar la música propia de las palabras más allá de la partitura, en este caso los Lieder de Schubert.
Interpretativamente creo que mis posibilidades expresivas son buenas con este repertorio y tengo mucha expectativa con el programa que armamos para el concierto de Pilar Golf. La idea me surgió aquí en Alemania, donde estoy residiendo actualmente, inspirada por el idioma, los paisajes y la energía de este lugar. El hecho de elegir temas vinculados a la mujer se dio luego de escuchar y leer cantidades de discos y canciones. Sentí que ahí había algo interesante para decir en lo personal y Diana Schneider, la pianista, está también encantada con el repertorio.

-Sabemos que actualmente estás estudiando con el tenor Siegfried Jerusalem. ¿Cómo es esta experiencia, qué repertorio trabajan?
-La experiencia es extraordinaria, Jerusalem es maravilloso como maestro y como persona. Ya había venido especialmente para trabajar con él en forma particular en enero de 2007, y fue entonces que me propuso hacer un año de perfeccionamiento en un marco académico. El repertorio que hacemos es muy variado: oratorio, ópera y Lied, pero sobre todo estos dos últimos, por los que tanto amor tiene. Sería poco inteligente de mi parte desaprovechar la oportunidad de tener frente a mí a un especialista en repertorio alemán, si le cantara repertorio italiano o francés... Sin embargo preparamos también la Elettra de Idomeneo, que canté en una producción aquí en Nuremberg, así como también distintas arias de Mozart.

-Te hemos escuchado cantar con igual comodidad ópera italiana y alemana, clasicismo, romanticismo e inclusive barroco. ¿Qué crees que es lo que mejor te sienta y qué te atrae más?
-Todavía no puedo tomar la decisión de especializarme definitivamente en algo. A mí me ha dado muchísimo placer interpretar tanto Händel como Mozart, Weber, Boito o Britten. Todos los lenguajes tienen su encanto y su desafío. Personalmente no es el idioma lo que me hace sentir más cómoda en un determinado repertorio sino el tipo de sonido y carácter que requiera. Y como las sensaciones de uno en ese aspecto van cambiando también con los años, prefiero mantenerme siempre flexible con respecto a las obras que elijo estudiar. Ahora, por ejemplo, estoy en una etapa de redescubrimiento de la ópera italiana y puedo disfrutar cantar arias o roles que hace un tiempo me generaban inseguridad.

-El hecho de que ahora vivas en el exterior ¿sugiere el desarrollo de una carrera internacional?
-Pareciera que sí... Las cosas en la vida ocurren de manera muy misteriosa. En cuanto al desarrollo de una carrera internacional, hay cantantes a quienes el camino se les define desde muy jóvenes, pero mis tiempos siempre fueron más lentos. Me costó muchos años juntar coraje para presentarme en concursos internacionales y audiciones, así como para venir a estudiar a Alemania. Y ahora lo hice porque todo se conjugó para que así fuera, no me gusta forzar los caminos. Hasta el momento las circunstancias me resultan favorables, incluso a pesar de que he dedicado pocas energías a hacer audiciones porque las centré casi exclusivamente en el estudio, gracias a la beca María Marta Sanchez Elía de Núñez.
Por otra parte tengo la suerte de que por mi tipo vocal me espera un repertorio muy interesante para abordar, pero dentro de unos años. Por ahora tendré que lidiar con la ansiedad, esperar un poco y seguir preparándome.

-Y ese repertorio que a futuro te interesaría desarrollar, ¿cuál sería concretamente?
-Strauss, Wagner, Beethoven… En realidad ya he comenzado con estos compositores, pero no es lo mismo leer los roles y estudiarlos de a poco que cantarlos arriba del escenario. Es un repertorio al cual se llega sólo a través de la madurez y la experiencia. Por el tipo de línea vocal y la orquestación, hay que estar muy bien preparado y tener un gran manejo de la voz para afrontarlo.

-Con respecto a lo que ves en Europa y en Argentina, ¿qué diferencias notás en cuanto a las condiciones de trabajo para el cantante? ¿Hay cuestiones artísticas, más allá de lo práctico, que se favorecen por un mejor contexto?
-El marco laboral es muy variado, no se puede generalizar acerca de todo un continente… De todos modos las cortas distancias y la inmensa oferta de espectáculos hacen que puedas ver una ópera distinta todos los días, algunas de ellas con cantantes de primer nivel internacional. En ese sentido, el estímulo es inmenso y, lógicamente, una tiene a mano mucha más gente con una gran trayectoria de la cual aprender. Por ejemplo, la agencia oficial de Alemania seleccionó a diez cantantes de todo el país entre los cuales estuve, y organizaron un concierto especial para que nos escucharan directores artísticos de diferentes teatros; esas oportunidades tienden a existir acá nada más.
Aún así, más de una vez me vi extrañando cosas como la pasión y la entrega que se vive en los escenarios argentinos. El clima y el trabajo en los ensayos y la dedicación que ponemos en una producción de ópera, hacen que se dé una labor en equipo y que los vínculos entre los personajes estén mejor desarrollados. Aquí generalmente he percibido mucho más individualismo y menos trabajo de conjunto. En el resultado, eso se nota.