El 25 de septiembre tendrá lugar en Pilar Golf un singular concierto en el que los protagonistas no solo serán los intérpretes. Cinco réplicas de instrumentos de cuerda antiguos, construidos en Cremona por el luthier argentino Carlos Roberts a pedido del coleccionista Carlos Pedro Blaquier, desplegarán su sonoridad prodigiosa gracias al arte de ejecutantes del más alto nivel. Con la presencia de Pablo Saraví y Hernán Briático en violines, Verónica D’Amore en viola, Siro Bellisomi en violonchelo, Luis Tauriello en contrabajo y Eduardo Páez en piano y bajo el título “El legado de Cremona”, se ofrecerán obras de Brahms y Dvorák. Autor del libro
Liuteria italiana en la Argentina Pablo Saraví, uno de nuestros máximos violinistas y líder de la agrupación de cámara que interpretará el sexto concierto del ciclo 2008 de Pilar Golf, nos ilustra sobre la tradición cremonesa en la construcción de violines, los luthiers en la Argentina y su criterio para la elección de los modelos de las réplicas. También nos cuenta sobre el origen del encargo de estos instrumentos por parte de Carlos Pedro Blaquier.
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Por qué la tradición italiana, de Cremona en particular, es sinónimo de calidad en construcción de violines?Se acepta que el violín, tal cual lo conocemos hoy, nació en Italia a mediados del siglo XVI y se considera su creador al cremonés Andrea Amati (c.1505-1595). Este genial artesano fundó una dinastía que dio gran renombre a Cremona en materia de instrumentos de la familia del violín, fama que perdura aún en nuestros días. De esta tradición Antonio Stradivari (c.1644-1737), Francesco Ruggeri y Andrea Guarneri –entre otros– aprendieron su arte. Fueron discípulos de Niccolo Amati, célebre luthier y nieto de Andrea. A su vez, Andrea Guarneri tuvo una descendencia ilustre en el mundo de los constructores de violines, que culminó con su nieto Bartolomeo Giuseppe Guarneri, llamado “del Gesù” (1698-1744). Los instrumentos cremoneses encontraron su camino en diversas ciudades de Italia que a su vez iniciaron sus propias “escuelas”, como las de Venecia, Mantua, Boloña, Turín, Milán, Florencia, Roma y Nápoles. También aparecieron artesanos en otras ciudades de Europa como Londres, París, Füssen, Ámsterdam, Viena, Mittenwald, Nuremberg, Praga y muchas otras.
¿Actualmente existen en el mundo muchos luthiers? ¿Sigue Cremona produciendo buenos artesanos?Afortunadamente hay un gran número de luthiers en el mundo. La mayoría de ellos se encuentra trabajando en Europa y EE.UU., aunque hay muchos también en China, Japón, América Central y del Sur, entre otros sitios. De todos modos, en Inglaterra, Francia, Alemania e Italia encontramos gran cantidad de ellos debido a sus escuelas internacionales de luthería, como la que hay en Cremona desde mediados del siglo XX. Para ampliar la respuesta a tu pregunta, aclaro que sólo en esta ciudad hay cerca de doscientos luthiers federados, además de muchos amateurs. No todos los artesanos que trabajan allí son italianos: actualmente los hay de muchas partes del mundo, incluyendo la Argentina.
En tiempos de las corrientes inmigratorias producidas en nuestro país entre 1870 y 1930 hubo una gran afluencia de italianos, entre los que nos encontramos con que muchos de ellos fueron luthiers… ¿dejaron enseñanzas, además de instrumentos?En mi libro Liuteria italiana en la Argentina, cuento la historia de muchos de estos artesanos italianos llegados por aquellos años. Varios de ellos tenían un alto nivel cuando pisaron nuestra ciudad, como es el caso de Camillo Mandelli, Matteo Bruni y Alfredo Del Lungo, entre otros. Algunos tuvieron discípulos como Rovatti, Capalbo y Petraglia, aunque el que más docencia ejerció fue Alfredo Del Lungo, excelente artesano florentino que fundó la Escuela de Luthería de la Universidad Nacional del Tucumán, que aún subsiste.
¿Hay actualmente en nuestro país luthiers competentes?Claro que los hay, como el caso de Daniel Karinkanta, cuyos instrumentos son buscados por solistas de fama como Uto Ughi, Donald Weillerstein, Peter Oundjian o William Preucil, concertino de la Orquesta de Cleveland. Este último caso es emblemático, ya que Preucil es propietario, además de un famoso Stradivari, de cuatro violines de Karinkanta, todos excelentes. También están Leonardo Anderi, G. Macedo, L. Reynoso, Agustín Rosso, G. Bellido, L. Ginovart, Juan Espeche (especialista en arcos y restauraciones), Federico Sanz (luthier restaurador del Teatro Colón), R. Kraemer (especialista en arcos) y otros que no conozco personalmente. El luthier argentino más famoso posiblemente sea Horacio Piñeiro, de sólida reputación internacional como restaurador y como luthier. Él reside en los EE.UU.
Dado que Cremona sigue siendo una meca de luthiers que concurren a su escuela desde todas partes del mundo, ¿hay argentinos activos en esa ciudad?En Cremona específicamente hay dos de los mejores artesanos que ha dado nuestro país: Eduardo Gorr –alumno de Del Lungo, actualmente docente de la Escuela Internacional de Luthería de Cremona– y Carlos Roberts. Ambos fueron premiados varias veces en competencias internacionales y nacionales de Italia, y residen en Cremona desde hace más de veinte años.
¿Cuál fue el origen del encargo del quinteto de instrumentos por parte de Carlos Pedro Blaquier, y por qué se eligió a Carlos Roberts para realizarlo?Carlos Pedro Blaquier escuchó mi propio violín hecho por Carlos Roberts, en ocasión de un concierto que toqué en su magnífica residencia “La Torcaza” y quedó enamorado de su sonido. A raíz de esto me pidió consejo y asesoramiento para encargarle a Roberts un conjunto de instrumentos para su colección de arte, que serían usados por instrumentistas invitados a su residencia. Roberts es hoy en día uno de los luthiers más respetados no sólo de Cremona sino de Europa. Sus instrumentos se encuentran en manos de muchos solistas y músicos de afamadas orquestas.
¿Qué criterios tomaste al elegir los modelos de los instrumentos? ¿Tienen éstos alguna característica común, además de su autor?Una de las características sobresalientes de este conjunto es que fueron utilizadas maderas de la más alta calidad y gran estacionamiento provenientes de los mismos árboles, a fin de tener homogeneidad acústica. El delicado barniz empleado para protegerlos fue hecho según una antigua receta cremonesa, que incluye óleo de lino y resina de ámbar, entre algunos ingredientes “secretos”. Tienen un discreto “antiquizado” que imita los originales que sirvieron de modelo, y se buscó lograr el perfecto equilibrio sonoro en base a los modelos y características acústicas inherentes a ellos. Por ejemplo, para el primer violín elegí uno de los modelos de la “edad de oro” de la producción de Stradivarius, conocido como el “Médicis” de 1716. Tiene un timbre de soprano con colores asociados también al registro de mezzosoprano, con gran claridad en todos los registros. El segundo violín está basado en uno famoso de Giuseppe Guarneri, figlio d’Andrea (padre de Guarneri “del Gesù”), del año 1705. Tiene un sonido cálido y penetrante, con algo de contralto en los graves. Para la viola elegí uno de los modelos de viola de Stradivari, la “Mahler” de 1672, con un sonido tenoril y envolvente. Para el violonchelo tuve en cuenta el magnífico modelo de Domenico Montagnana de Venecia de 1739, llamado “Bella Durmiente”, con un sonido patriarcal y directo. Y en el caso del contrabajo, el modelo pertenece a Carlo Ferdinando Landolfi, de Milán, uno del los mejores autores italianos de la segunda mitad del S. XVIII, con sonido profundo pero bien focalizado.
Hay una vieja discusión entre los instrumentistas, que se refiere a la supuesta superioridad de los instrumentos antiguos sobre los contemporáneos. ¿Qué hay de cierto en torno a este tema?
En realidad es casi imposible que el público que va a una sala de conciertos distinga fehacientemente un instrumento antiguo de uno moderno, si ambos son de buena calidad. Pero sí es posible para el instrumentista “sentir” bajo los dedos que el instrumento antiguo es –en general– mucho más sensible al contacto con el arco (hablo de mínimas fracciones de segundo) que uno moderno. Sin embargo se han hecho gran cantidad de tests “a ciegas”, con jurados como Isaac Stern o Pinchas Zukerman, y hay hasta ahora un “empate” entre antiguos y modernos, con una tendencia leve favorable a los modernos. No olvidemos que Antonio Stradivari era famoso en su tiempo y que sus instrumentos eran nuevos. Es muy entendible que un instrumento antiguo (de cierta calidad, pues también los hay mediocres o malos) que pasó por muchas manos a través de siglos, inspire además a quien lo toque. Con todo, un óptimo instrumento moderno está en condiciones de competir con grandes nombres del pasado, siempre dependiendo de quien lo ejecute. Artistas de renombre como Fritz Kreisler o Ruggiero Ricci frecuentemente tocaban con instrumentos modernos, sin anunciarlo y “engañando” a quienes se deshacían en elogios ante el supuesto Stradivarius o Guarnerius. La discusión da para varias páginas…
LA OPINIÓN DE UN MECENAS DEL ARTE “Un instrumento musical que nos brinda sonidos maravillosos es una obra de arte, tan obra de arte como una pintura o una escultura de gran calidad.
Por eso, para un coleccionista como yo tiene un gran significado adquirir instrumentos musicales de primer nivel.”
Carlos Pedro BlaquierConciertos Pilar GolfSábado 27 de septiembre de 2008
*EL LEGADO DE CREMONA
Pablo Saraví y Hernán Briático
, violines; Verónica D’Amore
, viola; Siro Bellisomi
, violonchelo; Eduardo Páez
, piano; Luis Tauriello*, contrabajo.
Programa: Quinteto para piano y cuerdas en Fa menor, Op. 57 de Johannes Brahms y Quinteto para dos violines, viola, violonchelo y contrabajo en Sol mayor, Op.77 de Antonin Dvorák. Conciertos Pilar Golf agradece a Carlos Pedro Blaquier el generoso préstamo de los instrumentos de cuerda de su colección para este concierto.