Don Giovanni
Año 10 - N° 46 - Noviembre - Diciembre 2008



sábado, 19 de mayo de 2012
“Con Don Giovanni se está siempre al filo de la navaja”

Entrevistamos a Rita De Letteriis durante la preparación del título mozartiano, última producción del aóo de BAL

La directora de escena italiana regresó a Buenos Aires para hacerse cargo de la régie de esta gran ópera de Mozart para Buenos Aires Lírica. Sus reflexiones sobre el mito y su ligazón esencial con las ideas del amor y la muerte.

Después de haber trabajado en L´incoronazione di Poppea para Buenos Aires Lírica –en una de las experiencias operísticas más sensibles y ricas que tuvo nuestra ciudad en la última década- Rita de Letteriis –de quien también se conoció aquí en gira su puesta de David y Jonathas, para Festivales Musicales- volvió a la Argentina para asumir la régie de Don Giovanni.
Tras dos experiencias locales ligadas a la corriente historicista, De Letteriis enfrenta aquí una lectura musical con instrumentos modernos, a cargo del maestro Carlos Vieu, con quien dice sentir la “misma energía”. En cuanto a su trabajo con los cantantes, Rita aclara que “la perspectiva de Mozart no es la del Ochocientos o el Novecientos; el enfoque del recitativo y de la palabra es más bien de tipo barroco. La palabra lleva el sentimiento, está en primer término. Los recitativos son largos, no podemos cantarlos ni como en 1830 ni como en 1950, cuando toda la riqueza de la práctica barroca no era conocida. Sé que no es fácil pensar en la palabra antes que en el canto, pero es imprescindible.”
Sin embargo, para la artista italiana, que habla la lengua del Dante con tanta claridad y belleza como expresa sus ideas, toda interpretación de Don Giovanni merece ir directo a su esencia, en la que confrontan los dos grandes temas del hombre: el amor y la muerte. Para eso, le proponemos antes referirse a la figura del padre, la misma que, para la psicología, lleva al hombre a ese mundo donde eros y thanatos libran su lucha cotidiana.
“Seguramente la figura paterna es central en la psicología de todo ser humano –asiente Rita. En Don Giovanni tenemos un padre -el Comendador- que muere súbitamente al comienzo y que vuelve para cerrar la ópera. El padre es el muerto inicial y el muerto que retorna; de allí que la idea del padre tiene sentido en relación a la idea de la muerte, que también encarna el personaje de Donna Anna desde el comienzo hasta al final, lo que le da una dimensión tan grande como la de Don Giovanni. Pero Donna Ana no es una figura central respecto de todos los restantes personajes, como Zerlina, Masetto o Elvira. Es la figura del Comendador la que interviene en la relación entre Anna y Ottavio y entre Anna y Don Giovanni.”
- También está el dato biográfico del propio Mozart, para quien la pérdida del padre aparece asociada a la creación de Don Giovanni.
- Claramente, Mozart perdió su propio padre el mismo año del estreno de Don Giovanni, por lo que se trata de un momento en que el compositor está buscando una respuesta al significado de la vida cuando la perspectiva es la del enigma de la muerte. Hay otra ópera en la que, desde mi punto de vista, se da una exploración emotiva -no intelectual- similar a la de Don Giovanni, que es Idomeneo, que Mozart compone tras la muerte de su madre. De este modo, dos partituras distantes, tanto en la escritura como en la historia, encierran la idea de la muerte como enigma irresuelto. Don Giovanni es una ópera con un signo de interrogación. En Europa se dice que es la ópera en la que todos los directores de escena fallan.
- ¿Usted la ha hecho previamente?
- Hice Don Giovanni hace cuatro o cinco años en una versión muy simple. Fue en París, en la Cité de la Musique. Me resulta una ópera difícil por lo enigmático y porque son plausibles muchas lecturas. Lo importante es la coherencia del inicio al final.

Finales y comienzos
- ¿Piensa que el final –de tono moralizante- es polémico?
- Según mi óptica, el Don Giovanni de Mozart no es el Don Juan de Tirso de Molina. Es una historia con un pasado literario muy rico, pero aquí es necesario situar la ópera en el momento en que ha sido escrita, a fines del Setecientos, cuando la sociedad estaba en desagregación, en plena crisis. No era el momento de Tirso, cuando un pecador podía y debía ser castigado para que el orden fuera reestablecido. La escena final de la ópera existe, pero no necesariamente en función de la moral católica. El libreto dice “repetimos alegremente la antiquísima canción”; no es el deber, la ley, la religión, sino simplemente un “así se dice”, la interrogación de todo un siglo que logra poner en discusión este tema.
- No cree entonces que deba terminar con la escena del Comendador…
- No, ése es un punto de vista que me parece romántico. En el siglo XVIII el 95 % de las óperas tenían el buen gusto, hasta la cortesía de terminar con una escena ligera. Una visión romántica buscaría destacar el sufrimiento, no un happy end.
- Podría decirse que intenta reestablecer un equilibrio, porque Don Giovanni nunca se arrepiente.
- No, porque para arrepentirse hay que tener sentimientos religiosos. La única que los profesa en la ópera es Elvira. Don Giovanni es un personaje materialista, incluso cínico respecto al orden establecido. No puede arrepentirse porque le falta la base. En realidad, todos son pecadores. Giovanni entra en escena y revela en cada uno una sociedad conflictiva; entra a la habitación de Donna Anna y ya deja una duda flotando; Zerlina se deja seducir; Elvira que es vocacionalmente una monja, lo esposa. Cada uno falla al propio empeño. Entonces, todos son pecadores, hasta Leporello es un mercenario.
- Usted se refirió recién a la escena inicial, que es terrible –una vejación seguida de un asesinato- algo que podría transmitirse crudamente como un episodio de la actual violencia urbana.
- Sí, pero yo prefiero no dar una lectura de noticiero, porque justamente cada día, en los más diversos lugares del mundo, basta encender la televisión para que la violación y el homicidio estén en el orden del día, banalizados por la repetición. La relación de Don Giovanni con las mujeres y con la muerte son dos cosas distintas. Creo que la muerte del Comendador es un incidente; Don Giovanni no es un criminal; es un amante en serie, pero no un asesino en serie. Tiene muchas amantes a cuestas, pero no carga muertes a sus espaldas. La lectura que yo propongo de ese episodio es la de una especie de momento de iniciación; a un hombre que no cree, que vive en el gozo de lo material, el vino, la comida, el sexo, le toca enfrentar la muerte, y es en ese momento cuando se desestabiliza completamente.
- Suponemos que cambia, porque en realidad no conocemos exactamente cómo era antes de esa escena.
- Yo diría que gira el ángulo, busca explorar y olvidar. En la puesta tenemos que ligar la primera muerte con la última: la del Comendador y la de Don Giovanni. La ópera no se abre y cierra con una seducción, sino con una muerte. Para eso incluimos el personaje, un bailarín, que es la muerte, una suerte de recordatorio. El vacío de la muerte es justamente el mismo vacío que deja Don Giovanni cada vez que deja a una mujer. Es un hombre que está más interesado en abandonar que en conquistar.

Personaje misterioso
- Hay una visión que ve al Don Giovanni como un homosexual o un impotente, es la de Antonio Machado y su Juan de Mairena, o la de Gregorio Marañón; otros, en cambio, como lo planteó alguna vez Marcelo Lombardero con puesta de Suárez Marzal, lo ven como un psicótico.
- En Tirso hay una frase que dice algo así como “Mi nombre no lo sabrás.” En el libreto de Da Ponte Don Giovanni dice “Quién soy yo, no lo sabrás”. Es una frase tomada de Tirso, con la cual el personaje permanece enigmático, porque no sabemos quién es ni cómo es exactamente.
- ¿Esto también vale en cuanto a su propio género?
- También. En relación a todo. Puede ser un homosexual pero también un heterosexual. Yo lo querría un hombre inteligente, de una inteligencia extrema que se enfrenta con la incapacidad de comprender el sentido de la vida, una inteligencia que lo vuelve irónico, cínico y autodestructivo
- Entonces no hay esperanza, porque la vida tiene un sentido precisamente por la muerte.
- Don Giovanni ha elegido el camino de lo material, sin religión, pero también sin arte, el camino del consumismo, la evasión, la falta de compromiso, del no aceptar la dimensión humana. Don Giovanni es un héroe irónico antiguo. A propósito, la primera vez que tenemos una estatua que mata a un personaje, al menos que yo conozca, la encontramos en Aristóteles, cuando en su Poética, describe la ironía trágica, y la ejemplifica con un hombre que se encuentra en un cementerio y muere porque se le cae encima una estatua. Es un tema antiguo, una manera de reírse de la muerte. No sé si puede uno reírse de la muerte; el Comendador le dice al disoluto: “Terminarás de reír antes de la aurora”. La risa es una fuga de la lógica y de los afectos.
- Hay muchos momentos para reír en Don Giovanni.
- Sí, pero no es una ópera bufa. He buscado pulir el hábito de la caricatura, porque de esto modo se exagera cada vez más, y la música de Mozart propone una risa metafísica, no una risa de gag; ni la risa nerviosa del genio no contenido, como la del Mozart de Amadeus, aunque haya situaciones cómicas como la del aria del catálogo o cuando Giovanni habla a Elvira.
- Teatralmente, usted no pone el énfasis allí.
- No. Imaginé un escenario abstracto para una historia que atraviesa los siglos, que encontramos en Aristóteles y en Bertolt Brecht, y la abstracción del espacio evita darle un nivel anecdótico. Los trajes son del Setecientos, porque es el momento en que se escribió la ópera, pero no remedan las marionetas de este siglo, sino más bien los sentimientos universales, simples y básicos, que marcan la relación entre un hombre y una mujer, como Ottavio y Anna; Masetto y Zerlina.
- Su visión es que Don Giovanni, salvo el caso de Idomeneo, es distinta de todas las demás óperas de Mozart.
- Cada ópera de Mozart es diferente. Se habla de la “trilogía” de Da Ponte, pero ésa es una expresión cómoda. Cosí no tiene nada que ver con Don Giovanni ni con Las bodas de Fígaro, simplemente son tres óperas escritas con el mismo equipo, pero totalmente diferentes. Es como comparar La flauta mágica con La clemencia de Tito porque son de la misma época. A partir de Mitridate, cada ópera de Mozart tiene su propia identidad, fortísima, la única cosa que las une es el genio crónico del autor.
- ¿Piensa que hoy por hoy es la ópera favorita de Mozart?
- No, quizás es la más conocida. Cada uno va a verla con su propia historia en la cabeza, y se encuentra con la historia que escribió otro. Entonces, o uno sigue la tradición y se aburre; o va a lo moderno y la mitad del público no está de acuerdo porque no refleja la sensación o el preconcepto que tiene de Don Giovanni. Quien piensa que Don Giovanni es igual a Casanova, ya tiene un problema, porque Don Giovanni es un personaje en crisis, cautivo. Por otro lado, tampoco se sostiene la idea de un Don Giovanni demonio. Pero cada ser humano está hecho de aspectos contradictorios. Un asesino puede reír sinceramente, éste es el horror. Cada uno de nosotros encierra diferentes aspectos. Don Giovanni porta la máscara de la tradición, pero es necesario humanizarlo sin volverlo banal o común. Se está siempre al filo de la navaja, al filo de de la verdad de los sentimientos y de las situaciones irreales. Es interesante hacer Don Giovanni en noviembre, el mes de todos los muertos para los países de cultura europea. En Estados Unidos hubiéramos pensado en Halloween.