Il ritorno d´Ulisse in patria
Año 11 - N° 49 - Julio - Agosto 2009



sábado, 19 de mayo de 2012
Espontaneidad e instinto

Entrevista al violinista y director Leónidas Kavakos.

Una entrevista al violinista y director griego, con motivo de su segunda visita a la Argentina.

Su nombre se dio a conocer internacionalmente con los premios de los concursos Sibelius y Paganini. A partir de allí, se estableció en Europa entre los artistas más notables y hoy es uno de los grandes talentos de la actualidad, un músico que trasciende el puro virtuosismo de su arte con una intuición e intensidad que lo distinguen. Acerca de su segunda visita al país, esta vez con la célebre Camerata Salzburg, de la mano del Mozarteum Argentino, el brillante violinista y director griego Leónidas Kavakos dialogó telefónicamente con Cantabile desde Atenas.

Viniendo de una familia de músicos folk ¿cómo fue la evolución para llegar a la música clásica?
Mi abuelo tocaba el violín y el laúd y tenía su propia banda. El folk (distinto de la música popular que es una expresión más reciente, con elementos electrónicos que nada tienen que ver con el sonido puro y acústico del folk), tiene raíces profundas, con siglos de tradición. Mi padre comenzó en la banda de mi abuelo, luego estudió violín clásico y se convirtió en un músico de orquesta y cuarteto de cuerdas. En realidad nunca toqué más que música clásica, pero crecí impregnado de ese sonido, de una atmósfera que dejó una fuerte impronta en mí. Aprendí a tocar el violín con la técnica y las maneras académicas, pero muchos elementos de la mentalidad folk marcaron mi modo de hacer música.

¿Cuáles son los trazos reconocibles en su estilo?
En la música folk el instinto juega un rol esencial. Todo se aprende de oído, no se leen partituras y el conocimiento se transmite desde la sensibilidad. Luego, la espontaneidad es un elemento decisivo y también la improvisación, que implica un desafío constante. Estos factores están presentes en mi performance.

¿Esta predisposición marca una diferencia, algo que le otorga mayor soltura y libertad?
La espontaneidad y el instinto me sirven como una guía maravillosa para interpretar la música, buscando en cada composición aquellos elementos que dan la idea de algo improvisado. Entre esos elementos, el principal es el ritmo de la propia melodía. En mi opinión, muchas veces, en la música clásica los elementos rítmicos y melódicos van por caminos desconectados. Hay situaciones en las que la melodía es el objetivo final del discurso. Pero una melodía no fluye si no es a través del ritmo, porque en el ritmo no está solo el pulso, sino también la estructura de la melodía, de la armonía y de las proporciones. Ese particular sentido del ritmo, sólo lo capta el instinto, por eso se aprende tan bien en la música folk. En cambio, cuando aprendemos el concepto de ritmo en las escuelas de música, usamos el metrónomo como medida, algo verdaderamente horrible que destruye la naturalidad del movimiento.

¿Por qué se ha perdido el ejercicio de una habilidad tan intrínseca a la música?
Todos los grandes genios del pasado eran grandes improvisadores: Bach, Mozart, Beethoven... Cualquiera de ellos. Con el tiempo hemos ido perdiendo varios ingredientes importantes como el sentido de la pureza y las dimensiones del sonido, y finalmente el sentido humano que es el elemento vivo en la música. En la escuela recibimos información acerca del compositor y su época, pero no aprendemos nada de la capacidad de llegar al núcleo de la música.

¿Siente diferencias culturales en el encuentro con Europa occidental?
Mi background musical forma parte de mi background general, de las imágenes y la herencia cultural de mi país. Esto implica una cierta manera de abordar el arte y de entender la vida. A diferencia de otros países, aquí en Grecia la música folk no está tan alejada de la gente. Por el contrario, es parte fundamental de nuestra humanidad. Los elementos humanos, finalmente, son los mismos que están presentes en la música clásica.

Es extraordinario el mito detrás de cada Stradivarius y otros legendarios instrumentos. ¿Qué tienen de especial su Stradivarius Falmouth (1692) y su Guadagnini (1782)?
Mi violín es mi voz. La relación con un instrumento, especialmente las cuerdas, es como una relación humana, y la calidad de un gran instrumento es algo que permite no sólo producir un bello sonido sino también transmitir ideas. El violín es además un instrumento milagroso. Si se piensa en el tiempo en que fue construido, mucho antes de la mayoría de los conciertos que interpreto (¡mi Stradivarius mucho antes de Mozart y mi Guadagnini de cuando todavía vivía Mozart!), en un momento en el que no existían las enormes salas de concierto de la actualidad, ni existían semejantes orquestas, ni se escribían los conciertos con el caudal de sonido con que se escribieron después... Es extraordinario. Siguen siendo los mismos instrumentos, capaces de producir un sonido audible en un teatro actual, soportar el volumen de una orquesta y abordar las demandas de un concierto contemporáneo. Los luthiers italianos fueron verdaderos profetas. Yo entiendo esta perfección como la arquitectura de la Grecia Clásica, como formas que representaron la perfección de su época y llegaron hasta nuestros días como un legado de perfección, como las bases ideales de toda estética perdurable a través del tiempo.

¿Cuál es el distintivo de este Stradivarius Falmouth?
Cuando uno toca un violín de esta calidad, el propio instrumento adquiere las características del intérprete. Toco este Stradivarius desde hace 15 años y considero que tiene mucho de mi voz personal: un sonido pleno, fuerte y oscuro, lírico y dramático a la vez.

Los dos conciertos que ofrecerá con la Camerata Salzburg tendrán un programa muy homogéneo, puramente “Wiener Klassik”. ¿Dónde surgen los contrastes más sutiles entre Mozart y Haydn?
Cuando salimos de gira ofrecemos lo más representantivo de nuestro organismo, lo que quieren escuchar de nosotros: Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert. Haydn y Mozart son el alfabeto de la música y esta orquesta los interpreta como ninguna otra. ¿Los contrastes, las diferencias? Es difícil de explicar, pero diría que con Haydn siempre tenemos la sensación, al igual que con Beethoven, de estar en una dimensión humana. En ambos experimentamos el sentimiento de llegar, de “acceder” a algo que nunca antes habíamos sentido. Con Mozart, en cambio, las cosas están simplemente allí, no es necesario buscarlas porque están dadas. La misma diferencia entre Mahler y Bruckner: en Mahler tenemos la agonía humana alcanzando una dimensión divina, pero siempre a través de lo humano. En Bruckner establecemos un diálogo con lo divino. Mozart, en cambio, es lo divino en sí mismo.

Camerata Salzburg Director y solista: Leónidas Kavakos
Mozarteum Argentino
www.mozarteumargentino.org.
Teatro Coliseo

Martes 1° de septiembre a las 20.30
Haydn: Sinfonía Hob. I: 86
Mozart: Concierto para violín y orquesta nº 4 KV 218
Mozart: “Linzer Symphonie”

Miercóles 2 de septiembre a las 20.30
Haydn: Sinfonía Hob. I: 87
Mozart: Concierto para violín y orquesta nº 5 KV 219
Mozart: Sinfonía “Jupiter”